La magia la tiene Murray

El británico da una lección de tenis en la final del Mutua Madrid Open (6-3, 6-2) y aleja a Nadal de una tercera victoria consecutiva en la capital.

El Mutua Madrid Open vio cómo, por segunda vez en su historia, Andy Murray levantaba el cetro de campeón después de aplastar a Rafa Nadal en la final (6-3, 6-2) y cortar su racha de victorias en la capital de España. El escocés, brillante durante toda la semana, suma a su título de 2008 (sobre cemento) esta nueva corona en tierra batida, lugar donde, tras dos torneos disputados esta temporada, todavía no conoce la derrota.

La primera página de la final dio a entender, rápidamente, cómo sería la última. Un jugador sólido, seguro y tocado por una varita mágica peleaba ante otro errático, perseverante pero desdibujado. Rafa Nadal representa al segundo de nuestros protagonistas, incapaz de hacer frente a un magnífico Andy Murray que todavía no conoce la derrota en tierra batida en lo que llevamos de temporada.

Repartiendo tiros a placer desde el fondo y borrando las líneas con su revés, el británico arrancó su primera final en la Caja Mágica sin dar opciones a su rival, colocando el 3-0 en el marcador y silenciando al público español, entregado al mejor jugador de la historia de nuestro país. Esa ruptura fue suficiente para firmar la primera manga, salvando un par de bolas de break en el momento crítico y demostrando que su presencia en la final no era cuestión de suerte. Raonic y Nishikori pueden dar buena cuenta de ello.

Era el primer set que perdía el balear en todo el torneo, que ya sumaba en un parcial los mismos errores no forzados que en su partido completo ante Berdych (11). En la reanudación se esperaba un cambio en la raqueta del número cuatro del mundo pero lo único que se vio fue la confirmación de un hombre que ha pasado de ser el enemigo número uno de la arcilla, a su mejor compañero de viaje. Llegó de Munich ganando la final un lunes y, con tan solo un día descanso, se adaptó a la altura madrileña para sumar nueve victorias consecutivas sobre el polvo de ladrillo. Eran sus dos primeras finales profesionales sobre esta superficie. El resultado, sus dos primeros títulos.

Igual que pasara en las dos semifinales, la Caja Mágica se quedó sin una batalla decente en la última cita del torneo, esa donde Nadal llevaba reinando los dos últimos cursos. Su derrota aquí, tras un segundo set donde se vieron, una vez más, los problemas de confianza en la cabeza del manacorí, saldrá un poco más cara que las de Montecarlo o Barcelona, llevando al español hasta la séptima posición del ránking ATP, su peor clasificación desde el año 2005, un descenso del que ya avisó el propio Rafa y que complicará, mucho más de lo que ya está, un hipotético décimo triunfo en Roland Garros, emparejándolo con los más fuertes del circuito en unos posibles cuartos de final.

En lo más alto del cajón, Murray celebraba su primer Masters 1000 sobre tierra batida, el décimo en general y el número 33 de toda su carrera. Desde Miami 2013 que el de Dunblane no arañaba un trofeo de esta categoría, tiempo suficiente para sufrir, reflexionar, y regresar al lugar que le pertenece, allí donde se reparten los grandes botines del vestuario masculino. El segundo hombre con más puntos en la Race to London encadena ya nueve temporadas levantando, al menos, dos títulos. Una regularidad que el escocés ha sabido mantener pese a sus malos resultados sobre la arena, un hándicap que ya pertenece al pasado más lejano.

La semana de Rafa, para los más optimistas, puede catalogarse como un paso hacia delante y un etapa más hasta la completa de recuperación de su juego. El dato dice que, de seis enfrentamientos ante los top-10 esta temporada, el español solo ha ganado dos, dato preocupante para alguien acostumbrado a reinar siempre ante la adversidad. Roma aparece como la última prueba en el calendario antes de la tarta final, Roland Garros, momento en el que acabará esta carrera de fondo donde el manacorense tiene todavía muchas cosas que demostrar.

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