Los gritos funcionan

¿Por qué los jugadores gritan al impactar la pelota? Hasta ahora se creía que se hacía para pegar más fuerte pero se demostró científicamente algo más...

Mónica Seles fue una de las jugadoras que comenzó con los fuertes gritos en el tenis. Llegaban hasta 93 decibelios lo que es comparable con algunas motocicletas en la actualidad. Estos gritos fueron mal vistos al comienzo pero luego una gran parte de los tenistas se subieron al carro y es el día de hoy que se sigue haciendo y cada vez con más frecuencia. ¿Por qué?

La sabiduría convencional dice que los jugadores gritan porque les permite golpear la bola con más potencia. En el tenis significa que el jugador aplica la máxima fuerza en el momento que la raqueta impacta la pelota. Martina Navratilova siempre sostuvo que los gritos es “hacer trampa, puro y simple” y que se debería frenar, según se puede leer en un interesante artículo en la web Regressing.Deadspin.com donde se analiza el tema de los gritos y gemidos en el tenis.

Los gritos de Maria Sharapova encabezan la lista llegando a 100 decibeles -más o menos equivalente a una motosierra- y algunos creen que es por eso que ella es capaz de golpear la pelota mucho más fuerte que el resto de jugadoras. El Dr. Victor Thompson, un psicólogo deportivo, explicó en dicho portal: "Si hay una fuerte exhalación de aire al mismo tiempo que los músculos abdominales centrales se contraen puede dar más fuerza. Por eso en los deportes donde se requiere potencia máxima como el lanzamiento de peso o jabalina, siempre habrá un grito". Esto tiene sentido, pero ¿no sería más bien agotador para un deporte de resistencia como el tenis el tener que estar gritando todo el tiempo?

Tal vez no tanto como se podría pensar. En un reciente estudio se pidió a diez jugadores de tenis (cinco hombres y cinco mujeres) que golpearan tiros de derecha y revés. Algunos eran mientras gritaban y otros no. Cada sesión de golpeo consistía en cinco períodos de 2 minutos con un descanso de 1 minuto en el medio. Durante el experimento, los jugadores llevaban un dispositivo portátil que medía la actividad metabólica, mientras que la velocidad de la pelota se midió con una pistola de radar. Curiosamente, la frecuencia cardiaca y el consumo de oxígeno a la hora de gritar y no gritar no fueron significativamente diferentes. Pero la velocidad de la pelota lo era. Cuando los jugadores gritaban, golpean la pelota cerca de un 4% más fuerte. Los investigadores descubrieron que gritar permitía a los jugadores golpear con mayor potencia sin tener que trabajar más duro.

Además de los beneficios fisiológicos de gritar, parece que hay ventajas psicológicas. Gruñir con fuerza puede ayudar a un jugador a relajarse y liberar la tensión. Los sonidos intensos también pueden intimidar a un adversario. Y eso nos lleva a un aspecto a menudo pasado por alto de esta historia. Mucha tinta se ha derramado describiendo los beneficios potenciales para el que hace el gruñido, pero muy poco se ha escrito acerca de lo que esos 'aullidos' hacen en el aspecto mental del oponente.

En este estudio, los investigadores exploraron los efectos perjudiciales de gritos en los reflejos y en la toma de decisiones, y los resultados fueron sorprendentes. Se mostraron diferentes vídeos a los participantes en donde se veía a jugadores de tenis golpeando una pelota a cada lado de una pista. Se les pidió que respondieran lo más rápidamente posible hacia dónde iba el disparo. En la mitad de los videos los tiros se produjeron en silencio y en la otra mitad, había un breve sonido de 60 decibelios durante medio segundo en el momento del impacto.

Los investigadores descubrieron que la presencia de un sonido interfería con el desempeño de los participantes, por lo que las respuestas eran más lentas y menos precisas. Respondían desde 21 a 33 milisegundos más lento y eran de 3 a 4 por ciento menos preciso en saber dónde iría la pelota. En el transcurso de un partido de tenis, estas pequeñas cosas suman.

Estos resultados encajan con la investigación de laboratorio que se ha demostrado que cuando dos objetos chocan, el sonido de esa colisión es fundamental para la percepción de un objeto rebota en el otro. En pocas palabras, el sonido altera la percepción del movimiento visual. Lo que significa que los ‘gritones’ realmente pueden meterse con la mente del rival. La creación de sonidos tan fuertes y desorientadores generan cortocircuitos en el lóbulo parietal de los jugadores, el área del cerebro responsable de la atención.

Es por esto que no se trata solo de golpear con más fuerza. El sonido puede desviar la atención visual. Un ejemplo de esto podría ser en el momento de la conducción y cuando se habla por teléfono. Se mira el tráfico pero no lo ve correctamente ni tiene puestos todos sus sentidos en lo que está pasando en la carretera.

Es curioso imaginar los mejores atletas del mundo distraerse con el ruido, pero realmente es así. Es sólo la forma en que los cerebros humanos están cableados. Y esta era la preocupación de Martina Navratilova. Su argumento en contra de los gritos se centraba en la idea de que era importante escuchar el impacto de la pelota con la raqueta y que un grito podría distraer la atención de este momento. Ahora hay evidencia científica inequívoca para apoyar su preocupación. Martina, tenía razón.

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