A doce metros del olvido

Se retiró el lunes pero salió campeón el domingo. Boris Becker y la historia oculta de su primer Wimbledon en la temporada 1985.

Que Boris Becker fue campeón de Wimbledon a los 17 años lo sabe todo el mundo. Sin embargo, la clave de esta conquista no estuvo en la final ante Kevin Curren, ni siquiera en la semifinal frente a Anders Jarryd. El secreto jamás contado del alemán sucedió en su partido de octavos de final, donde decidió retirarse ante Tim Mayotte pero nadie se dio cuenta. Una anécdota que el propio protagonista cuenta en su autobiografía.

Becker aterrizaba en su segundo Wimbledon como profesional tras haber dejado muy buenas sensaciones en el primero. Era 1985 y la temporada anterior ya se había abierto paso hasta tercera ronda donde tuvo que retirarse por lesión ante Bill Scanlon. Pese a contar solo con 17 años, esta vez el de Leimen contaba con mucha experiencia, tanta que la semana anterior había capturado en la hierba de Queen’s su primer título en la élite. El vestuario ya le conocía y, lo más importante, ya le temían. Sin embargo, tras vencer a Pfister, Anger y Nystrom, todo pudo haber cambiado en su batalla ante Tim Mayotte en la cuarta ronda.

El momento crítico ocurre en el cuarto set con 6-3, 4-6 y 6-7 a favor del estadounidense. Becker le rompe el servicio a Mayotte y se coloca 2-1 arriba, pero la desgracia aterriza sobre la pista. El germano se tuerce el tobillo en un mal gesto (tal como le pasó un año antes contra Scanlon) y su mirada al palco, buscando a Ion Tiriac (su representante) lo decía todo: “Quiero marcharme de aquí”.

Entonces ocurre una secuencia increíble, la cuenta el propio Becker. “Por suerte para mí, Mayotte estaba lejos de la red, si hubiera estado cerca le habría dado la mano y hubiera renunciado, pero él estaba en la línea de fondo. Miré al árbitro para hacerle la señal de que no podía seguir, pero no me entendió y no sabía que le estaba pidiendo. Luego escuché a Tiriac gritándome en alemán que pidiera un tiempo muerto por lesión. Aun así, le miré y le dije que quería irme de allí. Mayotte se acercó a la red. ‘¡¡Pide un tiempo muerto!!’, se escuchó otra vez. Entonces, en una décima de segundo procesé lo que me decía y le dije al árbitro que necesitaba un fisioterapeuta”, relata el actual entrenador de Novak Djokovic.

Bill Norris bajó a la pista –sin demasiadas prisas, según comenta Boris- y le dijo que no tenía nada roto, se trataba de una simple torcedura. Le vendó y le dio un antiinflamatorio que haría su efecto en 20 minutos. El cuarto set acabó en el zurrón de Becker en la muerte súbita, mientras que el quinto, ya con los dolores completamente subsanados, fue un paseo para el alemán y un martirio para el norteamericano (6-3, 4-6, 6-7, 7-6, 6-2). El milagro había ocurrido, escasos doce metros de distancia habían evitado la eliminación de Becker, los cuales le habían permitido reflexionar y no hacer las maletas antes de tiempo. Ahora la victoria estaba en su mano y el billete para cuartos de final también.

Lo que ocurrió después ya todo el mundo lo sabe. Triunfos ante Leconte, Jarryd y Curren llevaron al teutón a convertirse en el tenista más joven de la historia en conquistar Wimbledon (récord aún vigente) y en el más joven en levantar un Grand Slam (hasta que Michael Chang en el Roland Garros de 1989 le adelantara por unos meses). Luego llegarían otras dos coronas en el All England Club y seis majors en total, un palmarés y una carrera brillante que no hubiera sido lo mismo sin aquella torcedura de tobillo en octavos de final de aquel 1 de julio de 1985.

Comentarios recientes