'Gilles Muller', la estirpe sin altavoz

Gilles Muller acaricia el top-30, su mejor estatus, tras una larga lesión, y con su particular estilo de juego. Alcanzar el éxito cuando más difícil te lo ponen

La contundente victoria con la que el luxemburgués Gilles Muller sometió al Nº11 Grigor Dimitrov en ronda 2 de Rotterdam fue sorprendente... hasta cierto punto. Bajo techo y con su extremo sistema de juego, Muller suele resultar incómodo. No fue sin embargo un contexto táctico lo que dio a Gilles el triunfo. Su actual momento de forma tiene un doble mérito. A sus 31 años y tras una dura lesión de codo que le tuvo siete meses alejado de las pistas y un 2014 competido en su práctica totalidad en el circuito Challenger, Muller atraviesa el mejor estatus de toda su trayectoria profesional.

Al borde de los 30 tu codo dice basta. Estás siete meses sin pisar una cancha y necesitas salir del pozo -llegando a estar en el puesto 374- a base de una temporada completa jugando en una categoría inferior a la que te ha consolidado como integrante del top-100. Pasados los 30, comenzando tu 15ª campaña como jugador profesional y tras esa complicada lesión, alcanzas tu mejor posición, después de enlazar cuartos de final en Chennai, semifinales en Sidney y octavos de final del Open de Australia. Y todo, desde un perfil técnico y táctico en clara recesión.

Al igual que Feliciano López, incluso con menos recursos si cabe, este zurdo lleva toda su vida heredando y perpetuando una idea que hace mucho tiempo dejó de ser una norma y un éxito al más alto nivel, logrando el mayor reconocimiento en el rankign de toda su vida. Un perfil que hace casi dos décadas que dejó de tener altavoz y testigos que siguieran llevando a cabo un negocio vigente desde que el tenis es profesional.

El saque y volea es prácticamente un anacronismo que pertenece a los que formaron sus capacidades antes del nuevo milenio. De ahí que los Llodra -ya retirado-, Feliciano, Fish, Stepanek o Federer cobren especial importancia, como guardianes de un concepto que no tiene cabida en las Academias formativas y de alta competición, pero que vivió durante muchos decenios un periodo de incuestionable valor.

De esa distinción y de una latitud que no le otorga numerosos fans que reconozcan su especialidad a nivel mediático, renace Gilles Muller. El luxemburgués más que representar un tenis de calidad, se reivindica como embajador de un recuerdo. Un puñado de jugadores que sujetan la memoria de aquellos que se hicieron de renombre con un concepto de partida idéntico. Reconocidos como el molde perfecto de una idea de juego que no era puesta en cuestión. Becker, Edberg, McEnroe, Rafter, Henman... de alguna manera perviven por jugadores como Muller. Sorprende que ahora, a sus 31 años, tras una larga lesión y un patrón tan en desuso, Gilles haya tomado las armas y cogido el altavoz.

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