Campeón por decreto

Novak Djokovic conquista por quinta vez en su carrera el Miami Open y suma su séptima victoria consecutiva ante Andy Murray.

Un domingo nuevo con la misma historia sobre la mesa: Novak Djokovic campeón. Esta vez toco en el Miami Open, sumando su tercer título del año, el 51º en su carrera como profesional. En el otro lado de la moneda, Andy Murray naufragó una vez más ante el fenómeno serbio, incapaz de superar los obstáculos mentales que supone batir al mejor tenista del momento. Fue un encuentro disputado (7-6, 4-6, 6-0), con varios puntos de película y un tercer set que reivindicó la misma dinámica de toda la temporada: en el momento de la verdad, no hay quien pueda con el número uno.

Como en cada batalla entre ambos jugadores, el inicio estuvo marcado por la igualdad. Ciertamente, son dos estilos casi calcados dentro de la pista, tanto en sus movimientos como en el tipo de golpeo. En los dos casos, el mejor tiro es el revés y ninguno sonríe cuando tiene que subir a la red. Los intercambios iban cargados de intensidad, eso sí, con desenlaces más espectaculares que los de la final del Open Australia, un encuentro para olvidar en un torneo para olvidar. Esto es, guste o no, el tenis que nos espera en el futuro más próximo.

Entre tanta semejanza, Murray partía con la iniciativa cada vez que la situación se volvía tensa, una sensación que segundos después también se apoderaba de su raqueta. En dos ocasiones gozó de break a favor en el primer set, pero ninguna le duró más de un juego. Los nervios en su cabeza emergían en forma de excusas hacia el exterior: que si pegaba mucho el sol, que si la gorra me molesta, que si una mirada matadora a su equipo técnico o un grito perdido hacia el cielo. Pruebas evidentes de lo mal que lo pasa cada vez que se enfrenta al serbio.


Djokovic, mientras, se beneficiaba de todo este espectáculo esperando en la retaguardia para firmar el primer set en el tiebreak (7-3). El escocés se aferraba a su drive profundo, cargado de una rabia que arrastra desde Wimbledon 2013, última vez que logró superar al balcánico. Pero ya ni eso le funcionaba. El número uno tiró del carro en el desempate con una ventaja amplia y así apuntarse la primera manga de la final, esa que dicen que significa medio título. Aunque veces estas predicciones fallan.

Andy siguió remando pero la barca de sus pensamientos parecía ya desbordada. El momento exigía un '' pero su cabeza decía 'no', exactamente igual que en los seis duelos anteriores. Seguía siendo mejor que su oponente, pero la presión jugaba en su contra. Hasta que llegó el momento crítico, con 5-4 arriba y restando para igualar la contienda, Djokovic volvió a sufrir una desconexión, como en la mayoría de rondas anteriores, y le sirvió las tablas en bandeja al británico (4-6). Aquello todavía no había acabado.

El 'chacal' estaba herido. Como a cualquier personalidad ganadora, la derrota es algo que no aceptan de ninguna de las maneras. Mucho menos si han sido tus errores los que han podido provocarla. Incluso le vimos tomarla con el público dedicándoles unas palabras que esperamos que nadie entendiese. Menos mal que siempre hay un serbio en la reserva para despejarnos las dudas.


Así llegamos a la última escena de la obra, donde aparecen los héroes, donde Novak nunca falla. Comenzó con un break tempranero para allanar el camino hacia el título, paralizando por completo el júbilo de Murray y devolviéndole la ansiedad a su organismo. Luego llegó otro break. Y otro. Y finalmente, el olvido. Ya no había vuelta atrás, el título en Miami ya tenía dueño, el mismo que el curso anterior. El mismo que en Australia y en Indian Wells. Tres grandes citas selladas bajo la misma espada, la del número uno mundial.

Si en el circuito femenino Serena es la clara dominadora, aquí ese papel lo ocupa Novak Djokovic, que con 22 Masters 1000 ya tiene a tiro a Roger Federer (23). Murray tendrá que esperar para saborear de nueva una gran corona, derrotado de manera cruel y obligado a dar en una semana el 'Sí, quiero' con tintes de tristeza. Mientras, el pupilo de Boris Becker sigue celebrando su paternidad. Desde la llegada de Stefan, Nole ha disputado siete torneos y ha ganado cinco. Ni siquiera eso le ha descentrado de su objetivo, todo lo contrario, ahora es más peligroso que nunca. En un gobierno cerrado, un campeón por decreto.

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