La encrucijada de Ljubicic

En su primera semana en el equipo de Federer, el croata se enfrenta a su primera final junto al suizo, en la que tendrá como rival a Milos Raonic.

El tenis es un deporte precioso. Hay veces que de tantas vueltas que da, parece imposible que lleguen a suceder estas cosas. Pero ocurren. Ocurren cuando apenas llevamos nueve días de calendario y ya tenemos el primer duelo entre Djokovic y Nadal, aunque no hemos venido a hablar de ellos. Los protagonistas son Roger Federer y Milos Raonic, quienes disputarán mañana la final de Brisbane por segundo año consecutivo. ¿Cuál es el aliciente? Solo hay que mirar al banquillo.

Nadie esperaba un cambio de esta magnitud el pasado diciembre. Ni en un banquillo ni en otro. Ivan Ljubicic, el epicentro de este artículo, abandonaba el barco del canadiense después de más de dos años de navegación conjunta y, días después, anunciaba que se unía al yate de Roger Federer, huérfano de Stefan Edberg. ¿Movimiento premeditado? Nunca lo sabremos, aunque seguramente algunas palabras ya habrían cruzado este trío de amigos. Más tarde, para acabar de rematar la película, entra Carlos Moyá en escena para suplir la baja del croata durante este año 2016. Maravilloso.

Lo mejor es que todos han quedado como amigos. Ljubicic de Milos, Raonic de Federer, Ivan de Roger (obviamente)… así hasta que mañana se encuentren en la pista central de Brisbane y una sensación extraña –quizá, de traición- se alimente en el interior del ex número tres del mundo. El hombre que guió al de Podgorica hasta el cuarto escalón del ranking será ahora el capitán del navío que intente frenar su regreso al top-10, un lugar al que por lógica debe volver más pronto que tarde.

Y es que si alguien conoce bien a Raonic, a excepción de Ricardo Piatti, quien lleva más tiempo con él que ningún otro, ese es Ivan. Fiel compañero de viaje desde mediados de 2013 e inseparables siempre en cada torneo. Pero el croata guardaba una amistad más cautiva y lejana que esta, la de Roger Federer, el hombre que si te llama no puedes decirle que no. Y así fue cómo cambió la vida de todos los presentes. ¿A mejor? ¿A peor? En menos de 24 horas tendremos las primeras impresiones.

Federer llega volando. Y la comparación se queda pequeña. Solamente pasó algunos apuros con Dimitrov en cuartos de final, pero nada comparable a los laberintos sin salida por los que ha pasado en su carrera. Raonic tampoco es que haya sufrido mucho, aunque su última batalla con Tomic bien pudo tener otro desenlace. En enfrentamientos domina el de Basilea por 9-1, que sumado al extra de tener a Ljubicic de su lado cobra la garantía necesaria para partir como favorito, si es que Roger necesita todavía algún tipo de garantía en una final profesional.

Los caminos se separaron hace un mes para volver a juntarse un mes después. En Brisbane, lugar donde hace un año Federer lograba su victoria número 1000. Esta vez celebra tener un nuevo entrenador y estar, en su primer torneo, inmerso ya en una final. ¿Será Roger capaz de cocinar los ingredientes necesarios para repetir éxitos pasados? ¿Puede Moyá, aunque sea a la distancia, guiar a Milos por la senda del triunfo? ¿Cuánta importancia tiene Ivan y su nuevo rol? ¿Morderá la mano que le dio de comer? Mañana a partir de las 10:00, una nueva edición de sonrisas y lágrimas.

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