Federer desatado

El suizo sacó lo mejor de su raqueta para inclinar a Roberto Bautista y cruzar así hasta los cuartos de final del torneo londinense, donde le espera Simon.

Era un partido para disfrutar y Roger Federer lo sabía. El número dos del mundo no dio oportunidad a Roberto Bautista a lo largo de los 112 minutos de encuentro, donde mostró toda su magia como ya hiciera a lo largo de toda la semana pasada. El resultado habla por sí solo (6-2, 6-2, 6-3) aunque el de Castellón abandona Wimbledon con la cabeza bien alta y el orgullo de haber competido a diario en lo que significa su mejor actuación en el All England Club. El suizo se enfrentará el miércoles a Gilles Simon para mantenerse el sueño de su octavo entorchado.

Mucha igualdad y mucho respeto. Dos premisas con las que arrancó el partido pero que duraron, exactamente, cuatro juegos. Una vez instalado el 2-2 en el marcador, el de Basilea vio apropiado meter una marcha más sobre la pista y ahí Bautista quedó eclipsado por el heptacampeón del torneo. Moviéndose como nunca, golpeando como siempre y dominando desde el servicio, Roger zanjó la primera manga con un 6-2 muy abultado ante la mirada incrédula de su oponente, exento de ideas para darle la vuelta a un situación que, todavía, no estaba perdida. Pero pronto lo estaría.

El segundo acto arrancó ya empezó con malas noticias para Roberto. Un break en el primer juego que Federer confirmaría con su saque minutos después ponían al español contra las cuerdas en una situación límite. Para colmo, unos pequeños dolores en su tobillo izquierdo le persiguieron hasta el banco, con lo que tuvo que pedir atención médica de inmediato. Tras unos minutos tratándose, Bautista saltó a la pista con el objetivo de mantenerse con vida, pero el suizo olía sangre, y fue directo hacia su presa. Velocidad endiablado, bolas profundas, cambios de ritmo, subidas a la red… el habitual espectáculo del genio de Basilea se veía apoyado por las dudas del español, atropellado en la Centre Court y distraído debido a esas molestias. El encuentro estaba casi sentenciado, solo faltaba cerrarlo.

La pelea continuó con un Roger dando pasitos hacia delante, gustándose, probando nuevos caminos hasta el punto pero siempre sin cometer errores. El saco de winners engordaba a cada juego, sin embargo, el de errores no forzados, apenas necsitaba un dígito para mostarse. Mientras tanto, el español aguantaba como buenamente podía un encuentro en el que no tuvo tiempo en engancharse, dictado por la intensidad y la estética del suizo. El público aplaudía, se lo pasaba bien, conocían perfecamente cuál sería el desenlace de la cita y, aun así, sonreían con los tres sets que pudieron presenciar. El último parcial fue casi calcado a los dos anteriores: Roger radiante como el sol; Rober, desorientado entre las nubes.

La última bala de la Armada española masculina puso punto y final a su viaje en Wimbledon con todos los honores y salvando una temporada de hierba que había sido un desastre hasta el momento. En la otra cara de la moneda, Roger Federer inmerso en unos nuevos cuartos de final –ronda que ya alcanzó en Roland Garros- y con la mente puesta ya en Gilles Simon y en su cruce del próximo miércoles. El recorrido hasta aquí ha sido bastante placentero. En dos días empieza la verdadera guerra.

LA APUESTA del día

Comentarios recientes