Nadal se reconoce en el espejo

Rafael Nadal doblegó la dura resistencia de Carlos Berlocq en Buenos Aires y vuelve a una final casi nueve meses después

Como un embarazo. Casi nueve meses después, Rafael Nadal volverá a jugar una final tras aguantar las embestidas de Carlos Berlocq en Buenos Aires: 7-6(7) y 6-2.

Sin alcanzar su mejor nivel de agresividad y acierto, Nadal recupera su esencia, su carácter en la pista, la fuerza interior y la capacidad de sufrimiento que tantas veces le han levantado. Rafa transmite más confianza en su juego y en sus movimientos, golpea con mayor decisión, muestra menos dudas en el momento de atacar y más intención en las direcciones.

Nadal.

Berlocq planteó a Nadal un partido de gran exigencia mental y física. El rendimiento del tenista argentino fue muy superior a lo que sugiere su ranking actual (nº 74). Su primer saque arrinconaba al tenista español, y su raqueta se transformaba en martillo por el lado de la derecha. La agresividad de Berlocq llevaba a Nadal al límite. El argentino, crecido ante su público, luchaba a grito pelado y casi celebraba el triunfo parcial en el primer set con un 6-1 favorable en el tie-break.

En ese momento, la cabeza y las piernas de Nadal respondieron como en las mejores ocasiones. El tenista español salvó cinco puntos de set de forma consecutiva y dio un giro de 180 grados al partido.

Berlocq.

Berlocq no se derrumbó, pero acusó el sobresfuerzo mediado el segundo set. Un Rafa más reconocible vuelve a una final en la que se encontrará a Juan Mónaco, su amigo y compañero de dobles esta semana.

El mejor Nadal no ha vuelto, pero Rafa es Rafa en Buenos Aires, en su superficie predilecta y en unas condiciones climatológicas menos exigentes que las de Río.

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