Happy Birthday, Mr. Connors

En el día de su 62 cumpleaños, Punto de Break repasa una de las figuras más emblemáticas y polémicas de la historia del tenis, Jimmy 'Jimbo' Connors'

Jimmy Connors
Jimmy Connors

110 títulos ATP le avalan. 1253 victorias. 8 títulos de Grand Slam. Retirado a los 41 años. Jimmy Connors, uno de los avatares más simbólicos, guardián de una pasión inaudita, cumple hoy 62 años, 21 ya sin su talento sobre la canchas. Tan grande -en todos los sentidos, no solo positivos o deportivos- como uno pueda imaginar, su carácter marcó a toda una generación para transformar la visión del espectador en algo más que ser parte del deporte blanco.

"Todavía espero ese momento, no ha llegado todavía". Año 2010. Jimbo Connors es entrevistado por el diario 'El País' y contesta así cuando le preguntan sobre cuándo sintió debilidad o miedo. Discurso o verdadera realidad, el de Illinois pareció competir sin guardarse nada, sin temer ninguna sola de las adversidades -rivales, lesiones, exposición mediática- del deporte profesional.

"El público me hizo ganar. Eran 20.000 espectadores gritando como si fueran 60.000. Yo flotaba sobre la pista. ¿Existía alguna posibilidad de que me diera por vencido? Ni por asomo". El día de su cumpleaños número 39, hace hoy 23 años, quiso que Connors disputara los octavos de final del US Open frente al prometedor y compatriota Aaron Krickstein, de 24 años. Jimmy ganaría por esa positiva ansiedad y necesidad de victoria.

Connors jugaba cada partido como si fuera una final, casi como mero sustento de su existencia. Un estado perpetuo de necesidad por competir que le otorgó una constante reinvención cuando el físico impedía serle dueño de sus propios pasos. Para Jimmy no existían horizontes o trayectorias con inicio y final. Su vida eran las pistas y nada importaba más. No había modo reserva o ahorro, minuto jugado con ánimo de guardarse y esperar.

Así se lo hicieron saber los aficionados en el final de su carrera. Cuando el norteamericano forzó, con 39 años, un quinto set a Michael Chang en Roland Garros casi sin poder moverse (sic). El público francés estuvo varios minutos ovacionando una auténtica heroicidad, repleta de esa empatía que siente el aficionado cuando ve al ex-campeón reinventarse, renacer. Uno de los tenistas más combativos e insurgentes, Connors removía el planeta tenis con inusitada energía.

Jimmy siempre encontró motivos para competir. O quizás no, quizás nunca le abandonaron. Poseedor de un temperamento incorregible, siguen resonando los ecos de su personalidad. "Vivo tan sólo para una cosa: jugar un quinto set y ganarlo en una muerte súbita".



Su relación con el público fue muy variable. "Me importaba que vinieran a verme, que estuvieran en el tenis. Yo era uno de los chicos malos del circuito. Eso daba a los seguidores algo por lo que animar o contra lo que gritar. Todo era parte de hacer a la gente venir y ver lo que hacíamos en el tenis. Vinieron. A unos les gustó y a otros no. A mí, en ese punto, ya no me importaban: ya estaban aquí.

"Se daban cuenta de mi estilo y de todo lo que daba en la pista cuando salía a jugar. Se dieron cuenta de que estaba dispuesto a enseñarlo todo de mí ahí fuera, a enseñarles todo por lo que estaba pasando mientras estaba sobre la pista. Por eso, con el tiempo, fueron volviéndose más comprensivos conmigo, fueron entendiendo por qué hacía muchas de las cosas que hacía cuando estaba en la pista. Vieron cómo me afectaba mi intento de alcanzar la perfección. Les gustó y, al final, se pasaron a mi lado".

"Cuando era joven, podía luchar contra el público. Me era posible no preocuparme mucho por él. Según fui envejeciendo, fui queriendo tenerlo de mi lado. Mi relación con el público neoyorquino acabó siendo muy especial".

A Connors le perjudicó su volcánico proceder con árbitros y público durante su etapa de mayor auge deportivo. "Vengo a dar lo que me piden. Sangre". Sanciones ejemplares e históricas -10 semanas y 20.000 dólares-, rivalidades, encontronazos y pitadas -llegó a subirse a la silla del árbitro para discutir con él cara a cara- hacia un jugador verdaderamente incontenible, que necesitaba de su ebullición para reconocerse sobre la cancha.

Esa energía la canalizó, junto a la de McEnroe, para cambiar la disposición del público de Wimbledon, mucho más europeo y calmado que el norteamericano, propio del lugar donde nació el tenis; la tradición, la caballerosidad y el equilibrio. Connors fue la pasión y la irreverencia de una época que transformaría la manera de ver el tenis.

Como jugador, Connors era todo ataque. Un formidable restador, provisto de una celeridad para los cambios de ritmo y el juego de transiciones y la búsqueda del punto en las trincheras de la red y la media pista. Un caníbal del ataque vertical. Ganó 104 títulos entre 1972 y 1984, una media de 8 por año.

Muy polémico en algunas cuestiones extradeportivas, Connors fue de igual de convulso golpeando una pelota como lidiando con sus problemas personales. Su turbulenta relación con Chris Evert sacudió las páginas más rosas del panorama periodístico. Siempre con una palabra de más, ninguna tópica, llegó a decir de Andre Agassi que no era uno de los grandes. Su tenista favirto tras su retirada? Rafa Nadal. Quizás un reflejo de su pasión y su ambición. Palabra de un mito.

LA APUESTA del día

Comentarios recientes