Los jugadores y sus supersticiones

Los tenistas son conocidos por ser muy supersticiosos. Hacemos un repaso a algunas de las más extravagantes supersticiones que tienen los jugadores.

Dentro del mundo del tenis hay un apartado muy interesante que habla de esas supersticiones que tienen los tenistas. Muchos de ellos las llegan a mostrar en la propia pista y alguna de las rutinas que han seguido se han hecho popularmente famosas. Hagamos un repaso a las supersticiones más extravagantes que han tenido varios tenistas.

Uno de los tenistas más supersticiosos de la historia fue Björn Borg. Desde que el sueco ganase su primer torneo de Wimbledon en el año 1976, comenzó a seguir las mismas rutinas una y otra vez en los años venideros. Usó siempre la misma camiseta Fila, se dejó crecer la barba durante todo el torneo, se sentaba en la misma silla y hacía siempre el mismo camino del hotel al campo. Estas supersticiones de Borg las llegó a copiar incluso la madre, que durante la final del año 1979, se llevó todo el partido masticando un chicle. A cierto punto, lo tiró al suelo y su hijo perdió un juego. Llegó a coger de nuevo el chicle del suelo y metérselo en la boca de nuevo. Borg acabó ganando el torneo. Curiosamente, cuando en el año 81 perdió la final después de cinco títulos consecutivos siguiendo las mismas rutinas, Borg no volvió a aparecer por Londres.

Hace años, el tenista rumano Ilie Nastase jugó con ese tipo de cosas y al enfrentarse a una pareja de italianos, sabiendo de lo supersticiosos que son, dejó una de las historias más simpáticas de la historia al traer un gato negro dentro de su maleta y soltarlo en pleno partido. El gato salió directo hacia uno de los italianos, que no metió una pelota en todo el partido.

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Otra tenista conocida por ser supersticiosa es Serena Williams. La norteamericana puede llegar a usar los mismos calcetines durante todo un torneo. Siempre salta a pista con las sandalias de la ducha en su maleta y se ata los cordones de las zapatillas siempre de la misma manera. Llegó en alguna ocasión a excusar su derrota en algún torneo por no haber seguido la rutina marcada. Maria Sharapova es otra jugadora que sigue una rutina en los partidos. Suele hacer el mismo gesto antes de disputar un punto, ponerse de cara al muro con el puño en la boca y dar unos pequeños saltos. Garbiñe Muguruza durante el pasado Wimbledon reconoció que no quería cambiar nada de lo que hacía durante esas dos semanas en Londres para seguir con la racha. Se lavaba los dientes a la misma hora, hacía las mismas cosas antes de los partidos, incluso llegó a decirle a sus padres que no volaran a Londres para verla ya que quería seguir haciendo lo mismo.

Richard Gasquet le pide siempre la pelota al mismo recogepelotas cuando saca si gana el punto. Jack Sock quiere que los dos recogepelotas tengan exactamente tres pelotas cada uno en las manos y en alguna ocasión ha reconocido que llegó a decirles que si no tenían tres pelotas cada uno que le pasaran bolas a su compañero para que así fuera. Juan Martín del Potro solía levantarse la parte izquierda de su short cuando restaba ya que creía que eso le daba suerte. John Isner se pasa la pelota entre las piernas justo antes de sacar.

Los grandes jugadores tampoco se libran de supersticiones. Novak Djokovic solía creer que su ahora mujer, Jelena Ristic, le traía suerte y le pedía acudir siempre a partidos importantes. Lo mismo ocurría con su perro. El serbio tuvo también en sus inicios una manía antes de sacar y era botar la pelota muchas veces. Cuanto más la botaba, más suerte le traería. El suizo Roger Federer tiene en el 8 a su número favorito. Tiene la rutina de traer consigo ocho raquetas en su maleta y ocho botellas de agua. Siempre tiene que hacer al menos ocho aces durante el calentamiento.

Pero uno de los más supersticiosos del circuito en la actualidad no es otro que Rafael Nadal. El mallorquín ha ido sumando con el paso del tiempo varias manías más a las que ya tenía. Una de las más conocidas es la de poner dos botellas una al lado de la otra de pie frente a su banquillo. Siempre en la misma posición y con la marca apuntando hacia el mismo sitio. Esto ha llevado a producir momentos simpáticos como cuando Matosevic le tiró las botellas durante un descanso o como cuando un recogepelotas en Australia le colocó la botella en el mismo sitio exacto de donde estaba antes.

Y mencionar su rutina antes de sacar. Limpia la línea de fondo con el pie (cuando es tierra batida), se limpia el sudor, se recoloca el pelo en el lado izquierdo, luego el derecho, se acomoda el pantalón, bota la pelota y luego sirve. No pisa las líneas entre punto y punto, ni siquiera su prolongación imaginaria (esto último, añadido con el paso de los años). No cruza la red hasta que lo ha hecho su rival y no pisa la continuación imaginaria de la red.

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