Gaël equilibra la final

El frances Gaël Monfils iguala la final de Lille después de aniquiliar a un difuminado Roger Federer en tres mangas, 6-1 6-4 6-3. Mañana, el dobles

En un partido dominadísimo de principio a fin, el francés Gaël Monfils dejó igualada la final de la Copa Davis tras romper hasta 4 ocasiones el servicio de Roger Federer. Su gran nivel al servicio y su mejor movilidad y mentalidad para competir cada segundo de partido le dio la victoria. Federer quedó a merced del parisino, sin detectar ni leer el servicio del galo, atrapado en su nula adaptación a la arcilla del Pierre Mauroy.

Si hay un jugador que puede revertir una situación anímica complicada, ese es Gaël Monfils. El número 2 francés saltó a la pista después de que Wawrinka desangelara al número 1 local y a toda una afición que necesitaba un estímulo para condicionar ambientalmente una final que podía ponérsele muy cuesta arriba si Federer se alzaba con la victoria. El arranque de partido es puro corazón de un jugador al que siempre le faltará equilibrio para competir en diferentes contextos de partido pero que es perfecto para llenar de energía una serie como esta.

Desde el primer punto del choque Monfils salió a gritar, sin hacerlo, con cada golpe. Nada especulativo, conectó hasta 20 golpes ganadores en siete juegos, con un nivel al servicio únicamente sostenible desde el plano emocional. Un deseo recorría cada estela que Monfils dibujaba desde el primer tiro: ser el héroe de esta eliminatoria. Con un break rápido y la confianza por las nubes, Monfils creó un nuevo partido. El que llevó a Federer a replantearse una remontada que debía acometer sin físico, ni movimientos ni feeling con la arcilla.

Al suizo se le vio sin seguridad atrás, sin respuesta al resto, sin leer el servicio del galo. Sin un plan claro, con una pista muy lenta, a Roger le ha faltado conocimiento y sensibilidad con las características de esta superficie. Y Monfils, vivo y lustroso tanto en sus pies como en sus manos y cabeza, se lo hizo pagar. Tanto con la iniciativa, como con el contragolpe, la fase del juego que dejó totalmente seco al suizo, muy parado y sin la liquidez del que se mueve con garantías en un piso que ya ha domado en días previos.

El segundo y tercer set siguieron el mismo patrón. Monfils seguía muy sólido con su saque, del que a diferencia de la final de Wimbledon, cuando el de Basilea afirmó leer demasiado tarde el servicio de Djokovic, siguió sin poder hacer dudar al francés, como sucediera en el US Open. En esta ocasión Monfils templó muy bien sus habituales desconexiones mentales y tácticas y siguió jugando con veneno, no tanto desde el ataque pero si con ganas de buscar ganadores desde las transiciones. No especuló y a un ritmo más bajo también supo maltrechar a Federer.

La final llega empatada sin conocer aún el dobles que dispondrá Severin Luthi. La espalda y el quebrado ánimo de Federer sigue dictando esta final. El número 2 del mundo llegó a Lille para coronar su palmarés, empresa que ahora mismo se vislumbra menos clara.

Comentarios recientes