Tsonga logra el triplete en Metz

El de Le Mans se lleva la batalla entre franceses y conquista un trofeo trece meses después. Se proclama rey del Moselle Open por tercera vez en su carrera. 

Pasara lo que pasara, lo realmente importante en el ATP 250 de Metz era que un tenista local volvería a ocupar el trono del certamen. Ese hombre ha terminado siendo Jo-Wilfried Tsonga tras imponerse en la final entre compatriotas a su amigo Gilles Simon (7-6, 1-6, 6-2). Con un partido muy igualado en todos los aspectos, el de Niza pagó el bajón en el parcial definitivo dejándole el título en bandeja a su rival. El campeón de 2011 y 2012 vuelve a coronarse en el Moselle Open tres cursos después y suma su duodécimo trofeo como profesional, empatando, curiosamente, con su oponente de esta tarde.

Cada vez que se enfrentan estos dos, mucho más si lo hacen en un torneo francés, es complicado aventurarse en quién de los dos es favorito. Tsonga dominaba el cara a cara por 6-3 aunque cada partido es un mundo y una final, un universo distinto. Los dos conocían bien la sensación de coronarse aquí (Simon 2010 y 2013; Tsonga 2011 y 2012), así que a ninguno les pillaba de nuevo plantarse en el encuentro definitivo. El comienzo fue muy parejo, aunque no faltaron las oportunidades de quiebre, pero fue el de Le Mans quien, con 2-5 en contra en el tie-break, terminó imponiéndose por 7-6(5) al ejecutar cinco puntos de manera consecutiva.

Pero Simon no es un tipo que se rinda tan fácilmente, por lo que decidió apretar los dientes desde el fondo de la pista y empezar a poner nervioso a su rival. Esto lo notó Tsonga, vaya que si lo notó. Después de lograr esa proeza en el desempate del anterior set, el pupilo de Nicolas Escude perdió todo el tacto con su raqueta y se empezó a marchar del partido hasta el punto de perder la segunda manga por 1-6. El público aplaudía porque había partido y el desenlace quedaría pendiente del parcial definitivo.

Minutos antes, Milos Raonic había seguido exactamente el mismo guión: levantar un título catorce meses después, ganando en tres sets sobre pista cubierta. Parece que Tsonga quiso emularlo e hizo lo propio. Desde el Masters 1000 de Canadá 2014 hacía que Jo-Wilfried no salía campeón de una plaza de tenis. Era hora de parar el tiempo. El de Le Mans se ató las zapatillas y empezó a repartir como solamente él sabe, haciéndole la vida imposible a Simon. Un 6-2 cómodo le entregaba su primer título de la temporada, el duodécimo de su carrera. Y lo más importante, le hacía volver a sentirse grande, superior, top. Ojalá que para este último tramo del curso, podamos recuperar la mejor versión de ‘Alí’.

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