Nada como un amigo para olvidar las penas

Rafa Nadal se reencuentra con la victoria en Buenos Aires ante su buen amigo Juan Mónaco por 6-4 y 6-4 en un partido discreto del balear y que pudo irse al tercero

Rafa Nadal ya ha hecho su esperado debut en el torneo de Buenos Aires como campeón defensor y lo ha hecho con victoria frente a su gran colega en el circuito Juan Mónaco por un doble 6-4 en 1 hora y 35 minutos. Se vio a un Rafa dubitativo en ciertas fases y a un Mónaco agresivo y que bien pudo forzar una tercera manga. Un partido que debe servirle como terapia tras el fiasco australiano.

La renombrada pista central Guillermo Vilas estaba abarrotada, nadie en la ciudad de Buenos Aires quería perderse el estreno en el torneo y en la tierra batida en 2016 del rey de esta superficie, Rafa Nadal. Los primeros compases fueron los propios de dos jugadores que se conocen mucho más que tenísticamente. Dos grandes amigos. Especialmente el tandilense salió como impactado por el ambiente de expectación con Vilas o Sabatini en la grada. Nadal se puso 2-0 simplemente por estar en la pista. El miedo escénico de tener delante a Rafa parecía volver a manifestarse en Mónaco.

El tercer juego ya fue otra cosa. Pico se quitó los complejos de encima y empezó a desplegar un juego ofensivo y valiente pocas veces visto ante Nadal. Él lo hacía todo, los fallos y los aciertos. Un juego eterno, casi como un set, que cayó por el bien del partido del lado del argentino. Rafa estaba con el freno de mano echado, porque a la mínima que lo soltaba se hacía evidente una gran desconexión con su raqueta. Las secuelas de la dolorosa derrota con Verdasco en Melbourne eran aún patentes.

Mónaco se mostraba alegre en la pista, sin miedo ya a lo que pasara. Nadal cortó la racha del tandilense para mantener su saque y ponerse 3-2. Ambos aguantaron sus servicios posteriormente con cierta autoridad, siendo más creativo y directo el albiceleste. Mónaco ponía los golpes, Rafa la estabilidad. El manacorí aprovechó su oportunidad en cuanto el sudamericano falló más de la cuenta. Pero con lo que no contaba era con el contrabreak. Ahí Mónaco estuvo espléndido y ponía más pimienta a la noche porteña. Remaría para ahogarse en la orilla, una nueva rotura de Rafa y set para el español. Sin alardes, aplicando el parabrisas y esperando que los tiros arriesgados de Mónaco no salieran. Primera manga por 6-4.

El segundo acto empezó desconcertante. Nadal disfrazado de ese Nadal que cada vez más se ve en las pistas. Tristón, con fallos que transmiten escasa o nula confianza. Mónaco, frente a su público, no iba a dejar desaprovechar la ocasión y tomó rápidamente ventaja en el set. Tuvo 3-1 y 15-40. Pintaban bastos para el mallorquín. Pero ahí Rafa se despojó de ese rol taciturno y sacó la garra que siempre lleva consigo en el zurrón. Volteó la situación con buenos tiros, con grandes defensas y con los nervios de Mónaco. Del 1-3 al 4-3 y Nadal dispuesto a acabar por la vía rápida.

A pesar de que Mónaco aguantó el tipo y que parecía que podía forzar el desempate, acabó disolviéndose antes de tiempo. Con 5-4 y saque del tandilense, Rafa apretó, erigió un muro en el fondo de pista y el argentino se atascó y se acabó derrumbando, propiciando el triunfo del balear por 6-4 y 6-4. Ahora Nadal tendrá que vérselas con el peleón y correoso italiano Paolo Lorenzi por un puesto en las semifinales del evento.

Comentarios recientes