Te casaste, acertaste

Hace 24h que Andy Murray se unió al equipo de 'casados' del vestuario ATP, pero, ¿cómo han afectado las bodas a la carrera de los tenistas? Repasamos algunos casos

Siempre se ha dicho que la carrera del tenista de élite no se puede compaginar con una vida familiar con esposa e hijos. Una leyenda urbana que se ha venido desmontando a lo largo de los años y sobre todo, después de que el tenis haya sufrido una evolución donde los jugadores han ganado en profesionalidad y compromiso. Ya no sorprende ver a las principales estrellas del ranking pasar por la vicaría –el ultimo ha sido Andy Murray- o celebrar la llegada de algún vástago. En muchas ocasiones, dar el paso puede incluso convertirse en el punto de inflexión para mejorar el rendimiento sobre la pista, pasando de ser una desventaja a una motivación.

Señor y señora Murray

Señor y señora Murray

Seguir leyendo

El tránsito rentable desde el altar a la gloria es posible. El primer caso, como padre de familia numerosa en la actualidad, aparece Roger Federer. El suizo venía de un 2008 para olvidar donde Rafa Nadal le había apartado del número uno del mundo y eclipsado en una de las mejores finales que el All England Cup ha acogido en su historia. Tras ello, el de Basilea decidió casarse con Mirka Vavrinec en abril de 2009. ¿Qué vino después? Título en Roland Garros, título en Wimbledon, vuelta al número uno, final del Us Open y título en el Open de Australia. Sencillamente brutal.

Algo parecido vivió Novak Djokovic tras contraer matrimonio con Jelena Ristic el pasado verano. Su regreso a las pistas fue un tanto dubitativo con varios tropiezos en la gira norteamericana de cemento, rematadas con una sorprendente eliminación ante Nishikori en semifinales del Abierto de EE.UU. pero, tras quitarse la caraja, comenzó su racha de triunfos en Pekín, París y Londres, una tendencia que ha mantenido en 2015 con coronas en Melbourne, Indian Wells y Miami. Todo esto, además, con la llegada de su primer hijo, Stefan. Y lo que le queda.

Pero hay más casos. Andy Roddick (abril 2009) se puede decir que ‘celebró’ su boda volviendo a una final del tercer Grand Slam de la temporada, su preferido, recuperando sensaciones de top-10 y haciendo final al año siguiente en Indian Wells y Miami (ganando el segundo). Janko Tipsarevic (julio 2010) disfrutó de un feliz casamiento durante el verano y ahorró fuerzas el resto de meses para dar en 2011 el gran salto de calidad: más de 50 victorias anuales e ingreso entre los diez mejores jugadores del ranking ATP, con participación en el torneo de Maestros como recompensa. Lleyton Hewitt (agosto 2004) fue de los primes en cortarse la corbata hace ya casi una década, una celebración que se vio prolongada con finales de manera hilada en el Us Open, Copa Masters, Open de Australia e Indian Wells. Los números hablan mucho y muy bien de lo que puede ocurrirte despuñes de intercamibiar los anillos.

Existen más casos, como el de Jurgen Melzer (septiembre 2012) que volvió al top25, o el de Nikolay Davydenko (febrero 2006) que acabó conquistando el Masters 1000 de París. Obviamente, también hubo bodas que no conllevaron al éxito, como las de Baghdatis (julio 2012), Karlovic (marzo 2005) o Fish (septiembre 2008), jugadores un escalón por debajo a los aquí nombrados que no sufrieron mejora alguna en cuanto a rendimiento deportivo. Quizá el caso que mayor contraste ofrezca sea el de Wawrinka (diciembre 2009) quien decidió separarse nueve meses después para centrarse completamente en su carrera profesional, pese a que en la actualidad se encuentran de nuevo enamorados. Si miramos un poco más allá de la época contemporánea, André Agassi se posiciona en el mismo bando que el helvético, tras su tortuosa relación con Brooke Shields, la cual le llevó a perder dos años de su vida por motivos de depresión e infelicidad.

Conclusión. Si nos centramos solo en la élite –lugar donde Andy Murray tiene asiento reservado- y obviamos alguna excepción cogida con pinzas, las bodas han traído más gloria que drama a los miembros del vestuario masculino. Con dos Grand Slams en el bolsillo y una medalla de Oro en los JJOO de Londres, puede que ésta sea la pieza que le faltaba al escocés para acabar de recuperar el feeling que reflejaba hace un par de años. Por delante tiene toda un curso para demostrar si dar el ‘Sí quiero’ es sinónimo de victoria.

Comentarios recientes