Federer no se deja atrapar por Simon

El suizo logra clasificarse en sets consecutivos para sus décimas semifinales de Wimbledon ante un Simon que careció de armas para hacerle daño.

Últimamente cada conversación sobre la figura de Roger Federer termina casi irremediablemente orbitando en una pléyade de cifras. Es inevitable cuando estás haciendo historia. Me temo que esta crónica no será una excepción. Aunque en la cabeza de Federer, que es consciente de su propia condición legendaria, sólo orbita una cifra: 34. El número de años que cumple en agosto. El tiempo que nos alcanza a todos. Es difícil olvidarlo, aunque no le pregunten al respecto: Nieminem (33), gran amigo suyo, disputa su último Wimbledon; Hewitt (34), en otros tiempos uno de sus grandes rivales por el título, tampoco volverá a disputar el torneo. Para el helvético, irse apagando hasta desaparecer no es una posibilidad. Quiere brillar una última vez en el escenario en el que se forjó su leyenda.

En su camino a agrandar su historia como punto y aparte hoy se encontraba ante unos puntos suspensivos: Gilles Simon. Un buen jugador que ha sido top10 y que seguramente volverá a ocupar las posiciones de privilegio a lo largo de este curso tenístico. El galo es un estratega que enmaraña el partido y te envuelve en su juego. Como un prestidigitador que te muestra una mano mientras hilvana el truco con la otra. Defensor y contragolpeador infatigable, su desempeño resulta la antítesis del juego ultraofensivo que Federer lleva desplegando a lo largo del torneo. Además para el helvético nunca había resultado sencillo vencerle a pesar de que su mayor logro en Wimbledon antes de estos cuartos era una cuarta ronda en 2009.

El partido empieza con un 0-30 para Simon, que lleva ambos puntos a su terreno. Es un espejismo. Federer se despereza y se lleva el juego con suficiencia. En el consiguiente saque de Simon y después de marrar una bola de break, un revés paralelo del maestro suizo desborda al galo en su subida. Break. 2-0 y la sensación de que esta película ya la hemos visto infinidad de veces. Ese break tempranero calma al helvético que, de repente, ve la pista como un campo de fútbol. 3-0 en blanco y, de repente, la lluvia hace acto de presencia.

En el retorno del partido, Federer deja de ver la pista como un campo de futbol y entra en "modo Sampras": se concentra en ganar sus saques y, si Simon le da una oportunidad clara para hacerle daño al resto, fenomenal. Un Simon rocoso y un Federer sacándose de encima la telaraña táctica de Simon a la mínima ocasión soltando la mano.

Así transcurrió el primer set plácidamente hasta el 6-3 final. El suizo continuaba inexpugnable con su saque y no cedió ninguna bola de break. El resultado de buscar winners a la mínima ocasión en los turnos de saque de su rival fue que su relación de ganadores/no forzados no deslumbra (15/9) como sí lo hacía en los choques anteriores. Ni Simon ni Federer estaban desplegando su mejor nivel pero el suizo mantenía el control del partido con mano de hierro.

La dinámica del segundo set perpetuaba la del primero. Federer continuaba imperial al saque y esperaba paciente un resquicio en el saque de Simon para anotarse la manga, lo que ocurriría en el 3-3. El suizo, sacando partido de su tremendo arsenal de golpes y la versatilidad de su revés, logra el break. El set parecía listo para sentencia pero no resultaría tan sencillo. En un juego primoroso al resto del galo, le rompe el saque al suizo en blanco. Primer servicio que perdía Federer en los últimos dos torneos y estableciendo un nuevo record de juegos de saque ganados consecutivos en 115, tumbando el anterior record de 111 que poseía Wayne Arthurs. Lo dicho, cuando hablas de Federer, es imposible huir de los números.

Con 5-5 y saque del galo Federer saca el plan B: en vez de jugarse los tiros plantea esa versión rocosa que tanto nos sorprendió a todos en 2014. El suizo ejecutó su propia versión del juego envolvente de Simon y recuperó el break de ventaja. Su rugido hubiese convertido los berridos de Sharapova en inaudibles susurros.

Con 15-0, la lluvia volvió a descargar obligando a detener el choque de nuevo.

En la reanudación, Federer pega tres saquetazos (un saque sin respuesta y dos aces) y se lleva el set 7-5.

Al inicio del tercer set, un Simon visiblemente afectado por la pérdida del segundo set cede su saque encarrilando definitivamente la victoria del suizo que aprovechó el desánimo del galo en el 4-2 para hacer un último break y llevar el resultado hasta el definitivo 6-3 7-5 6-2.

Un partido ganado sin brillantez pero con suficiencia y eficacia por el de Basilea que ahora espera pacientemente el desenlace del partido entre Andy Murray y Vasek Pospisil.

Más números asoman a la hora de recapitular: Federer ha llegado a su semifinal de GS número 37; ha ampliado su récord de partidos de Grand Slam ganados a 290; sólo 2 victorias le separan del sueño de ser el único jugador capaz de lograr 8 títulos individuales de Wimbledon y de lograr su GS número 18. Por cierto, décima semifinal de Wimbledon para el suizo. ¿Recordáis que ocurrió con las 9 semifinales anteriores?

El siguiente capítulo de este sueño novelado lo veremos el viernes en una jornada que pinta apasionantes. Yo no pienso perderme las semifinales, ¿y vosotros?

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