Un viaje a los orígenes de Ana Ivanovic

Descubre cómo fueron sus accidentados inicios en el tenis entre bombardeos, su evolución y su complicada gestión del éxito tras ganar Roland Garros con 20 años.

Ganadora de Roland Garros en 2008, ex número 1 del mundo, una indiscutible belleza que ha acaparado la atención de los medios independientemente de sus resultados… A grandes rasgos, lo más conocido de la serbia Ana Ivanovic. ¿Pero qué hay de sus inicios? ¿Y de todo lo que ha tenido que soportar, tanto en su infancia como tras alcanzar la gloria y su posterior fama? Una entrevista del medio canadiense Sportsnet nos descubre esa otra cara de la genial tenista de Belgrado.

¿Cómo fueron sus inicios? ¿Por qué empezó Ana Ivanovic a jugar al tenis? Así lo cuenta: “Veía tenis por la televisión y entre los juegos salían anuncios de una escuela de tenis. Anoté el número, se lo di a mi madre y le dije, “esto es lo que quiero hacer”. Ella pensaba que era una broma, pero yo era muy cabezona y seguí insistiendo. Por mi quinto cumpleaños recibí una pequeña raqueta. Así es como empecé”.

¿Pero qué partidos veía la pequeña Ana en la televisión? ¿Quién fue su inspiración para tener esa obsesión por jugar al tenis? La respuesta es su compatriota Monica Seles. “Me encantaba su manera de estar en la pista. Mantenía siempre un estilo agresivo de juego y eso me llamó realmente la atención. Parecía muy divertido. Copié de ella el ser agresiva. Aunque para nada sus gritos y sus derechas a dos manos” recuerda Ivanovic ente risas.

¿Cómo salió adelante y progresó tenísticamente una chica que tuvo que vivir dos guerras y bombardeos continuos? “Fue muy complicado para nosotros entrenar y viajar, los 90 fueron los peores años para mi país. Además el tenis no era un deporte muy seguido en mi casa. Mi amor por este deporte llevó a que mis padres me apoyaran totalmente y aparte tuve suerte que encontrar patrocinadores a una edad muy temprana. Todos los entrenadores decían que tenía mucho potencial y talento” dice Ana echando la vista atrás en el tiempo.

En una situación bélica como la que tuvo que vivir en Belgrado, ¿cuál era su rutina para entrenar y en qué condiciones lo hacía? “Entrenábamos entre las 7 y las 9 de la mañana para después volver a casa y permanecer allí casi todo el resto del día. Las bombas caían desde la noche hasta las 6 de la mañana. Teníamos sirenas que nos avisaban de los ataques. Cuando no había bombardeos jugábamos torneos. Existía esta regla: Si la sirena sonaba, los partidos empezados se terminarían no arrancando uno nuevo. Recordándolo ahora, era estúpido forzar esto, sobre todo porque éramos niños.”

Entrenaba en una piscina en invierno. Nos faltaban pistas cubiertas por lo que se decidió vaciar una piscina cubierta olímpica y poner moqueta en el fondo creando dos pistas de tenis individuales. Estaban apenas a 10-20 centímetros de la pared. Cuando jugábamos puntos, poníamos como regla no tirar golpes cruzados porque si no la bola daría en la pared y se acabaría el punto” cuenta Ana. Una anécdota sorprendente para alguien que acabó convirtiéndose a pesar de todo ello en tenista profesional.

Damos el salto a su etapa profesional, donde consigue tocar el techo ganando Roland Garros en 2008 con 20 añitos y llegando al número 1 de la WTA. “Fue una experiencia fantástica. Algo que nunca olvidaré. Lo valoré muchísimo, pero creo que no fui consciente en ese momento de lo grande que fue aquello. Cuando eres joven, ves muchas cosas como normales. Mientras que al hacerte más mayor, valoras todo más a causa de todas las experiencias que has vivido y lo que has trabajado por ellas” comenta con sinceridad la balcánica.

Sobre lo efímero del éxito cuenta: “Fue difícil no entrar en pánico. Quería tanto volver a estar en la cima… Me entraron muchas prisas y no me percaté de que era realmente un proceso. Cambié muchos aspectos cuando debería haber tenido más fe en lo que me había llevado a la cumbre en su momento. Después pasa que cuanto más tardas en jugar a tu mejor nivel, más confianza pierdes. La única forma de encontrar mi mejor versión era estar más relajada y no presionarme tanto. Logré dejar de pensar en los rankings” sentencia.

Y comenta al respecto de sus azarosas idas y venidas: “Cuando ves a los jugadores ganar a menudo, das por asegurado todo el duro trabajo que llevan implícitos esos logros. Es normal que un atleta tenga altos y bajos en su carrera y es muy difícil mantenerse arriba del todo durante mucho tiempo. Ocurren muchas cosas: Lesiones, pérdida de confianza, cambios en tu equipo. Es muy extraño que un tenista se mantenga en el top 10 durante toda su carrera tras llegar ahí por primera vez. No se me ocurre nadie que lo haya hecho desde que yo estoy en el circuito. Incluso Serena estuvo abajo en el ranking hace algunos años”.

Comentarios recientes