¿Es tan cargante el actual calendario femenino?

En PuntoDeBreak hacemos un análisis sobre las temporadas del circuito WTA a lo largo de los años. ¿Eran más severos los calendarios antes o los de la actualidad?

Recurrentes son las voces de protesta de muchas tenistas sobre el calendario que maneja en la actualidad la WTA, Asociación de Femenina de Tenista. Que es demasiado pesado, que invita a las lesiones y hasta que entrega poco tiempo de descanso a final de temporada. Que está tan mal confeccionado que las tenistas llegan casi que regando en la última parte del curso, que no es generoso entre el final de un torneo y el inicio de otro…

Caso puntual se ha vivido en estos días en pleno inicio del WTA Finals de Singapur, el evento que reúne a las mejores de la temporada. Para muchos era casi que incomprensible que este torneo se jugara casi encima con el torneo de Moscú, campeonato que entregaría las últimas plazas y en el que no había tiempo de receso entre este y Singapur. De hecho, Carla Suárez tuvo que llegar casi que con la lengua afuera al sudeste asiático para afrontar en la primera jornada su participación en el dobles junto a Garbiñe Muguruza.

Pero, ¿estamos viviendo uno de los calendarios más inclementes del tenis femenino? ¿Antes las condiciones eran más apacibles con las jugadoras?

Si nos remontamos a 1988, año donde inicia el WTA Tour dejando atrás el Virginia Slims, había 63 torneos que se repartían desde enero hasta mediados de noviembre. Aquí aparece la primera diferencia: hace 27 años se registraban más torneos de los que existen actualmente (59) y la temporada finalizaba muchísimo más tarde. Esto último una situación que ha ido revirtiendo la WTA en los últimos años buscando que la temporada finalice lo más temprano posible, tanto que a inicios de noviembre muchas de las jugadoras ya están de vacaciones. Esto era casi imposible verlo décadas atrás, tanto que en años como 1985 y anteriores aún había torneos en pleno diciembre.

Otro punto a resaltar es la real competitividad que se vivía en aquellas épocas. En los años ochenta era muy común ver a las jugadoras top jugar y jugar torneos en el tramo final de la temporada, algo casi impensado de observar en nuestros tiempos. Por ejemplo, en 1988, entre septiembre y noviembre, la mayoría de los torneos fueron conquistados por Navratilova, Graf, Evert o Sabatini. Una situación similar es tan poco probable verla en la actualidad, de hecho, sin irnos tan lejos, este 2015 ha entregado finales de torneos entre jugadoras con ranking extremadamente bajos: Tashkent, Luxemburgo, Seúl, Tokio o Quebec son claros ejemplos.

Entrando en los noventa es posible observar que, paulatinamente, algunos años empiezan a contar con una reducción en el número de torneos; tanto es así que en 1995 apenas se registraron 51. Esto provocó, incluso, que en algunos meses se jugaran apenas hasta tres torneos: casos como marzo, junio, julio o agosto. Lo cierto es que la inclusión de pocas competencias aseguraba una mayor distribución de la competencia y mayores y mejores tiempos de descanso.

Aunque esta tendencia se mantuvo en la WTA por algunos años más, entrando en la década del 2000 se volvieron a ver los calendarios extensos y extenuantes y que obligaban a jugar a muchas hasta mediados de noviembre. Tal es el caso del 2001, que obligó a que el torneo de Pattaya City diera fin el 11 de noviembre. O en 2004, cuando la final de la Copa Federación dio inicio el 22 de noviembre.

Entonces, observando la tendencia de los últimos cursos, ¿estamos viviendo las temporadas más exigentes? ¿O simplemente es un reclamo exagerado de muchas tenistas que buscan cada vez más no someterse a demasiada competencia? La WTA ha buscado cada vez más que el calendario termine lo más pronto posible, dando, incluso, hasta dos meses de receso antes del inicio del nuevo año. Pero de nada vale esto si muchas tenistas predican querer más lapsos de vacaciones cuando luego están disputando una y otra exhibición para meterse un dinero extra. ¿Y tú cómo ves esta situación?

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