El desafío de vencer a Serena

Varias jugadoras han estado a un paso de poder vencer a Serena Williams pero se han quedado a medio camino. ¿Es un verdadero reto vencer a la uno del mundo?

Es un hecho que Serena Williams se ha ganado la etiqueta de ser casi una “jugadora invencible” en el último tiempo. Sus resultados y actuaciones otorgan un aval muy exacto para ello; es una verdad rotunda que para darle de baja hay que estar en un día perfecto, mantener un pico alto de principio a fin, jugar con las armas engrasadas y tirar el miedo al vacío. Y es que si repasamos el último año de Serena ha sido magistral: 14 torneos jugados ganando la mitad de ellos (3 de Grand Slam), 62 partidos disputados, solo 5 derrotas y tres despedidas por la vía del walkover. De hecho, solo Cornet, Venus, Halep y Kvitova han podido darse el gusto de derribarla en ese lapso. Son números tan impresionantes que denotan que la menor de la dinastía Williams atraviesa por un momento de holgura.

Y es que la ganadora de 20 grandes tiene una forma de juego envidiable. Muchas de sus actuales pares quisieran contar, por lo menos, con la mitad de las variables que ella posee: un servicio potente, una derecha tan explosiva como la dinamita, un revés sin reparo y una fuerza mental digna de una leyenda. Un conjunto de factores tan bien alineados que hacen de ella una rival peliaguda. Sin embargo, Serena ha dejado ver en los meses postreros que también es terrícola y que puede ser vulnerada con más facilidad. Y los motivos pueden ser varios: los 33 años no llegan solos, una que otra desconcentración propia de los partidos o hasta los problemas médicos que ha llegado a padecer en las últimas semanas…

Pero a pesar de lo anterior, ni siquiera ante las facilidades que está otorgando las demás jugadoras son capaces de poder superarla. El vencerla sigue siendo el mismo desafío que en tiempos anteriores.

Uno de los ejemplos más cercanos lo ha dado Heather Watson en la tercera ronda de Wimbledon. La británica, con un título en la temporada pero sin más resultados destacados, supo transformarse desde el segundo set para poner en aprietos a Serena en el tercero, llegando a tener ventaja de 3-0 (¡¡Con doble quiebre!!) y sacando para partido con 5-4, pero todo se le escapó en un parpadeo a pesar de tener a toda la cancha central en un alboroto. Es casi inexplicable cómo una tenista puede dejar escapar el triunfo con tan grandes ventajas. O se nos viene a la mente Roland Garros, donde con una gripe a bordo, la norteamericana se dio unas escapadas estilo Houdini ante Friedsam (estuvo set arriba), Azarenka (set arriba y break en el segundo parcial), Stephens (set arriba y 5-5 en el segundo set), Bacsinszky (set arriba y quiebre en el segundo) o ante Safarova en la final (sets iguales y break a favor en el set decisivo). O el más increíble en la Caja Mágica ante Azarenka, donde la bielorrusa contó con tres bolas de partido y todas las desperdició con un trío de doble faltas. Y entonces, ¿Serena está un par de escalones arriba a pesar de las dificultades o a sus rivales les tiembla la mano para dar el mazazo ante la norteamericana?

Ciertamente puede existir una unión de ambas circunstancias. En todos los partidos mencionados, Serena terminó demostrando su capacidad de reacción dejando claro que como ella hay pocas que tienen en la mente un arma tan eficaz y letal; que en las situaciones más críticas sigue teniendo la victoria como opción, por muy remota que sea. Porque ella es sinónimo de intimidación, te muestra que es capaz de dar hasta el último esfuerzo y allí los pensamientos de sus oponentes se bloquean. Watson lo vivió: sacando para partido veía cómo se le metía uno o dos metros en la cancha, que era capaz de devolverle una piedra y ante cualquier pelota corta le atacaba sin piedad. Sin embargo, no hay que ocultar que a la jugadora local le pesó cerrar un partido de tan inmensa categoría, entró en pánico escénico al verse tan cerca de un acto heroico: era ser la primera británica en vencerla, quitarle la racha de partidos consecutivos ganados en Grand Slam y privarla de lograr los 4 Majors al hilo. En ese momento de tensión las manos sudan, el ritmo cardiaco se acelera y puedes tiritar tanto que un tiro sencillo lo terminas disparando un par de metros afuera. La mente cruza una y varias ideas al tiempo. El cortocircuito es tal que luego te ves al frente de la derrota.

A la vez, no hay que ocultar que Serena no te permite desconcentraciones, al mínimo momento de turbación es capaz de cobrarte e inclinar el partido hacia su balanza. Lo experimentó en carne propia Safarova en la final en París: con 2-0 en el tercer set bajó la intensidad hasta el punto que terminó perdiendo los siguientes seis games y el título. O Bacsinszky, en semifinales, que se llevó un contundente 6-0 en el parcial final porque no continuó con el ritmo y cedió la batuta en el punto de mayor vértigo. En esas circunstancias, la de Michigan te comprime y no te da opción alguna. Y es que para poder hacerse con el éxito ante ella hay que aplicar una estrategia sin baches, jugar de inicio a fin a un alto nivel sin derecho a ceder y lo más importante, con la confianza plena de querer dar el golpe, sin tapujo alguno para provocar el bombazo. Tal como lo hizo Kvitova en Madrid o Halep en Singapur el pasado año.

El circuito de la WTA no pasa por su mejor periodo en cuanto a competencia, con marcadas irregularidades entre las tenistas top y dejando la varilla en manos de la actual monarca, que se da el gusto de dirigir a placer. Hace falta que las jugadoras se despojen del aparente pavor que las atormenta a la hora de verse enfrente de una victoria de enormes dimensiones porque mientras eso continúe, a Serena no habrá quien la pare y seguirá siendo un reto derrotarla, incluso cuando parezca tan frágil.

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