La magia de la Colina de Wimbledon

La Colina de WImbledon es uno de los lugares con más encanto del torneo. El glamour se deja de lado para vivir un picnic gigantesco entre aficionados al tenis.

Miles de personas se aglutinan en la famosa colina de Wimbledon cada día para disfrutar del tenis en la pantalla gigante rodeados de un ambiente mágico. La denominada ‘Colina de Henman’, que ya muchos apodan ‘Montículo de Murray’, es uno de los rincones más emblemáticos del torneo y allí se respira una aire que no se ve en ningún otro lugar del mundo.

“Pásame la botella y brindemos por este gran partido” le dice un hincha de Federer cuando éste termina su partido contra Santiago Giraldo. Leny es alemán y fanático del suizo. Es su jugador preferido y lleva siguiéndolo desde hace más de 9 años. Pero a este pelirrojo de 27 años lo que verdaderamente le apasiona es el ambiente que se vive en la Colina de Wimbledon. En ocasiones deja de lado el tenis para centrarse en la comida, en la bebida, en sus amigos y en pasar un rato agradable con gente que comparte sus mismos gustos.

“Cada año me vengo 10 días a Wimbledon. Llevo desde el 2006 viniendo a Londres y solo una vez tuve entrada para pistas. Prefiero estar aquí en la Colina que no dentro de un estadio y estar preso a un asiento. Me fascina el tenis pero lo que más me gusta es vivirlo desde este lugar” asegura este teutón con una sonrisa que va de oreja a oreja y un gorro con peluca rubia que lleva los colores de Alemania.

El fan de Federer está pendiente del tenis porque su ídolo está jugando en la pista central. Va mirando la pantalla cada 5 segundos para no perder detalle pero el partido parece controlado por Roger. Me invita a ir con sus amigos y me los presenta. Hay de todas las nacionalidad y llevan años juntándose y compartiendo bebidas y comidas en la Colina. Hay holandeses, belgas, británicos, alemanes y suizos dentro del grupo de Leny.

Vienen armados hasta los dientes con comida y bebida. La normativa de Wimbledon permite que los espectadores puedan pasar cualquier tipo de bebida alcohólica y la comida que haga falta. Ellos optan por pasar cada mañana por el supermercado y traer todo el arsenal en una de las típicas heladeras de playa.

“Compramos provisiones para todo el día. Se trata de vivir el tenis acompañado de cerveza, patatas, alegría y lo que haga falta”. Y no escatiman la comida ni mucho menos. Traen un tupper con zanahoria cortada en tiras, pepino en rodajas, queso en cuadraditos, patatas, paté con tostadas, ensalada de pasta, hamburguesas y lo que vayan viendo apetecible por los pasillos del supermercado.

Si llegan pronto se hacen con una de las codiciadas mesas que están sobre la Colina, si no se conforman con tirar manteles, pareos y toallas al césped para montar el picnic. Si hay sol están descalzos, con gafas, disfrazados de tenistas y con mucho colorido en el cuerpo. Si aparecen las nubes mantienen la vestimenta, se abrigan un poco más, mantienen la alegría pero abren los paraguas. El clima no les frena, están acostumbrado a lidiar con las nubes y el agua.

Federer termina su partido y Leny saca la botella de Champagne que compraron y que está sumergida sobre el agua casi helada de su nevera. “¡Amigos es hora de brindar!” comenta a los gritos y parándose de un salto. Todos sonríen y se unen a los festejos. Celebración que es llevada a cabo por varios pero que poco tiene que ver a las que se producen cuando Murray es el que está jugando. Si Andy compite, la colina se llena de gente. No cabe ni un alfiler. Se vive con igual o más tensión que en la pista central.

Es por eso que el escocés eclipsó tanto a Fred Perry como a Tim Henmann. Esta pequeña montañita que en un principio se llamó Aorangi Terrace, en los 90 pasó a conocerse con Henman Hill (La Colina e Henman) y ahora se la bautizó como Murray Mound (El Montículo de Murray) vive una historia paralela a lo que se vive en las otras pistas. Un rincón dentro del recinto donde solo reúne a los fanáticos del tenis. Donde el glamour de Londres y Wimbledon se deja a un lado para hacerse hueco la normalidad de los aficionados. Un lugar para visitar y para disfrutar.

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