El día en que Federer acabó con la mejor racha de Nadal sobre tierra

Tal día como hoy, un 20 de mayo pero del año 2007, Roger Federer acababa con la racha de Rafael Nadal de 81 victorias consecutivas en tierra batida.

Un 20 de mayo de 2007 en Hamburgo, Roger Federer ponía fin a la inigualable racha de victorias de Rafael Nadal sobre polvo de ladrillo, dejando la cifra en 81 partidos seguidos. La expectación era máxima en la pista central del club Rothembaum de Hamburgo. De nuevo frente a frente los dos grandes colosos del tenis mundial, Roger Federer y Rafael Nadal. La cita suponía una oportunidad más para el suizo de doblegar por primera vez en tierra al manacorí, y lo que es más, de poner el epílogo a una racha de imbatibilidad del español de 81 partidos (2 años y 2 meses).

Desde 2005, su año de verdadera explosión, a Rafa apenas se le conocían derrotas sobre polvo de ladrillo. Tan solo dos tenistas habían obrado el milagro, Gastón Gaudio en Buenos Aires e Igor Andreev en Valencia. Tras la derrota con el ruso Nadal ya no pararía de ganar en tierra. Dos Roland Garros, seis Masters Series y otros cinco torneos cayeron en sus fauces, así como la mejor racha en arcilla en posesión de Guillermo Vilas hasta 2006.

Nadie veía con claridad el momento en el que la ‘bestia de Manacor’ podía ser domada. Si bien es cierto que ese día Federer tenía varios factores a su favor. El primero de ellos es que se jugaba en Alemania, donde Roger se sentía como en casa. El segundo, las condiciones más pesadas de la tierra hanseática que favorecían el juego mucho más raso y directo del suizo. Y tercero, y quizá el factor más importante, la extremada carga de partidos con la que venía Nadal.

Pero si algo tenía Rafa era fe en sí mismo y espíritu de superación, las dos armas más valiosas de las que disponía para imponerse sobre Federer en su propio territorio. El primer set fue un claro ejemplo de esto y de la barrera mental que Nadal había construido sobre el número uno en los diversos precedentes. Un variado catálogo de pasantes y un sólido juego fueron la llave para que Rafa impusiera su ley y ganase 6-2 el primer envite.

La victoria número 82 era un secreto a voces entre el respetable que colmaba hasta la bandera la central. Nadal disponía de 15-40 con 1-1, dos bolas de rotura que tenían un intenso olor a medio partido para el español. Pero Federer aún guardaba en su raquetero un orgullo que le sacó del atolladero y le catapultó a llevarse el segundo set, devolviendo el 6-2 al mallorquín.

La tercera manga, contrario a lo que se solía decir, era en este caso un severo contratiempo para Rafa. El cansancio empezaba a hacer mella en sus desplazamientos y golpeos y Federer ya no distinguía entre derecha y revés. Todo lo pegaba con igual contundencia y acierto. Regaló a los presentes un surtido de felinas voleas que hacían presagiar el fin de la imbatibilidad del rey de la tierra. Especialmente amargo fue ese fin. Un rotundo 6-0, tercero y último rosco hasta la fecha que Nadal ha encajado en su superficie predilecta.

El discípulo de Toni Nadal admitió tras la final haberse quedado sin demasiada energía y fuerza mental tras el primer set y que si alguien tenía que acabar con su racha que mejor que el Federer. A pesar del dominio que siguió ejerciendo con mano férrea sobre la tierra, Nadal no pudo acercarse a su récord, quedando como una marca de leyenda.

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