En el US Open, el calor sólo “afecta” a las mujeres

El US Open trata de forma desigual a hombres y mujeres cuando la temperatura supera los 30 grados. Sin embargo, ellos también sufren el calor y la humedad

El US Open permite a las mujeres interrumpir sus partidos tras el segundo set cuando la temperatura supera los 30 grados. Sin embargo, los hombres no pueden tener un descanso extra por el calor. El debate sobre el trato desigual del US Open se reabrió ayer cuando las altas temperaturas en Nueva York permitieron aplicar esta regla. Steve Johnson, acalambrado, se retiró durante el cuarto set de su partido.

El calor sólo afecta a las mujeres. Esta absurda afirmación se mantiene vigente en el US Open, donde sólo ellas tienen derecho a interrumpir sus partidos por las altas temperaturas. Si el termómetro indica más de 86.1 grados Fahrenheit (unos 30 grados Celsius) a la hora del comienzo del partido, las tenistas pueden solicitar un descanso de diez minutos al finalizar el segundo set. Sin embargo, los hombres no tienen derecho a este descanso extra.

La normativa se aplicó en la jornada de ayer miércoles, cuando la temperatura en Nueva York superó los 90 grados Fahrenheit, tal y como indicaba la cadena estadounidense ESPN durante su retransmisión:

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El calor, y sobre todo, la humedad, hacen que las condiciones en Nueva York sean habitualmente duras en los partidos diurnos. A pesar de la excelente preparación física que se presupone en cualquier tenista profesional, la dureza de las condiciones climáticas puede decidir un partido e incluso poner en peligro la salud de los protagonistas. Un claro ejemplo fue el desvanecimiento en la pista de Victoria Azarenka en el US Open 2010.

Pero los hombres no sufren el calor y la humedad en menor medida que las mujeres. En líneas generales, su resistencia física es superior, pero la potencia, velocidad y exigencia física de sus partidos también es mayor. A ello se debe añadir la posibilidad de competir durante cuatro o cinco sets, algo que no sucede en el torneo femenino.

Precisamente, en la jornada de ayer miércoles, Steve Johnson fue víctima directa de las duras condiciones climáticas. El estadounidense dominaba a Tatsuma Ito por dos sets a uno. Tras el primer juego del cuarto set, Johnson empezó a sufrir calambres que apenas le permitían moverse. Recibió atención médica sobre la propia pista, después en su silla, pero de nada sirvió. Sólo pudo deambular. Y mientras intentaba recuperarse entre punto y punto, sus demoras suponían amonestaciones de la juez de silla que le costaban puntos y juegos. Miembros de la organización le ofrecieron una silla de ruedas para abandonar la pista, pero Johnson eligió abandonarla cojeando.

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Anteriormente, el lunes, Andy Murray sufrió calambres que redujeron notablemente su movilidad en la recta final de su encuentro ante Robin Haase. Sin embargo, el británico fue capaz de certificar su triunfo en el cuarto set. El número de abandonos en el torneo masculino, causados o no por el calor, asciende a ocho cuando aún no ha finalizado el cuarto día de competición.

La normativa del “calor extremo” en el US Open es diferente a la del Australian Open. El Grand Slam de Melbourne, además de no distinguir entre hombres y mujeres, se basa en un índice que combina temperatura y humedad. Una vez superado el límite, los partidos se interrumpen, salvo en las pistas que disponen de cubierta retráctil, donde el juego continúa bajo techo.

La política desigual del US Open sobre el calor recibe críticas tanto de hombres como de mujeres. Para ellos es discriminatoria, y para ellas se puede interpretar como una ayuda extra con un mensaje implícito de inferioridad y debilidad.

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