Hewitt, el penúltimo precoz

Lleyton Hewitt se retirará con una marca difícil de batir, pues fue número 1 con 20 años. La precocidad de su tenis explica el grueso de casi todos sus éxitos

Le queda a uno la sensación de que Lleyton Hewitt se va en paz. Más allá de la pasión que desprende individualmente, sus últimos años parecen decirnos que Lleyton estaba esperando a entregar su liderazgo a un relevo de calidad que llevaba esperando demasiado tiempo. Su intención y deseo de ser capitán de Copa Davis de los cachorros a los que acoge como padre del tenis australiano pone punto y seguido a la trayectoria tenística del que un día fue genio precoz de una nación con estatus de iniciadora.

Hewitt siempre fue un competidor. Sobre todas las cosas.

Sólo así se explica que su carencia de potencia y envergadura se vieran penalizadas con el tiempo, anulando el brillo de sus inicios, sobrepasado con celeridad y vehemencia por generaciones posteriores, y que posteriormente fuese capaz de mantenerse en los alrededores del ranking, sabiendo sobrevivir, títulos mediante, gracias a su inconformismo. Él nunca perdonó una gota de sudor ni un centímetro de pista. Y eso siempre tiene recompensa.

Sin embargo, para un doble ganador de Grand Slam y número 1, la trayectoria de Lleyton se queda algo corta, seguramente por la expectación creada. Hewitt no ha destacado por la longevidad de sus éxitos. En 2006 dejó de ser un candidato a los grandes titulos, quedando su nombre apagado con excesiva prontitud. Sin un golpe diferencial, su movilidad y su mentalidad no fueron suficiente, aspecto este último primordial para entender su precocidad.

Rafa Nadal ganó Roland Garros en 2005 con 19 años recién cumplidos. Con 18, meses antes, había coronado el Godó, Montecarlo y Roma. Hasta la fecha, el balear heredaba el testigo de la precocidad de un chaval que ganó su primer título con 16 años. Semejante desembarco suena muy raro en este último lustro de tenis, circunstancia que durante toda la historia moderna de este deporte se tomó como un vocablo descriptivo: el tenis siempre abrazó la precocidad con imponente naturalidad.

Hewitt tenía 16 años cuando recibió un wildcard para el ATP Adelaida de 1998. Eliminó a sus compatriotas Scott Draper y Mark Woodforde. Doblegó a Vincent Spadea en cuartos, a Andre Agassi en semifinales y a Jason Stoltenberg en la final. Ganó tres sets decisivos, en octavos, cuartos y en la final, abrochando dos tiebreaks ante el mismísimo Agassi. Su cabeza marcaba diferencias; su cabeza explica la antelación de sus victorias. Llegaría a las finales del torneo en el 99 y en el 2000.

Con 18 ya era campeón de Copa Davis, con 19, semifinalista del US Open, con 20 campeón en Nueva York ante Pete Sampras; número 1 más joven de la historia a esa misma edad y campeón de Wimbledon con 21. Lo que fue común en todos los grandes campeones, se convirtió, con la excepción de Nadal, en una rareza. Hewitt entró en la historia por su precocidad. Por ser el penúltimo adolescente.

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