Rubén Merchán, una lección de vida

El ex jugador de tenis, Rubén Merchán, superó tres cánceres con 17, 21 y 24 años a base de coraje y fuerza. Una historia de superación y amor.

Rubén Merchán (Jaén, 1983) trabaja como entrenador en la Academia 4Slam de Gavà Mar (Barcelona) y lleva toda una vida relacionado al tenis. Comenzó a jugar en el colegio y a día de hoy sigue ligado al deporte que le apasiona. A Rubén, con tan solo 17 años, le diagnosticaron un Linfoma de Hodgkin, un cáncer que se origina en los glóbulos blancos y que lo tuvo con quimioterapia 6 meses. Tras una dura rehabilitación, superó la enfermedad, volvió a competir al más alto nivel y se metió entre los 550 mejores del mundo. Cuando estaba en una línea ascendente como profesional, el cáncer volvió a aparecer en su vida en dos ocasiones más. El protagonista cuenta en Punto de Break cómo superó la enfermedad, cuáles fueron los motivos que le hicieron luchar por su vida y la transformación espìritual que vivió gracias a sortear la muerte en diferentes ocasiones. Una historia de dolor, amor y superación personal.

Rubén Merchán recibe a Punto de Break en una cafetería del barrio barcelonés de Sarrià. Está ansioso, con ganas de explicar su historia. Transmite buenas vibraciones e irradia felicidad y bondad en cada uno de sus gestos y palabras. Se aprecia en él un hombre de gran corazón, un sabio de apenas 31 años que aprendió a base de duros obstáculos en su vida. La fuerza, el coraje y el positivismo es parte de su ADN. El tenis, la familia, sus amistades y el amor, los motores de su existencia.

El tenis le llamó la atención desde bien pequeño...

Sí. Nací en Jaén, me trasladé muy jovencito a Almería y ahí en el colegio empecé a jugar al tenis. Con 9 años ya jugaba torneos y entrenaba 3 horas diarias. A los 11 empecé a ganar torneos más importantes y con 12 ya gané el Campeonato Alevín de Andalucía.

¿Ahí es cuando la Federación Española de Tenis le echó el ojo?

Sí, había ganado también el de Infantil y luego ya la Federación se fijó en mí. A los 14 empecé a entrenar en el CAR de Sant Cugat y a viajar por Europa haciendo torneos internacionales.

Hizo todo a edades muy tempranas.

Sí, a los 14 ya vivía en Barcelona y a los 16 empecé a jugar Futures. A los 17 años ya tenía mis primeros puntos ATP, cosa que hoy no es fácil.

Usted es de la camada de jugadores como Fernando Verdasco, David Ferrer, Feliciano López o Guillermo García López entre otros...

Sí, jugué contra ellos, compartimos torneos y experiencias. El primero que sacó puntos en esa época fue (Carlos) Cuadrado, luego yo y más tarde Verdasco... ¡que luego nos pasó como una moto! (Risas). Soy de la misma camada que algunos de ellos, de 1983...

Vivió cosas muy buenas a edades muy tempranas pero también lo malo. A los 17 sufre el primer revés severo de la vida...

Sí, tuve un cáncer linfático, linfoma de Hodgkin. Me salió un bulto muy grande en el cuello que me hizo parar con el tenis porque era imposible competir así.

¿En qué momento se lo detectaron?

Estaba jugando un torneo, recuerdo que tenía la final de un Nacional al día siguiente. Esa noche me voy a dormir, y cuando me levanto por la mañana me miro al espejo y tenía un bulto enorme en el cuello, era enorme. Me salió de la noche a la mañana, literal.

¿Este tipo de cáncer suele ser muy agresivo?

Sí, me sorprendió totalmente. Estaba perdido. Me fui directamente a urgencias y ahí empezaron todas las pruebas. Analíticas, biopsias... una pesadilla. Tenía pánico pero no sabía por dónde iban los tiros. Me dijeron que me tomara un antinflamatorio para ver si se me iba... ¡imagínate!

