Amo y señor del circuito

Novak Djokovic conquistó su cuarta corona en Roma inclinando a un Roger Federer que dejó escapar de nuevo el título. El serbio alcanza los 24 Masters 1000 en su carrera.

Bienvenidos al día de la marmota. Domingo, final masculina, Novak Djokovic campeón. Esta vez el lugar escogido fue el Masters 1000 de Roma, donde el serbio sumó su cuarto título para convertirse en el segundo hombre de la historia con más torneos en esta categoría (24), a solo tres de Rafa Nadal. La raqueta más en forma del circuito volvió a mostrarse imbatible sobre la pista (6-4, 6-3) y llegará a Roland Garros en el mejor momento de su carrera y sin perder un encuentro desde hace tres meses.

Antes de comenzar el duelo, Federer tenía una sola idea en la cabeza: “Si esto se va a tres sets estoy perdido”. Por ello, el suizo tomó la ruta más rápida posible sobre la arena, un estilo que, si estás entonado, no hay rival que lo frene. Berdych y Wawrinka ya lo probaron días atrás. Djokovic aceptó el reto del helvético, firmando juegos de apenas minuto y medio, hasta que el marcador llegó al cuatro iguales. Era el momento de sacar el arma y apuntar a la diana, quien se anotara el primer set iba a tener más del 50% de posibilidades de salir de allí campeón.

Tuvo Roger la oportunidad con una bola de break, la cual dejó escapar. Minutos después, fue al balcánico a quien se le presentó la idéntica ocasión, pero el desenlace esta vez sería diferente. Apretando los dientes desde la línea de fondo y siempre pasando una bola más, Novak convirtió la ruptura en realidad y se fue al banco con un 6-4 que presagiaba lo que todos los expertos pensaban: en los momentos críticos, nadie asume mejor las circunstancias que el número uno del mundo.

La segunda manga pasó inadvertida, sin casi tiempo para asimilar lo que había ocurrido en la anterior. Djokovic arrancó con otro break a su favor para terminar de arrinconar a su oponente, ya con el peso de los tres sets en la mente y eclipsado por un extraterrestre que ya no recuerda lo que es la derrota. El de Basilea lo intentó, buscando el tiro ganador pero llenándose a la vez de errores no forzados, una fórmula que acaba siendo contraproducente, hasta que finalmente vio cómo el mismo rival que le bajó de Indian Wells, lo hacía en esta ocasión en Roma.

Los dos mejores jugadores del circuito salieron sonrientes del foro itálico, aunque solo las pretensiones de uno se cumplieron. Federer cayó por cuarta vez en la última ronda del torneo romano y vio cómo, una temporada más, se le resiste el Masters 1000 transalpino. Por su parte, Djokovic estiró a una victoria más su imbatibilidad –ya van 22 seguidas- y conquistó su quinto título del año, subrayando más si cabe su dominio sobre el resto de jugadores.

Se acabaron las pruebas de cara a Roland Garros, el pescado ya está vendido. El de Belgrado ha demostrado en estos cinco meses que no hay ningún tenista más preparado que él, para muestra, sus coronas en todos los grandes torneos que ha disputado, sin distinción. Ante el top-10 refleja un registro terrorífico, 14-1, datando su única derrota en la final de Dubai ante Federer. Estadísticas de otra galaxia para un hombre que aterrizará la semana que viene en París más fuerte que nunca. A ver quién le para.

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