Los rivales le pierden el respeto a Rafael Nadal

Rafael Nadal ha perdido la batalla mental contra sus rivales, los cuales ya no le temen ni en pista dura ni sobre tierra batida. 

Lo que antes era su arma más fuerte, ahora es su punto más débil. Rafael Nadal pasa por uno de los momentos más preocupantes en toda su carrera a nivel mental y de tenis. Pasados los problemas físicos que le impidieron competir en la segunda mitad de la temporada pasada, el mallorquín volvió en este 2015 con algo que hizo 'click' en su cabeza y ya no era el mismo de siempre. Retornó sin confianza, débil en la lucha mental y sin punch en su derecha como antes. Para entonces, sus contrincantes se dieron cuenta de esto y ahí comenzaron a perderle el respeto. Ya no le temían.

Porque hace años Nadal podía ir perdiendo dos sets abajo y sobre cualquier tipo de superficie que algo se respiraba en el ambiente a que en cualquier momento le daría la vuelta al marcador y remontaría. Hoy en día, es todo lo contrario. Si es Rafa el que va por encima en el marcador, se siente que en cualquier momento el partido se rompa porque su lenguaje corporal y su manera de jugar demuestra que está totalmente bloqueado en su cabeza. Que se encuenta extaño al sentir por primera vez en su carrera algo que antes no había sentido: la desconfianza.

Físicamente no le ocurre nada. De piernas está activo y se mueve con intensidad. El problema viene todo desde su cabeza. El patrón de juego a realizar en tierra lo tiene claro pero ya no le surte el mismo efecto que antes. Varía alturas y mueve al rival a la perfección pero a la hora de dominar con su derecha, su golpe no hace el daño de temporadas anteriores. Su bola no pica tan alta ni viene con el peso de cuando llegó a ser prácticamente invencible sobre esta superficie. Esa bola ya no gira como cuando en 2013 llegó a tirarla a casi 6.000 revoluciones por minuto. A día de hoy no supera las 4.000. Él mismo la calificó ayer de "vulgar". A esto se le suma el hecho de que sus rivales saben que mentalmente pasa por una laguna de la que todavía no ha logrado salir y salen a comérselo. Con su sola presencia, antes intimidaba a cualquiera. Ahora, ya nadie le tiene respeto. Siempre desde el buen sentido de la palabra.

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Los tenistas de menor nivel que él, cuando lo tienen enfrente piensan si otros tenistas pudieron derrotarle, por qué no ellos. Y así, cuando a Rafa se le ponen las cosas complicadas, le sobrevuelan esos fantasmas que le hacen encoger el brazo y que no circule como debiera. "No sé si volveré a recuperar mi mejor nivel", comentaba Rafa el pasado mes de febrero en Buenos Aires. Él mismo sabe que algo no funciona bien ahí arriba y por lo que parece, ni él ni su equipo están haciendo nada para trabajar este aspecto.

Porque mucho se le ha preguntado en las últimas semanas tanto a Nadal como a su tío Toni sobre si hacen algún trabajo específico para trabajar la fuerza mental y siempre han respondido que no, que la confianza se recuperaría con victorias, pero claro, esas victorias no acaban de llegar, y para que lleguen se necesita estar bien mentalmente, algo que recupercute en el resto de facetas de su juego. Vamos, la pescadilla que se muerde la cola.

Después de esta dura derrota en octavos de final del Conde de Godó, se hace más imprescindible que nunca una figura que ayude a Nadal a trabajar su fuerza mental y que le ayude a recuperar aquel tenista que un día fue. Un jugador sólido, sin fisuras ni lagunas mentales y capaz de enfrentarse a quien fuera sobre cualquier tipo de pista. Todos los tenistas top incluyeron en su día a alguien nuevo en su equipo. Alguien que le dio un soplo de aire nuevo y una nueva forma de ver las cosas. Véase Edberg con Roger Federer o Becker con Novak Djokovic. Sí, Nadal es un tipo que necesita de rodearse de gente muy cercana a él pero o comienza por trabajar en cambiar algo o será como dirigirse a un precipio cuesta abajo y sin frenos.

Mientras esto no pase, quizás tengamos que acostumbrarnos a ver a este Nadal. Un Nadal que es la sombra del que un día fue. Un tenista vulnerable en tierra, lejos de lo que nos tiene acostumbrados. Lo bueno, que aún tiene por delante Madrid y Roma antes de Roland Garros. Dos oportunidades para encontrar su derecha y su fuerza mental. Hasta entonces, Nadal seguirá buscando a Nadal y sus rivales querrán seguir faltándole al respeto como en todo lo que llevamos de este 2015.

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