La venganza de Brisbane

Milos Raonic convence ante Roger Federer y se venga en Brisbane un año después. El suizo se quedó sin gasolina en la última cita.

Milos Raonic se coronó campeón en Brisbane después de inclinar al actual campeón, Roger Federer, en sets corridos (6-4, 6-4). El partido, que no fue nada vistoso, se movió entre los errores del suizo y la constancia del canadiense, mucho más sólido desde el fondo de la pista y concienciado en conquistar el título que se le había escapado hace doce meses. Luchó hasta el final el suizo, pero estuvo muy lejos de encontrar su tenis.

Tuvo que ser justo en el útimo partido de la semana cuando Roger Federer empezara a hincharse a errores no forzados. Con un tenis menos brillante, más imprecisiones de lo normal y apenas mordiente desde el resto, el suizo arrancó su primera final del curso con sensaciones muy diferentes al resto de encuentros. Raonic tampoco es que volara sobre la pista, pero siempre mandaba algún que otro aviso con puntos de break. Hasta que al final, a la cuarta oportunidad (con 4-4), el canadiense acertó a la diana y se colocó al borde del primer set.

Obviamente, no falló. Era raro, ya que sin hacer su mejor tenis le iba ganando a Federer por 6-4, quizá recordara otras actuaciones más precisas en las que ni siquiera tuvo la oportunidad de sumar un set. Eso sí, pocas concesiones había regalado en esa primera manga, pese a que su revés diese más estragos que alegrías. El de Basilea, mientras, se encontraba perdido, hasta las dobles faltas habían hecho acto de presencia en su raqueta. Un descansito tras los primeros tres juegos del segundo parcial le dieron tiempo para la reflexión y, quizá, también para la relajación. Era el momento de reaccionar u olvidarse de la final.

Salió disparado Milos del recinto del estadio, pidió perdón por el retraso (que en realidad era una medical time out por su rodilla) y se puso a jugar. Y de aquel juego, curiosamente, nació la primera oportunidad de ruptura para Roger. Desaprovechada con un caña de revés. Todavía no dominaba estas situaciones e incluso, en ocasiones, se asombraba de los grandes avances de su rival con el paso de los años. Aquel gigantón que solo hacía que firmar saques directos ya sabía aguantar intercambios, generar cambios de ritmo y hasta se dejaba caer alguna que otra vez por la cinta. Y aunque esto le doliera al suizo, el gran culpabe de este progreso natural de Milos se encontraba en ese momento sentado en su banquillo. Apartado, sin perder detalle, seguramente envuelto en sentimientos enfrentados.

No pintaba bien la cosa, los golpes de suizo no daban ninguna seguridad, su constante catarro sobre la pista tampoco. Una nueva grieta en el marcador, break de Raonic, adiós al partido. Lo hizo tan práctico el canadiense que parecía predeterminado: dos quiebres, uno por set, y título en Brisbane ante el actual campeón. Claro, que él era el vigente subcampeón, quien se quedó en 2015 a un suspiro de ocupar el trono. Esta vez la suerte sí correría de su lado, pese a no tener a Ljubicic para abrazarle en aquel momento de felicidad.

Octavo títuo ATP para Milos Raonic que, además, arranca el curso con un hito que solamente había logrado romper en una ocasión: vencer a Federer. Su ranking no mejorará mañana lunes (#14), pero el saco de la ilusión del #TeamMilos se multiplica por diez. Y todavía falta Moyá. Por su parte, Roger suma una nueva final perdida (48 en su carrera) e iguala las 239 derrotas de Ivan Lendl. Un tropiezo doloroso para abrir la temporada pero muchos meses por delante para levantar ese 89 título que hoy no pudo capturar.

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