Novak Djokovic reina en Melbourne

Derrota a Murray en una final de nivel muy bajo donde el miedo a fallar por parte de ambos y la falta de dominancia fueron tónica. Octavo Grand Slam para el serbio.

Novak Djokovic levantó hoy en Melbourne su octavo título de Grand Slam después de derrotar en la final del Open de Australia al británico Andy Murray por un marcador de 7-6, 6-7, 6-3 y 6-0 después de casi cuatro horas de una final pobre, donde vimos un nivel de tenis muy bajo rayando lo decepcionante en ciertos momentos donde ninguno de los dos parecía querer ir por el partido y donde el miedo a fallar fue protagonista durante todo el encuentro.

Djokovic salió un poco apagado siguiendo la misma tónica de su encuentro de semifinales ante Wawrinka. Parecía tan desaparecido como el verano austral en el día de hoy ya que Melbourne estaba nublada y con 16 grados de temperatura, algo que hizo que el público tuviera que usar ropa de manga larga. Murray pareció tener la temperatura perfecta para su juego y no pasó mucho tiempo hasta que en el tercer juego del encuentro dispuso de tres bolas de break al resto. Fue ahí donde Novak despertó y sacó ese tenista inmenso que lleva dentro para no sólo salvar ese 0-40 en contra sino para llevarse los siguientes tres juegos con un tenis espectacular.

Pero Nole no podía mantener ese altísimo nivel todo el tiempo y Andy sabía que su momento debía llegar tarde o temprano. Para cuando restaba con 2-4 abajo, el partido se tornó más físico y ambos jugadores ofrecían rallies largos donde no existía un dominador claro del juego. Djokovic gesticulaba intentando encontrar aire, como si le faltara respiración. Las alternativas se iban sucediendo de un lado a otro, así como los breaks. Murray aprovechó la suya y quebró el saque al serbio, que en el siguiente juego cayó al suelo en la red intentando cambiar de dirección y todo el peso de su cuerpo se apoyó en su muñeca derecha, dañándose su dedo pulgar. Algo de lo que se quejó por varios minutos y que le llevó incluso a pedir el fisio sin mayor trascendencia.

El partido parecía estar donde Murray quería ya que Novak no rehuía a disputar intercambios de muchos golpes donde apenas se buscaba algo más de que el otro fallara. Quizás era Murray el que parecía tener más miedo de cometer el fallo y no le vimos ser lo agresivo que fue en los partidos anteriores a esta final. Después de que todo se igualara a seis, el reloj marcaba ya la hora de juego. Murray pareció llegar mejor que Nole a este desempate pero dudó en los momentos claves y tirando larga una volea fácil con cinco iguales y un error a continuación, entregaba el primer set a Djokovic.

Al comienzo del segundo set parece que la táctica de Murray de querer llevar el partido a lo físico había surtido efecto ya que aunque con haber soltado tensión después de ganar la primera manga, Novak parecía tener problemas en sus piernas, que no parecían moverse con la soltura que debían. El de Belgrado intentaba saltar para liberar tensión acumulaba en unas piernas que parecían plomo. Andy tomó ventaja de esto y se puso 2-0 arriba para de nuevo, volver a sufrir una pájara mental importante y entregar los siguientes cuatro juegos ante un Djokovic que sin muchos alardes, reconducía la situación cuando las cosas se ponían feas.

Y es que mientras Nole tenía claro que debía atacar el segundo saque del británico, Andy no tomaba absolutamente ningún riesgo al resto. Djokovic no estaba sacando nada bien y Murray no estaba aprovechando esta circunstancia. Con menos de un 50% de puntos ganados con el primero, el de Belgrado tenía mucho mejor porcentaje con el segundo saque, lo que probaba que Andy prefería jugarse un intercambio antes que ser agresivo. La cosa casi parecía no ir con él ya que era el propio Nole el que parecía más contrariado cuando fallaba que Murray, que era quien realmente estaba en problemas al encontrarse al borde de estar dos sets a cero en contra.

El partido tomaba unos giros no apto para personas predispuestas a marearse. Y es que ahora era Murray quien se hacía con cuatro juegos de manera consecutiva, llegando a tener bola de set al resto, pero la mano le tembló al tirar un revés paralelo, que se quedó en la red. Sonará repetitivo, pero es que ninguno quería tomar el mando del encuentro y el miedo a fallar se podía sentir sobre la pista. De nuevo, otro tie break y aquí sí que fue Andy quien pareció tener sangre en las venas y aunque con algún apuro, se lo llevó de manera sencilla. Todo igualado.

Al comienzo del tercero los calambres volvieron para Djokovic, pero de manera aún más significativa. Apenas podía moverse lateralmente y no dejaba de estirar entre punto y punto. Murray volvía a ponerse 2-0 abajo, igual que en el segundo, pero sorprendentemente, Andy deja de jugar puntos físicos, empieza a cometer errores de bulto y permite a Nole volver al partido e igualar las cosas a dos. Calcado al anterior set. Djokovic, tocado físicamente y sin hacer un gran juego, seguía vivo en la final. Mientras, Murray, como si la cosa no fuera con él. Su lectura del partido estaba siendo pésima. Casi como la final, podríamos decir.

"So ridiculous. So many times! How do yo do it to yourself?!", exclamaba Andy a viva voz en la Rod Laver Arena mientras veía cómo Djokovic se le escapaba de nuevo en el marcador para su desgracia. Al serbio le bastaba aumentar ligeramente su nivel de juego para que al británico se le moviera hasta el piso, como dirían los argentinos. En apenas 39 minutos, Novak se apuntaba el tercer set y cogía medio trofeo con las manos mientras Andy gritaba y se desesperaba en su banquillo. El de Dunblane tendría que hacer algo más que gritarse a sí mismo si quería tener alguna oportunidad en esta final.

Andy seguía bloqueado mentalmente. Perder ese tercer set le afectó demasiado y además de él, perdió también el control de su juego. Novak no iba a comenzar la manga con calambres como los dos anteriores y con poco le bastaba para hacerle mucho daño al británico que estaba totalmente fuera del partido. Los break iban cayendo uno detrás de otro y el rosco final muestra la clase de empanada mental que Murray tenía en su mente.


Es el octavo título de Grand Slam (quinto en Melbourne) para un Djokovic que hoy, con poco que ha hecho, le ha bastado para llevarse la victoria en una final de un nivel muy bajo. La cara de los dos durante la ceremonia de entrega, donde parecía que ambos habían perdido, muestra lo raro de este partido. Poco positivo que sacar de esta final. Tan sólo esperar que los próximos torneos la cosa mejore.

LA APUESTA del día

Comentarios recientes