¿Pasó tiempo hasta que le diagnosticaron cáncer o se lo detectaron rápido?

Pasaron varios días hasta que me lo dijeron. Recuerdo que le comenté al médico que no podía parar porque acababa de coger mis primeros puntos ATP. Me dijo que el tenis no importaba en ese momento, que me centrara en esta lucha.

¿Cómo se pelea contra el cáncer con 17 años de edad?

Aguantando lo que te echen. Día a día, como si fuera un trabajo. Es muy, muy duro. La quimioterapia es durísima. Te mata todo: defensas, células... te deja muerto. Estás cansado todo el tiempo, te intoxica. Son productos químicos que van por la sangre y te la infectan. Es como la peor resaca de tu vida pero multiplicado por diez.

Complicado.

En ella época no lo podía creer, quería olvidarlo cuanto antes. El tratamiento era de seis meses y no hacía más que contar día a día.

Pero pasaron esos seis meses y se recuperó.

Así es. Me recuperé, lo superé.

¿Retomó el tenis?

Sí, pero empezaba nuevamente de cero si quería dedicarme. El físico se me fue absolutamente todo. Estando seis meses en una cama... pierdes todo. Empecé muy motivado y en un añito me puse con 50 puntos. Me sentía muy fuerte mentalmente.

Esa etapa parece que lo fortaleció mentalmente. ¿Qué había aprendido de esos seis meses tan complicados?

Que el tiempo vuela, que no podía perder ni un minuto de mi vida. Ni un minuto de mis entrenamientos, de mis partidos ni de los viajes. Nunca sabes lo que te puede pasar.

¿Le hace vivir más el presente?

Totalmente, y te entra una especie de motivación extra. Podría estar muerto y ahora tengo una segunda oportunidad. Ahí me entró una obsesión brutal por el tenis, quería llegar lo más alto posible. Quería tener mi Fundación y poder ayudar a los que pasaran por algo similar y poder terminar con esto (la enfermedad) que es una auténtica basura.

Sin embargo, cuando tenía 21 años, la vida vuelve a darle otro raquetazo.

Llevaba dos o tres años jugando, peleando en los Futures y Challengers y volví a recaer de lo mismo. Volví de un torneo en Turquía y me noté algo, unos bultitos en el cuello que me daban sospechas. Me hice pruebas y me dijeron que había recaído.

...

Creo que ese fue el peor día de mi vida, no lo podré olvidar jamás. Se me vino el mundo encima porque ya sabía lo que era y a lo que me tenía que enfrentar. Fue peor que la primera vez.

¿Por qué es peor?

Porque la primera no sabes a lo que te enfrentas, en la segunda sí.

¿Recibió el mismo tratamiento?

No. Fue más severo, más duro, más concentrado, más días. Todo más fuerte. Si antes, con el primer tratamiento, no había sido suficiente para matar esas células ahí me fundieron el cuerpo. (Respira, toma aire y le da un trago al refresco...). No es sano eso, te puede matar.

¿La enfermedad mata pero el tratamiento puede matar?

Sï, es así de duro. Es lo malo de todo esto.

Pero en su caso no solo era quimioterapia sino que, además, le tuvieron que hacer un trasplante de células.

Me quitaron mis propias células, me hicieron un tratamiento radical... me dejaron a cero. Me quitaron todas las células, las defensas... todo. Un 'reset' completo donde luego me implantaron mis células madre nuevamente para así poder recuperar muy lentamente y despacio.

Volver a empezar.

Eso fue un homicidio. Quedé muerto, es muy duro. No tenía fuerza, estaba todo el día vomitando. Te hace sentir como un trapo y no puedes hacer nada.

¿Se le pasó por la cabeza el pensamiento de 'vale la pena pasar por todo esto'?

Buah... ¡imagínate! Pues sí, muchas veces. En momentos bajos de ánimo me quería ir, no aguantaba más. Pero sabía que si aguantaba, podía tener calidad de vida.

