Aquí nacen las estrellas

La Copa Davis y la Fed Cup Junior cierran hoy el telón con las dos grandes finales dejando atrás una semana inolvidable para 96 futuras promesas del tenis.

El futuro estaba en el aire y Madrid decidió atraparlo. Por suerte para todos los españoles, la Caja Mágica del Mutua Madrid Open acogerá desde este año hasta 2018 la Copa Davis Junior y la Fed Cup Junior, dos torneos cogidos de la mano donde tenistas menos de 16 años unen sus fuerzas a lo largo de una semana cargada de emociones donde se empiezan a vislumbrar quiénes serán las próximas estrellas del mañana. Las mejores promesas del tenis canadiense, checo, japonés, australiano o español cerrarán este domingo su primer capítulo en la tierra batida madrileña con mucho éxito y con el objetivo de que sus nombres aparezcan en los grandes letreros dentro de unos cuantos años.

En un principio, se puede pensar que chicos y chicas con apenas 16 años –muchos de ellos todavía con 15- llevan una vida demasiado sacrificada cuando todavía deberían estar jugando en los parques o echando horas a la videoconsola. Pero es una vez que los conoces cuando te das cuentas que estás tratando con adultos que funcionan en cuerpos de persona joven. Trabajadores natos enamorados de un sueño que empezaron a dibujar hace ya mucho tiempo y que siguen quemando etapas a una velocidad de vértigo. Todo esto sin perder la sonrisa característica de un niño o una niña que cada vez que se levanta piensa que falta un día menos para ganar un Grand Slam o ser número uno del mundo. Esa ambición es la que mueve sus carreras y esa ilusión es la que origina torneos tan bonitos como éste.

Esto que cuento se respira desde el primer momento que conectas con las pistas exteriores de la Caja Mágica, donde 16 países pelean entre sí con tal de escribir un poquito de su historia en un certamen legendario. Ves a Felix Auger Aliassime, ese canadiense que con 15 años ya tiene enamorado a medio mundo. Se muestra tranquilo, observa la grada, sabe que a quien miran es a él. Está expuesto a la crítica, entiende que esperan grandes cosas de su raqueta, y no falla. Sigues andando y te encuentras con Nicola Kuhn, jugando para Alemania pero con sangre española. Desde la verja sufre como ningún otro la derrota de su compañero, luego será él quien entre a pista para arreglarlo. Se ajusta la bandana, un calcetín de cada color y muñequeras fosforescentes. Un clásico para quien ya le ha visto alguna vez. El resto solo se cuenta bajo la luz de la victoria.

También en España tenemos nuestras joyitas curtiéndose bajo un sol de justicia en la capital. Aparece el equipo de los chicos, con un Alejandro Davidovich que no tuvo la mejor de las suertes pero con una Eva Guerrero que ha dado un paso gigante tras grandes actuaciones. Y es que un torneo por el que han pasado gente como Novak Djokovic, Rafael Nadal, Caroline Wozniacki, Carla Suárez, Roger Federer, Marin Cilic, Agnieszka Radwanska, Gael Monfils o Eugenie Bouchard entre muchísimos otros/as algo debe tener. La respuesta es magia. Es un ingrediente diferente a los certámenes que podemos ver habitualmente. Aquí preside la igualdad extrema, la ilusión como bandera, la inocencia y sobre todo la emoción de entender que, de aquí a algunos años, estos niños a los que hoy vimos paseando entre nosotros como pequeños desconocidos, pronto podrían estar abrazando desafíos mayores.

De los 96 jugadores que hay en total, entre chicos y chicas, quizá solamente lleguen dos, o tres, o cuatro. Es durísimo llegar a entender que solamente el 1% de los críos que empiezan con este loco sueño del tenis puede realmente a dedicarse profesionalmente y a vivir de ello. En ocasiones la estadística se amplía, al igual que lo ha hecho el talento en los últimos cursos. Basta con ver cómo tocan la pelota esos canijos. Se trata de auténticos afortunados inmersos en un paraje de ensueño compartiendo escenario con las mejores raquetas de su edad. Canadá o Alemania. República Checa o Estados Unidos. Dos saldrán campeones este domingo y sus nombres se quedarán grabados a fuego en nuestro subconsciente. Ojalá dentro de algunas temporadas, ya con estos chicos en la élite, muchos podamos decir: “Yo estuve allí”. Entonces los afortunados seremos nosotros.

Comentarios recientes