En Memphis nació una nueva estrella: Taylor Fritz

Estados Unidos parece haber encontrado al fin un tenista con el que ilusionarse de verdad para el futuro, después de tantas y tantas promesas frustradas.

La ciudad de Memphis, en el estado de Tennessee, era hasta ahora mundialmente famosa por ser la cuna y lugar de nacimiento de la gran estrella del rock&roll Elvis Presley. A partir de hoy puede decirse que ha dado a luz a una nueva estrella, una que no se expresa con una guitarra sino con una raqueta, Taylor Fritz. La sorprendente semana que ha firmado en las pistas cubiertas del Raquet Club de Memphis donde solo Kei Nishikori pudo con él en la final le han catapultado a la fama sin viaje de vuelta. Es el americano más joven desde Michael Chang en 1989 en plantarse en una final ATP. ¿Por fin una estrella con luz propia en el firmamento yankee?

Muchos podrían decir ahora que lo de Fritz se veía venir. No obstante, el californiano terminó 2015 como el número 1 del mundo en categoría júnior. En un año natural, había dado el descomunal salto que supone pasar del puesto 937 del mundo al 145 antes de su participación en Memphis. Otros dirían: “¿Y qué?”. Esta escéptica postura no era tan descabellada. Tremendos y precoces talentos se habían dado de bruces, de jóvenes estrellas a estrellados. Donald Young sigue liderando esa deshonrosa lista con tres títulos de Grand Slam júnior que luego no fueron acompañados como se esperaba en su etapa profesional.

Hace poco Fritz daba que hablar por su mal comportamiento. Pero el transitar de Fritz por Memphis saca de su escepticismo a cualquiera. Un devastador servicio (52 saques directos en 5 partidos), un guante en el revés que le corre espectacularmente, la derecha menos precisa pero igualmente explosiva y ante todo un carácter ganador, la prueba del algodón para detectar futuras estrellas. Con 18 añitos es el primer americano teenager en llegar a una final ATP tras Roddick en Montreal 2002 y su primera final siendo únicamente su tercera participación ATP. Otras razones de peso para creer en él.

El de Rancho Santa Fe hablaba tras la final para ESPN. “Simplemente buscaba ganar un partido, conseguir mi primera victoria. Después de obtenerla, me sentí sin presión y pude jugar con mayor libertad hasta la final”. Admite que no siente la presión de ser él quien acabe con la sequía de Slams de su país. Y también lo que debe mejorar en el futuro. “Lo primero es trabajar muy duro en el gimnasio y mejorar mi movilidad. Esto me ayudará en mi juego de transición y llegar a la red. También quiero mejorar el saque, hasta el punto de que mantenga mi servicio siempre”. Ambición es lo que se desprende de las palabras de un chico que admiraba a Pete Sampras y cuya madre Kathy May Fritz, llegó a ser número 8 del mundo en el ranking WTA a finales de los 70.

Un país con tanto peso y presencia en el mundo como Estados Unidos necesitaba esto. Y con tanta tradición y estructura dentro del planeta tenis. Un país con un Grand Slam, tres Masters 1000 y otros siete torneos más de categoría ATP así como infinidad de Challengers y Futures. La sequía de grandes campeones estadounidenses empezaba a ser preocupante. Parece que siempre después de una gran época, de abundancia y gloria, viene otra de austeridad y depresión. No deja de ser similar a los ciclos económicos.

Los 90 vivieron posiblemente la década más prolija en cuantos a éxitos del tenis estadounidense con el Dream Team formado por Sampras, Agassi, Courier y Chang. Todos ganadores de Grand Slams. Tras ello, el período de depresión sobrevino lenta pero inexorablemente con los Roddick, Fish, Blake, Ginepri y compañía. En la época actual la situación era ya alarmante. Todo el mundo preguntándose dónde estaba el tenis americano, hacia dónde caminaba, si volverían a ver jugadores de la talla de los antes mencionados. Bueno, pues aquí tienen los brotes verdes. Un tenista que bien puede darles nuevos días de gloria. Próxima parada: Delray Beach, Florida.

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