El infalible olfato de Andy Murray

Andy Murray siempre ha echado por tierra cualquier nombre que sonara para entrenarle. Ha confiado en su olfato e intuición para sorprender

Por si quedaba alguna duda en el aire, Andy Murray, el mejor Andy Murray, ha regresado en 2015. Su rendimiento, consistente y brillante a partes iguales, le ha devuelto a niveles de verano de 2013. Figurando número 2 en la clasificación de puntos anual, el británico ha confirmado con sus victorias en Munich y Madrid, descifrando por fin el camino hacia la victoria en tierra batida, que va a competir por todo. Subyace en esta vuelta hacia el éxito, como en prácticamente todas las etapas de su carrera, una curiosa relación a la hora de escoger sus entrenadores. Nombres sin apenas experiencia, que han acompañado al escocés en todos estos años. Mauresmo, el último ejemplo del excelente olfato de Andy.

A excepción de Darren Cahill, con quien colaboró brevemente en 2011, el recorrido profesional de Andy se narra a través de su intuición para escoger a cada uno de sus preparadores, todos sin apenas experiencia al más alto nivel. Fue Miles Maclagan, con quien ha compartido hasta la fecha el periodo de tiempo más prolongado, con quien desembarcó en el top-10. Habiendo entrenado a parejas de dobles -Black/Ulyett y Ulyett/Hanley-, Andy confió en su compatriota para desarrollar todo su potencial. Desde finales de 2007 hasta julio de 2010, su colaboración produjo 11 títulos ATP y la llegada al top-2. Tras su ruptura, Maclagan dejó de ser un desconocido, siendo contratado consecutivamente por Philipp Kohlschreiber, Marcos Baghdatis, Laura Robson o Sam Stosur.

En paralelo, Murray siempre confió en Daniel Vallverdú dentro del 'TeamMurray'. El jovencísimo venelozano acompañó al británico durante muchos años, relación finiquitada tras la complicada decisión del jugador a la hora de optar por Mauresmo. Sin experiencia al más alto nivel antes de su relación con Andy, Vallverdú fue solicitado por Tomas Berdych, con resultados fantásticos en este 2015. Dani seguía la estela de Maclagan tras entrenar con Murray: elevó su estatus como preparador.

Entre 2008 y 2011, Murray contrata para la temproada de tierra a Álex Corretja. El ex-número 2 español, con una enorme capacidad y credibilidad en los últimos años, aconsejó al campeón escocés en las respectivas temporadas de tierra primaveral. Corretja, sin experiencia hasta ese instante, fue contactado para ser Capitán español de Copa Davis en 2012. Tras su etapa al frente del combinado nacional, ha aconsejado a Albert Ramos y es el actual mentor del prometedor Pedro Cachín.

En 2011, tras romper con Cahill, saltaba la sorpresa. Ivan Lendl, la leyenda checa, sin experiencia alguna en el coaching profesional, fue requerido y convencido por Murray para emular los pasos del ex-número 1. Lendl no pudo coronarse en sus primeras cuatro finales de Grand Slam, mismo bagaje que el de Dunblane a fecha del inicio de la relación. La colaboración resultó ser la más fructífera de toda su carrera profesional. Ivan equilibró y realzó todo el inmenso talento de Andy, logrando una comunión idílica. Murray nunca bajó de cuartos de final en Grand Slam, compitieron en ocho majors juntos, llegaron a cuatro finales, conquistaron el US Open y la victoria en Wimbledon 2013, con un juego memorable. Era The History Boy.

Después llegaría la lesión de espalda y la renuncia de Lendl a seguir colaborando. Dos circunstancias que hicieron frágil su tenis y perdidas sus motivaciones. Su vínculo y posterior ruptura con el checo dejó al británico más que tocado. Su ánimo y su talento precipitaron su ránking más allá del top-10. Era marzo de 2014, y tras algunos meses de dudas, Murray decidió acometer una decisión casi definitiva. Necesitaba escuchar una nueva voz; buscar nuevos hrizontes. Y pensó en Amelie Mauresmo, quien presentaba una ligera experiencia con Llodrá y Bartoli, pero aún sin contacto con jugadores de otras nacionalidades. Andy prescindió de su equipo de trabajo -Vallverdú y preparador físico- y apostó ciegamente por la francesa. En cada conferencia y en cada entrevista defendió sus ideas, su trabajo y su personalidad. Cuestionado sobre si era la mejor elección, su retórica despejó cualquier duda. Creía en ella. Hoy es candidato a todo, juega con más agresividad y vuelve a destapar todo su talento en plenitud.

Su olfato para apostar por preparadores sin demasiada experiencia ha dado la razón a Andy durante toda su trayectoria. Siempre que abandonó o rompió con su coach, todas las quinielas erraron. Se hablara de Rasheed, Stefanki, Gilbert o Annacone, Murray sorprendía con un nombre que no se asomaba entre los candidatos, para después, tras separarse cada uno de ellos del británico, adquirir un estatus mayor del que tenía hasta entrenarlo. Mauresmo es el último ejemplo. El próximo, si lo hay, será extraño que salga de entre los más nombrados.

Comentarios recientes