Federer vuela hasta una nueva final

El suizo ahoga a Andy Murray con su tenis directo y buscará su séptimo título en Cincinnati frente a Novak Djokovic, el hombre que todavía sueña con el primero.

Todo ocurrió tan rápido como quiso Roger Federer, el hombre que lleva sobrevolando Ohio durante toda la semana como un cohete. El suizo se deshizo sin muchas complicaciones de Andy Murray (6-4, 7-6) para alcanzar su séptima final en el Masters 1000 de Cincinnati, la octava de la temporada y tercera consecutiva tras Halle y Wimbledon. Un hechizo mágico que rodea al de Basilea que solo le hace inclinarse cuando aparece enfrente Novak Djokovic. Mañana, una nueva prueba de fuego.

La primera manga fue como un saque de Ivo Karlovic, visto y no visto. Quien pestañeó se la perdió. Salía Federer motivado a enfrontar su quinta victoria consecutiva ante Murray y sus intenciones se notaron desde la primera bola. El británico, en una variante más ofensiva durante las últimas semanas, volvió a ser ese jugador de retaguardia que espera la oportunidad para atacar o, mejor todavía, el fallo del rival. Para su desgracia, el suizo erraba una de cada tres flechas, con lo que las cuentas no le terminaban de salir al nuevo número dos del mundo, apeado del camino las últimas cuatro ocasiones en las que se enfrentó al helvético.

Con esa quinta marcha permanente en el mecanismo de su Wilson, el de Basilea seguía equilibrando sus aciertos y sus errores, reinventando el tenis en cada movimiento intentando sorprender siempre a su oponente. No hubo mucho más que contar en un set en el que un solo break, acontecido en el tercer juego, sirvió para que Federer amarrara el primer asalto de la noche (6-4) y minara la moral del escocés, un rival que siempre supo cómo amargarle pero que en los últimos tiempos se ha convertido un caramelo para sus intereses.

Pese a arriesgar más de la cuenta, el suizo caminaba conforme tras ese primer parcial, con lo que la presión en la reanudación se traspasaba por completo al de Dunblane, quien tuvo que salvar una bola de quiebre crucial con 3-3 en el marcador antes de que Roger pudiera dar el último arreón a la semifinal. El británico aguantó la tormenta y se mantuvo firme ante un pelotero que no cesaba de enviarle bombas de todos los colores y sabores disponibles. Entre líneas y ojos de halcón se llegó al desempate, donde si todo funcionaba como hasta ahora, el telón se cerraría hasta mañana.

Y allí, después de todo un set cargado de serenidad y pausa, los nervios volvieron a las cuerdas de Andy Murray para ponerle en bandeja la victoria un Federer que, como buen caballero, aceptó la invitación. Memorable esos dos últimos puntos que mañana darán la vuelta en todas las webs. El suizo se verá las caras en una nueva final con Novak Djokovic –la quinta de la temporada- en un lugar donde todavía no conoce la derrota en el partido por el título (6/6), todo lo contrario que el serbio (0/4). En juego está una nueva corona de Masters 1000 y, en el caso del helvético, recuperar el segundo escalón del orden mundial.

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