El día que Hitler bombardeó Wimbledon

La Catedral del tenis también sufrió los estragos de las bombas alemanas durante la II Guerra Mundial, cuando Adolf Hitler tenía Europa prácticamente en su mano.

11 de octubre de 1940. Un caza bombardero alemán sobrevuela cielo inglés y deja caer cinco inmensas bombas sobre el All England Lawn Tennis Club destrozando parte del estadio. Más de 1.200 butacas fueron destrozadas, así como otros daños materiales en su cubierta. Las inmediaciones de la Catedral del tenis se encontraban vacías de seguidores del deporte. En su lugar, un rastro de muerte. Ése que sólo es capaz de dejar una guerra.

Meses antes, Hitler continuaba con éxito su avance y logró conquistar París, la capital francesa. El 22 de junio de 1940, Francia firmó su rendición ante las tropas alemanas y entregó el norte del país a los nazis. Hitler no dudó en pasearse durante unas horas por los rincones más bellos de París y tomarse unas fotos delante de la torre Eiffel, que quedó marcada con una pancarta en la que podía leerse: "Alemania sale victoriosa en todos los frentes". Gran Bretaña, su próximo objetivo, temblaba de terror.

Adolf tenía Europa prácticamente en su mano. Conquistar a los británicos le haría dominar completamente el continente pero sabía que no podía cruzar el canal de la Mancha por el agua ya que la Royal Navy tenía demasiado poder. Su única vía era atacar a través del aire con su gran fuerza aérea, la Luftwaffe, con la que Alemania había conseguido mostrarse inexpugnable. Es así como Hitler ordena atacar Londres a través de una serie de ofensivas aéreas.

Por aquél entonces, el aristocrático barrio del All England Club hacía meses que no escuchaba el característico y maravilloso eco de la pelota resonar sobre las paredes del nuevo estadio inaugurado en 1922, donde se mudó tras la I Guerra Mundial. A causa de la guerra, ese año no pudo disputarse la edición del torneo que debió haberse celebrado en julio y el recinto sirvió como asentamiento militar para los británicos y como unidad de producción de alimentos ya que las vacas podían pastar en los prados de Church Road. Incluso tuvieron que cambiar sus tradicionales colores verde y violeta por el verde militar mientras seguían recibiendo soldados heridos en unas instalaciones que también servían para los entrenos de la Guardia Nacional.

Es entonces cuando ese 11 de octubre pasaría a la historia de este histórico estadio. Cinco bombas caen en las inmediaciones de la central. Una destruye una caseta, tres caen en los alrededores del Club mientras que la última cae de lleno sobre el estadio. Más de 1.200 butacas son destruidas, así como parte de la cubierta. Por suerte, los daños no fueron mayores.

Pasó el tiempo y cuatro años después cambió el curso de la guerra, algo que sirvió para que en 1945, todavía sin disputarse ninguna edición de este Grand Slam desde 1939, hubiera tiempo para la disputa de un partido de tenis. Cuando las hostilidades iban encaminadas hacia su final y cuando Alemania y su rendición estaban a punto de caer en esos momentos sostenidos entre la esperanza de paz y la ansiedad por un epílogo que no terminaba de llegar, varios miembros australianos, ingleses y norteamericanos de los ejércitos aliados disputaron varios partidillos ante varios miles de aficionados, ávidos de tenis y de dejar atrás el horror de la guerra.

Tras la rendición de Japón el 2 de septiembre de 1945, llegaba el fin de la II Guerra Mundial. Miles de personas salieron a las calles de Londres para celebrarlo y comenzó entonces la remodelación de la Catedral del tenis, que sirve de orgullo nacional por el apoyo que dio a los aliados durante el mayor conflicto bélico del siglo XX. El coronel Duncan MacAulay se tomó personalmente el desafío de poner el All England Tennis Club de la manera en la que se merecía, después de que las bombas dejaran varios cráteres en sus inmediaciones, decenas de ventanas rotas y rastros de escombros.

Así pues, en 1946 se reanudó el The Championships con sus instalaciones aun en plena reconstrucción, algo que no importó ante las ganas de volver a la normalidad. Como curiosidad, aquél año, así como en el siguiente, el Abierto de Wimbledon se disputó antes del de Francia por lo que el torneo inglés, por dos años, fue el segundo Grand Slam de la temporada. Los ganadores de aquella primera edición tras la guerra fueron el francés Yvon Petra y la estadounidense Pauline Betz aunque eso era lo que menos importaba. Después de tantos años de miedos, horrores, muerte y sufrimiento, la sociedad podía volver a disfrutar del deporte, pero sobre todo, de la paz mundial.

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