Wawrinka, ¿de qué planeta viniste?

Stan Wawrinka doblega en cuatro mangas (4-6 6-4 6-3 6-4) al número 1 del mundo, el serbio Novak Djokovic, en una final absolutamente excepcional

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Stan Wawrinka es campeón de Roland Garros. El suizo derrotó al número 1 del mundo en cuatro mangas y tras caer en la primera, 4-6 6-4 6-3 6-4, en un partido memorable, otro más en esta era única del tenis profesional masculino. El suizo se hace con su segundo major, tras derrotar al número 1 y número 2 del mundo en el camino.

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El partido arranca con papeles determinados y premeditados, pero con un ganador a los puntos, como terminará resumiendo el primer parcial. Es Wawrinka quien sale desde el primer momento poniendo en funcionamiento su habitual ritmo de fondo. Su mortero trata de marcar diferencias desde la primera pelota; ser protagonista, desarbolando a Djokovic hacia el error forzado. Como dicta la lógica, es él quien toma la responsabilid de arriesgar. Su plan A es su principal argumento.

El primer parcial, que se decide por detalles si observamos los números, encuentra más igualdad en los turnos al saque del suizo, mientras Djokovic está más seguro cuando es él quien debe iniciar las hostilidades desde su saque, con buenos porcentajes. Djokovic, un jugador primoroso desde el plano táctico y emocional, juega con el viento que sopla y espera la oportunidad para que Wawrinka se confunda y desajuste sus palancas. El número 1 busca bolas altas, retrocede un metro su defensa para obligar al número 9 a buscar una bola extra a la línea. Es Wawrinka quien termina por confirmarlo.

El suizo, un jugador de piñón fijo -de velocidad extrema, pero de patrón unidireccional- no encuentra agujero por donde colar sus envíos. Y su plan B... no es tan regular. No lo siente. Rara vez tira de la dejada, el cortado o la subida a la red como herramientas tácticas, que rompan el ritmo y busquen confundir a su rival. Es en la velocidad de sus tiros, acelerados o templados, donde va maniobrando su juego. En la segunda manga, Wawrinka enfoca mejor el encuentro y comienza a ver el partido con diferente óptica.

Wawrinka iguala el partido con una narrativa similar pero a la inversa. Reduce sus errores, hace sostenible sus manotazos, mezclados con velocidades más templadas con puntuales misiles. Djokovic sufre cada vez más en sus servicios, acercándose al precipicio. Wawrinka mejora su lenguaje corporal, da pasos más decididos, celebra más puntos y se acerca a la rotura. El serbio, con enorme determinación, salva hasta 4 de 5 breakpoints, pero no el que supone bola de set. En esta segunda manga, aparece 'Stanimal', pasando de un 5 de 13 (38%) en puntos ganados con su 2º servicio a 8 de 9 (89%) en la segunda. El de Lausana responde, y de qué manera.

La tercera manga es lo que se dice doblar el paso. Wawrinka, un tipo de grandes escenarios cuando avanza rondas y encuentra rivales de suma entidad, da el callo como pocos. Y tras igualar el choque y recobrar la confianza, vuelve a sacar el modo lanzallamas. Establece enormes diferencias de ritmo y confort sobre la pista. Stan, que con Norman encuentra la estabilidad para no descarrilar ante todo un número 1, se bebe de un trago el set, dejando a Novak como un mortal más.

Stan da síntomas de cierta excitación en ese último tramo de tercer parcial. Djokovic, felino como ninguno, aprovecha la coyuntura para cambiar de marcha y romper al inicio. Un 3-0 contundente en apenas 10 minutos deja el partido con la sensación de que en el 5º siempre mata antes que muere. Es Djokovic compitiendo y remando pero el ritmo de juego sigue dependiendo del helvético, que iguala a 3 y tiene un 15-40 que el de Belgrado salva a la heroica, celebrando con rabia por primera vez en el encuentro. El partido está en el alambre: Wawrinka no es menos y salva otro 15-40 para igualar a 4.

Y de nuevo, Wawrinka, caminando con una entereza espectacular, vuelve a tener breakpoints. Es un tramo donde toca sobrevivir. Es la épica sin lugar a otro género. Los nervios y la superiorda de Stan, hacen que Djokovic busque saque-red con breakpoint. La primera la salva. Con deuce, otro saque-red se la come. Y es otra subida con la que el suizo cruza la red con un passing exquisito. Stan sirve para partido.

Stan se corona. Convierte un estilo de juego conceptuado mediáticamente como un todo o nada en una oda al tenis ofensivo, sin ambigüedades. Un patrón íntegro que enfocado y alimentado por Magnus Norman, demuestra que lo abismal puede convertirse en realidad. En algo sostenible. Stan consigue así su segundo Grand Slam en dos finales. Un jugador que desde 2013, a semanas concretas, es un rival tan duro como el mejor.

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