¿Qué le mantenía con fuerzas?

La familia, las cosas que me gustan, el deporte, la música... mis pasiones. Pero sobre todo, mi familia. Yo luchaba por ellos. Si hubiera estado solo, al segundo día de ir al hospital y que me pongan esa basura, yo aquí no vuelvo. Pero ellos me obligaban a luchar. Me decían que tenía que vivir y que no podía dejarlos. Me daban todas las fuerzas que necesitaba. No los podía abandonar.

Y no fue así, ya que vuelve a ganarle la partida al cáncer por segunda vez en su vida.

Así es. Me recupero del trasplante pero ahí decido dejar de jugar al tenis profesional. Juego algunos torneos Futures y Challengers con ranking protegido pero muy 'light'.

¿Había visto que el tenis era secundario?

Si, es que era empezar nuevamente de cero y el médico me había dicho que no merecía la pena otra vez hacer tanto sacrificio. Venía de un trasplante de médula que no es un resfriado. Entonces me lo tomé con más calma. Combinaba (jugar por) equipos con trabajo. Me puse como entrenador en el Turó (David Lloyd). Descubrí que esto me hacía feliz porque estaba más tranquilo.

¿Si hubiera querido, podría haber intentado volver al tenis nuevamente?

Claro, era joven. Pero pensé que más vale disfrutar la vida tranquilamente. El tenis no lo es todo.

Recupera la vida, pero esta misma a los 24 le da otro mazazo. Por tercera vez, el cáncer aparece.

Sí. Vuelvo a recaer nuevamente a los 24 años. Era una pesadilla que me perseguía.

24 años y tres veces cáncer...

Mira, ahí pensé: "Ahora sí, hasta aquí ya hemos llegado". Chau... no hay nada que hacer.

¿Por qué sintió eso la tercera vez?

Porque dije tres veces es insuperable. No hay nada que hacer aquí. Cuando me lo dijeron, ya me estaba despidiendo. Si la primera y la segunda fueron mortales... ¿la tercera qué va a ser?

¿Qué le dijeron?

Que había que ir por un trasplante de médula de donante, que era muy arriesgado. Te infunden células que no son tuyas y esto es riesgoso. Mi cuerpo rechazó las células. Fue un proceso duro y largo. Estuve esperando el donante ocho meses mientras yo estaba con quimioterapia.

¿Qué hacía durante el tiempo que esperaba un donante?

Llenaba mi mochila porque sabía que podían ser mis últimos meses de felicidad. Disfrutaba cada momento, de todo. De lo más sencillo. Miraba el sol, escuchaba los pájaros, paseaba mi perro, disfrutaba del amor de mi familia, de mis amigos, todo. Ahí cogí muchísima fuerza. Sentía que mucha gente estaba conmigo. Me arropé en el amor. Si estás solo, es imposible. El amor es el motor que te mueve. Si no, es insuperable.

¿Sabe de dónde provinieron esas células madre?

Fue una mujer de Alemania pero no sé nada más. No te pueden decir datos concretos. El donante es anónimo. No me dan la posibilidad de saber quién es pero me encantaría.

¡Qué alivio recibir la noticia de que había aparecido un donante!

En parte fue una buena noticia pero por otra me entró miedo. Hoy en día creo que las posibilidades de sobrevivir cuando se entra en una operación así son del 50%.

¿Cómo se sentía en ese entonces?

Estaba más tranquilo. Si salgo, pues bien. Si no, a tomar por saco. Más no puedo hacer. Era como el partido más importante de mi vida. Era un tratamiento radical, te hacen un 'reset' total... ahora tengo la inmunidad de otra persona, es muy bestia todo.

Entiendo.

Estuve dos meses sin ver a nadie, solo a la enfermera que me entraba vestida como de la NASA (risas). Estaba aislado del mundo porque a la mínima que pillas una gripe, estás K.O. Solo podía ver a mi familia a través de un cristal. Estaba consciente pero medio drogado para no pasarlo tan mal.

