Dimitrovazo en Wimbledon

Grigor Dimitrov metió uno de sus triunfos de su vida y sacó de Wimbledon al vigente campeón Andy Murray en tres sets y de manera clara. Tremendo el búlgaro.

Grigor Dimitrov festeja el triunfo
Grigor Dimitrov festeja el triunfo

Grigor Dimitrov venció a Andy Murray en tres sets y de manera clara por 6-1, 7-6 y 6-2 y se clasificó por primera vez en su carrera para las semifinales de Wimbledon. Dimitrov pasó por encima de Murray, no le dejó respirar y estuvo sólido en todos los aspectos. Del otro lado el vigente campeón de Wimbledon, que obviamente no podrá revalidar el título, tuvo el peor partido de todo el torneo, no reaccionó en ningún momento y se fue con una enorme cantidad de errores no forzados. Dimitrov espera en semifinales al ganador del partido entre Novak Djokovic y Marin Cilic.

¿Dónde está Murray? ¿Qué fue de ese escocés que hasta ayer estaba jugando a un nivel superlativo? ¿Quién ocupó su lugar hoy en la pista central de Wimbledon? Estas y más preguntas pasaron por la cabeza de los miles de aficionados que vieron hoy el partido del vigente campeón de Wimbledon. Andy estuvo físicamente presente pero no existió ni mentalmente ni tenísticamente.

En nada tuvo que ver este Murray con el que se vio durante toda la semana sobre el pasto inglés. Murray estaba sólido por todos lados, infranqueable con el servicio, agresivo al resto y con una mentalidad totalmente ganadora. Parecía que tenía las ideas muy claras y mostraba credenciales de peso para estar el domingo en la final.

Sin embargo hoy se vio la peor versión del escocés. Desde el fondo de pista no funcionaba. Su revés, una de sus principales armas, hoy estaba absolutamente desequilibrado. No era el guante de seda que suele tener sino que parecía, más bien, una manopla de cocina arrugada. No le salía nada desde este lado. Reveses a media red, abuso del cruzado, poca valentía para buscar el paralelo y sobre todo una combinación de extraños cortados a los que le imponía fuerza perdiendo todo tipo de sensibilidad en la muñeca.

Pero no solo estuvo flojo con el revés. La derecha tampoco fue la que marcó diferencias ni con la que pudo mandar en los juegos. Al finalizar el encuentro los números fueron una muestra de por qué las cosas no le funcionaron: 37 errores no forzados en tan solo 3 sets de los cuales dos fueron por la vía rápida. Demasiados para un Murray que siempre muestra la versión sólida desde el fondo de pista y suele regalar pocas pelotas a sus rivales.

Murray ayudó a que el partido fuera muy de cara para el búlgaro pero éste tuvo mucha culpa del desquicie del escocés. Tuvo esa solidez de la que hoy pecó Andy. Leía bien las jugadas, anticipada, se movía con esa frescura solo al alcance de sus piernas y aprovechaba que Murray estaba un pelín retrasado para ganar terreno y poder, de esta manera, dominar más los puntos y tener la iniciativa necesaria para repartir el juego a placer.

Dimitrov estuvo firme con el primer saque, conectó 10 aces, apenas entregó un juego de servicio y metió un tremendo porcentaje del 91% de puntos ganados en la red, 20 de 22. Un juego completísimo que sirvió para borrar de la pista al vigente campeón y volver a enfocar las miradas para los que son candidatos al título en Wimbledon.

El búlgaro ya sabe lo que es reinar en la Catedral del tenis. Lo hizo en su etapa de júnior en el año 2008 y seis años más tarde está a tan solo dos partidos de lograr el mismo hito pero en la máxima categoría. Si borró a Murray, es que está para sacar a cualquiera. Dimitrov se hace grande, juega como un grande y quiere un grande en su bolsillo. Está a dos partidos.

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