Pablo Cuevas, un terrícola que impone miedo

El uruguayo busca un hueco entre los mejores del mundo sobre tierra batida y tiene grandes esperanzas puestas en los próximos meses. ¿Cuál es su techo?

Pablo Cuevas (Concordia, Argentina; 1986) tendrá esta noche el primer gran examen del año sobre polvo de ladrillo y ante David Ferrer en busca de un billete en semifinales del ATP 250 de Buenos Aires. El uruguayo de pasaporte, afincado en la capital argentina y nacido en la provincia de Entre Ríos, busca un lugar en los cuartos de final del Argentina Open y poder empezar a carburar en la presente temporada. Hasta ahora, 2 victorias y 2 derrotas en el primer mes de competición que ya está empezando a revertir esta misma semana en el torneo bonaerense.

Cuevas, que por segundo año consecutivo está entre los ocho últimos del torneo, quiere consolidarse con los mejores. Desde el equipo de trabajo plantearon objetivos suculentos y solo miran para arriba. Y bien alto. “El objetivo desde el año pasado es seguir evolucionando, continuar creciendo como jugador y obviamente uno entrena para estos partidos”, explica Alberto Mancini en la web del torneo, entrenador del tenista, en relación al partido ante David Ferrer de esta noche. El objetivo es jugar “de igual a igual a ese nivel”, añade sobre estos encuentros que sirven de “termómetro” para asimilar el trabajo en los entrenamientos.

“Es una buena medida, es el seis del mundo, un tipo muy sólido. Es un partido que tiene que salir a jugar sin demasiada presión. Le tengo fe, Pablo tiene una muy buena velocidad de pelota. Tendrá que ser paciente porque Ferrer es muy regular, así que va tener que estar enfocado”, comenta su coach.

Ferrer tiene motivos para estar alerta. Cuevas, a sus 30 años de edad, lleva unas temporadas desplegando el mejor tenis de su carrera y siendo una amenaza real sobre polvo de ladrillo para todos los jugadores del planeta. El año pasado se quedó con el ATP 250 de Sao Paulo, tuvo contra las cuerdas a Rafael Nadal en Rio de Janeiro y estuvo cerca de dar el batacazo ante Roger Federer en la final del ATP 250 de Estambul.

Cuevas compite como un guerrero sobre la arcilla. Mamó desde pequeño el juego en la superficie lenta y es un auténtico especialista en este tipo de canchas. Prueba de ello es que sus tres títulos profesionales llegaron todos sobre el polvo rojizo (Bastad, Umag y Sao Paulo). Parte de este carácter competitivo, aguerrido y luchador lo sacó gracias a un calvario vivido por las molestias físicas.

Una rebelde lesión en la rodilla le hizo permanecer dos años alejado del circuito. Entre operaciones, recaídas y recuperaciones, estuvo 24 meses fuera de las pistas de tenis. “En ese tiempo me pasaba de todo por la cabeza, inclusive que no pudiera jugar más, no por mis ganas sino porque probaba y me dolía. Me ponía a pensar qué iba a hacer, qué me iba a llenar, pero en ese momento todavía era difícil. No me podía convencer de que no iba a jugar más”, confiesa.

Hoy, absolutamente recuperado, es el 35º mejor jugador del mundo, pero uno de los deportivas más peligrosos sobre la superficie que le vio nacer. Está mentalizado en dar un salto cualitativo más y toda evolución pasa por batallas como la de esta noche en el Buenos Aires Lawn Tennis Club.

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