¿Qué pensaba?



Aguanta, aguanta, aguanta. Cada día era un partido. Sobre todo pensaba: '¿para qué he venido yo aquí? ¿Para sufrir? ¿Qué significado tiene todo esto?'

Y usted aguantó porque por tercera vez en su vida le ganaba una partida al cáncer.

Sí. Ahí fue cuando me empecé a plantear qué era lo que quería hacer en mi vida.

¿Cómo fue cuando salió de la cama después de dos meses encerrado en una habitación?

Salí y estaba con todos los músculos atrofiados. No podía ni caminar. Salí en silla de ruedas pero no podía creer estar fuera. Empecé a dar vueltas por el hospital y disfrutaba de darme un paseo por ahí o simplemente de hablar con mi familia.

Impresionante.

Recuerdo que subí al balcón y veía los coches, los árboles, todo... era raro. Muy raro. Me sentía como en una película, perdí noción del tiempo y pensé que había estado encerrado como 50 años.

Ahora tiene 33 años y hace 7 que vivió toda esta pesadilla. ¿Cómo se encuentra a día de hoy?

Bien. Cuando pasan los 5 años (desde la última recaída) es que todo va por buen camino y no tiene por qué repetirse. Yo estoy convencido de ello, no se va a repetir. No tiene por qué.

Se podría decir que tiene otro interior ahora...

Digamos que sí, la carcasa es la misma pero el interior es otro.

No solo a nivel de células sino también como persona...

¡Totalmente! Soy otra persona. Me cambió la manera de ver la vida, la filosofía. Me cambió todo. Soy completamente otra persona. Trato de disfrutar cada segundo porque la vida vuela. Te puede pasar cualquier cosa y cada segundo puede ser el último. Reconozco que soy un loco de disfrutar de mis aficiones.

¿Tiene nuevas?



Sí, he aprendido a hacer surf. Soñaba con surfear una ola y ahora tengo buen nivel. También hago snowboard, estoy aprendiendo salsa y cosas que no había hecho en mi vida. Me lleno de aprendizaje para que esto vaya conmigo siempre. La vida es un camino pero lo que interesa es llenar el alma para que, cuando se vaya, esté llena de amor.

¿Por una parte agradece que le haya pasado esto?

Hombre... es demasiado duro pero sí. Te moldea totalmente. Como persona he evolucionado lo que otro tal vez lo haría en 7 vidas para llegar al nivel mental y humano que tengo ahora. Se avanza muy rápido con el cáncer. Desgraciadamente nos tienen que pasar cosas así para que abramos los ojos. La gente entra en rutina y se olvida de la vida, que es lo más importante.

Y pensar que hay gente que se frustra por perder un partido de tenis...

Bueno... sin ir más lejos yo perdía un partido en Turquía, por ejemplo, y me quería suicidar. Había perdido 5 puntos ATP y... ¡me quería pegar un tiro! Luego lo ves y dices: '¿Realmente me quería suicidar por un partido? ¡Y es que me quería morir de verdad, eh!

¡Despertó Rubén!

Hay que minimizar los problemas tontos y disfrutar porque esto (la vida) va que vuela. Si tengo trabajo... o más o menos dinero... es muy relativo todo. Lo importante es la salud, de verdad. Poder estar bien y feliz, con eso ya es suficiente para disfrutar de las pequeñas cosas de la vida.

¿Qué misión tiene en esta vida?

Decidí meterme en fundaciones y estar en contacto con los pacientes. Empecé a hacer campañas y ayudas psicológicas a gente que la está pasando mal... Sentí que estaba obligado a ayudar o transmitir a los enfermos que se puede salir de esto. Se puede recuperar una vida. Se necesita mucho coraje, fuerza, algo de suerte, pero sobre todo, quererlo. A veces unos salen con una calidad de vida y otros con otra, pero hay que adaptarse. Como decía Bruce Lee, "Be water, my friend". Adáptate. Fluye.

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