El día que Nadal hizo llorar a Federer

Recordamos el día en que Roger Federer no pudo evitar romper a llorar tras perder la final del Open de Australia 2009 ante Rafa Nadal.

Rafael Nadal y Roger Federer.
Rafael Nadal y Roger Federer.

Han pasado muchos años desde aquel 1 de febrero de 2009 en Melbourne. Fue el día de una inolvidable final del Open de Australia entre Rafael Nadal y Roger Federer, números 1 y 2 del mundo respectivamente. La rivalidad entre estos dos mitos estaba en su máximo apogeo. Sólo unos meses antes, Nadal había derrotado a Federer en las finales de Roland Garros y Wimbledon. La prensa internacional hablaba entonces de “comienzo de una nueva era” tras la tiranía de Federer en los años anteriores.

Roger se había resarcido de esas dos finales perdidas con el título del US Open. Unos meses después, con Rod Laver y otras leyendas del tenis como testigos, Nadal y Federer jugaban algo más que un partido de tenis. El español tenía la oportunidad de ganar su primer grande sobre pista dura. El suizo, de igualar los títulos de Grand Slam de Pete Sampras.

Roger Federer.

El estado físico de Nadal centraba el debate previo a la final. En semifinales, Rafa había superado de forma agónica a Fernando Verdasco en un partido de 5 horas y 14 minutos de duración. Además, su semifinal se había jugado el viernes por la noche y Nadal no había podido dormir hasta las 5 de la mañana del sábado. Mientras, Federer había ganado su semifinal el jueves (tenía un día más de descanso) con un desgaste mucho menor.

“Tuve algunos problemas entrenando ayer y hoy. Estaba bastante preocupado, no estaba seguro de poder estar a mi mejor nivel. Es duro sentirse así cuando juegas tu primera final en Australia”, declaró Nadal tras la final. Antes del partido, Federer no creía que el cansancio de su rival fuera un factor determinante, y la realidad de la pista ratificó su pronóstico.

Fue una final sin un claro dueño, decidida por detalles. Las alternativas eran constantes, ya que Rafa y Roger se mostraban vulnerables al servicio. Federer sólo logró un 52 por ciento de primero saques, lo que suponía una invitación al sufrimiento ante un rival de la solidez de Nadal.

Rafael Nadal.

Era una final en la que aguantar la presión y no fallar en los momentos críticos marcaba la diferencia. Este aspecto decantó el partido hacia el lado de Nadal, que durante el tercer set salvó los seis puntos de break en contra que afrontó y mostró una consistencia sobresaliente en el tie-break. “Ganar el tercer set fue vital. Se hubiera puesto muy complicado si lo hubiera perdido”, declaró Nadal posteriormente.

Sin embargo, Federer tuvo capacidad de reacción y mandó la final al quinto set. El guión del partido reflejaba la igualdad en la pista y aumentaba la tensión en la grada. Conteniendo la respiración durante cada punto, los espectadores del Rod Laver Arena asistían al parcial definitivo que decidía el campeón del Open de Australia.

Mientras la ilusión de Nadal por el título superaba a su fatiga, Federer se desdibujaba ahogado en sus propios errores. La inesperada caída del suizo restaba dramatismo al último capítulo de la final. Tras 4 horas y 23 minutos de juego, una derecha de Federer que botaba más allá de la línea de fondo hacía que Nadal se tumbara sobre el azul de la pista como campeón del Open de Australia: 7-5, 3-6, 7-6(3), 3-6 y 6-2.

Con 22 años, Rafa ganaba su sexto título de Grand Slam. Era el primero en una pista dura. Nadal se convertía en campeón sobre todas las superficies y reinaba en tres de los últimos cuatro grandes. Unos minutos después, en la ceremonia de entrega de trofeos, Roger fue protagonista de una escena que impactó al mundo. Visiblemente emocionado, Federer pronunciaba el ya famoso “God, it’s killing me” (Dios, me está matando) antes de romper a llorar y no poder continuar con su discurso. Nadal, tras recibir su copa de campeón, se acercaba hasta Federer para consolarle. Las primeras palabras de Nadal fueron de ánimo hacia su rival: “Recuerda que eres un gran campeón. Eres uno de los mejores de la historia y seguro que vas a batir los 14 (Grand Slams) de Sampras”. El suizo, algo más entero, volvió a coger el micrófono para felicitar al español.

“Quizá no debería haber estado ahí fuera en el quinto set. Debería haber ganado el primero y el tercero. El resto de la historia ya la sabemos todos”, declaró Federer posteriormente en rueda de prensa. A día de hoy, sigue siendo la única final entre Nadal y Federer en el Open de Australia. Quizá no vuelva a haber otra. No la habrá este año, ya que el cuadro les sitúa en el mismo lado. Aquel 1 de febrero de 2009 dejó huella en una de las rivalidades más grandes en la historia del tenis. Rafael sonrió. Roger lloró e hizo llorar.

Editado: 09/01/2017

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