La dictadura de Serena

Serena Williams volvió a demostrar tras el Miami Open ayer que juega a una cosa diferente al resto. ¿Hasta cuando durará su reinado?

No hay manera. Pasan las semanas, los meses, las temporadas pero una cosa se mantiene insoluble sobre todos estos parámetros. Una guerrera con guantes de acero y una personalidad diseñada para gobernar sobre el resto de compañeras. Sin sudar, sin piedad y sin distinción. Serena Williams sigue sumando victorias con sus 33 años y coleccionando títulos tras dos décadas de profesionalismo a sus espaldas. La reina del tenis seguirá, al menos, una temporada más observando al resto del vestuario varios escalones por encima de la realidad. Un universo a la que solo ella tiene acceso.

El 2015 sirve como ejemplo más próximo y evidente de que la dictadura de la menor de las Williams todavía se mantiene vigente. La estadounidense abrió la temporada actual por todo lo alto, presentándose al primer Grand Slam sin rodaje alguno en las piernas. Así fue como Australia vio a Serena coronarse una vez más en Melbourne Park, asestando el primer mordisco a su palmarés.

Tras mucho tiempo de baja por problemas físicos, Indian Wells celebró su regreso por partida doble, ya que hacía catorce años que no nos paseaba su tenis en California. La mala suerte le obligó a quedarse colgada en semifinales debido a un contratiempo en su rodilla derecha, con lo que Halep pasó directamente a la final. Una semana más tarde, la revancha en Miami, donde todos sabemos lo que ocurrió. Dieciocho encuentros disputados en total y ninguno perdido. Si esto no es dominar, ¿cómo lo llaman ustedes?

Todos los números uno son perseguidos por miles de aficionados que los adoran, pero también por muchos otros deseosos de que cambie el ciclo. Serena tampoco se ha librado de estos ataques. Fue en 2014, cuando los malos resultados empujaron a la de Michigan a una espiral de tropiezos en los que muchos retiraron su esperanza de volverla a ver levantando un Grand Slam. Entonces la Gran Manzana se encargó de resolver el misterio regalándole el 19 Major a las arcas de la norteamericana. Desde aquel momento, Williams no ha dejado títere con cabeza.

Pero lo verdaderamente crudo no es la ingente cantidad de títulos que la americana sigue acumulando, sino la manera en que lo hace, postulándose como la tenista femenina que más ha castigado a las rivales de la época. Hay muchos que limitan su juego a la potencia y la explosividad. Ingenuos. Debajo de toda esa faceta de agresividad y robustez se encuentra la clase de una jugadora que ha sabido alcanzar la máxima cuota posible de su talento. Una figura irrepetible en la historia del tenis femenino.

Visto lo visto -ayer Carla apenas pudo apuntarse dos juegos en la final de Miami- parece que el panorama mantendrá el mismo guión durante muchas semanas más, dejando a Serena en una lucha interna consigo misma por medir hasta dónde puede llegar la ambición de alguien que ya lo ha ganado todo. Mientras, los vecinos del circuito masculino se quejan de que el esperado relevo no llega. No tienen ni idea de lo que hay aquí.

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