Bouchard ruge y pasa a la final

Eugenie Bouchard derrotó a la rumana Simona Halep en dos sets y se clasificó para su primera final de Grand Slam. Irá ante la checa Petra Kvitova.

Eugenie Bouchard derrotó en sets corridos por 7-6 y 6-2 a Simona Halep en un partido que fue de más a menos. Empezó el encuentro de manera muy igualada pero un mal gesto en el tobillo izquierdo de la rumana a mediados del primer set condiconó sus apoyos, la movilidad y la chispa durante el resto del partido. Bouchard, a sus 20 años, jugará su primera final de Grand Slam en el que es el mejor año de su carrera. Chocará ante la checa y ganadora de Wimbledon en 2011, Petra Kvitova.

Parece no tener límites esta rubia de tan solo 20 años. Compite como si tuviera 35 y un sinfín de finales a sus espaldas. Es una mezcla de ambición con madurez que la están llevando a lo más alto del tenis mundial. A nada le teme. No hay escenario que le imponga ni rival que la achique. Desconoce el miedo, no sabe lo que es golpear con el brazo encogido, estar con la cabeza puesta fuera del partido o arrugarse en los momentos clave.

Es actitud de campeona. Es parte de esta revuelo generacional que parece estar viviendo el tenis actual. Un aire fresco que viene de América del Norte embalada y con el objetivo de lograr cosas importantes en el circuito. Hoy pasó por arriba de una de las mejores jugadoras del año, la rumana Simona Halep. Sin escrúpulos lo hizo. No le hizo falta mostrar su mejor versión para deshacerse de una rival que ayudó.

Porque se vio una Halep apagada. Sin su chispa, sin piernas, sin esa movilidad eléctrica y fuerte que tiene en su tren inferior. Condicionada por ese punto en el 2-2 del primer set en la que un tobillo se le queda clavado y sufrió una leve torcedura. Un vendaje de máxima potencia le cubrió el pie izquierdo pero le condicionó su mente. Simona estaba con miedo en los apoyos, insegura en los desplazamientos y lenta a la hora de arrancar.

Desde esa fortuita caída dejó de ser la del arranque y esto Bouchard lo detectó. La canadiense, que no perdona una, fue a morder. Al principio le costó volver a entrar en partido tras el parón, la atención médica y los minutos perdidos. Sin embargo sin un gran tenis iba sacando sus juegos, poniendo en algo de aprietos a la rumana pero no terminaba de morder del todo.

En el desempate sí que apretó los dientes a más no poder para dar el golpe que el partido necesitaba. Se hizo con el tie break, el set cayó de su lado y ya Halep parecía rendida. Remontar era todo un Everest para Simona que estaba regalando bolas, que no se encontraba con su tenis y seguía sufriendo en los desplazamientos.

El segundo set ya fue más sencillo para la canadiense que seguía sin mostrar un juego brillante pero le era suficiente con estar competitiva y bien agarrada a la pista. Rompió un par de ocasiones, titubeó para cerrar el encuentro pero a la sexta bola de partido lo logró para poder rugir y celebrar el pase a su primera final de Grand Slam.

“Nunca digo que me sorprenden mis logros porque trabajo muchísimo para esto. Esto es el resultado de años”, comentaba la rubia al término del encuentro con una madurez impropia de una niña de 20 años. Es consciente de que el trabajo diario es el camino para llegar arriba. El tenis no entiende de descansos ni de relajaciones. Para ser competitiva hay que sudar y trabajar.

Bouchard es más que una cara bonita, es una ganadora nata. “Amo trabajar duro y me gustan los momentos difíciles” tiró. Sin lugar a dudas estamos ante una jugadora que rebalsa en ambición y en competitividad. El sábado su primer gran match point.

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