Acción, reacción

Descalabro de favoritas en el cuadro femenino y aplastamiento en el masculino. ¿Tuvieron influencia unas semifinales sobre las otras?

La jornada del viernes en el Us Open 2015 se presentaba con cuatro partidos apasionantes para finiquitar ambas semifinales individuales. Los dos máximos favoritos y las dos máximas favoritas se quedaban a un solo paso de citarse en la mejor final posible cada vez que un Grand Slam se presenta en el calendario, es decir, el/la número uno del mundo contra el/la número dos del mundo. ¿Podía saltar la sorpresa? ¿Era solo una idea utópica? ¿Tanta diferencia había entre Serena, Halep y el resto? ¿Entre, Djokovic, Federer y todos los demás? Veamos lo que sucedió.

Salía Simona Halep a la Artur Ashe con el objetivo de alcanzar su primera final en Nueva York. La segunda mejor raqueta de la actualidad llegaba tras inclinar a Victoria Azarenka y con la confianza por las nubes para afrontar este nuevo reto. Horas más tarde, idéntico papel de Serena Williams, buscando su séptimo Us Open, el Grand Slam en una misma temporada y la meta de igualar los 22 majors de Steffi Graf. Para reunirse en la final, ambas tendrían que batir a un par de italianas que, hasta el momento, desconocían lo que era disputar el partido por el título en una plaza como ésta. Blanco y en botella, el desenlace parecía cuestión de lógica.

Pero la tarde del viernes iba a tener de todo menos normalidad. Flavia Pennetta, que el día anterior se quejaba por tener que disputar el encuentro en horario diurno, sacaba sus mejores armas -esas que siempre aparecen en Flushing Meadows- y barría literalmente de la pista a la rumana. Sorpresa mayúscula que agitaba el vestuario y relevaba el aviso a Serena Williams, preparada ya para saltar a la cancha. Y entonces, ocurre. Eso que nadie imaginaba, eso que nadie recordaba, eso que nadie creía. Roberta Vinci, 32 años a la espalda e inmersa en su primera semifinal de Grand Slam, revienta las quinielas y corta una racha de 26 triunfos consecutivos de la menor de las Williams en la Gran Manzana. Histórico, rozando lo grotesco. Aparte de las dos finalistas, ¿saldría alguien más beneficiado de estos dos bombazos?

Si remontamos el calendario hasta septiembre del curso pasado, nos situamos en las semifinales del Us Open 2014, donde acontecieron dos protagonistas que han repetido aventura este año. Novak Djokovic y Roger Federer aterrizaban en la penúltima ronda llamados al ring para combatir con Kei Nishikori y Marin Cilic. Ni japonés ni croata habían tenido siquiera la oportunidad de levantar un Grand Slam, por lo que la tinta empezó a correr adelantando la brillante final entre el serbio y el suizo. Algunos pensaron que habría que esperar a que se disputasen ambos partidos pero, ¿para qué? ¡Si estaba claro lo que iba a pasar!

Un día después, Djokovic y Federer aparecían en el aeropuerto de Nueva York con las maletas hechas y poniendo rumbo a casa. Mientras, los dos ‘perdedores’ del día anterior, preparaban el partido más importante de sus carreras. Ayer Halep y Serena se vieron sorprendidas de la misma manera, y esas imágenes significaron un mensaje directo en el vestuario masculino. Rápidamente, al de Belgrado y el de Basilea les vino una sola frase a su cabeza: “No más sorpresas”. El cemento neoyorquino puso la rúbrica definitiva: dos victorias en sets corridos; Cilic con tres juegos a su favor y Wawrinka, ocho. Al final, esto es lo que hace bonito este deporte, la incertidumbre de pensar que todo puede pasar, de no fiarse del ránking y de entender que cada partido puede ser el último. Esta vez, los diarios, aprendieron la lección.

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