El peligro de ser tenista en Irak

Tenistas asesinados, amenazas de grupos extremistas y bombas. Así es la vida de los mejores jugadores iraquíes en Baghdad

Asesinatos, bombas y amenazas de grupos extremistas hacen que los mejores tenistas de Irak vivan un infierno en Baghdad. A pesar de ello, compiten en la división más baja de la Copa Davis. Sueñan con un futuro mejor, dentro o fuera de su país, pero la realidad del día a día sigue siendo una odisea.

El tenis también existe en Irak, aunque quienes representan a su país e intentan llegar al profesionalismo, ponen su vida en peligro. El equipo nacional de Copa Davis está formado por cuatro jugadores que viven en Baghdad, el lugar del país que ofrece más oportunidades de ganar dinero dando clases particulares. En el centro de la capital, los mejores tenistas iraquíes entrenan en el club Alwiyah y en el estadio nacional Al-Shaab, que dispone de ocho pistas, según relata el portal de Al Jazeera.

También está allí Luis de Sousa, un entrenador portugués que trabaja para la ITF con el fin de promocionar el tenis en Oriente Medio. “Estos chicos no tienen ninguna oportunidad de acercarse a ser profesionales. Los dos mejores, Ali Hashim y Ahmed Hamzah Abdulhasan, son estudiantes, y si vivieran en otro país, podrían jugar mucho mejor”, dice el técnico.

La mayoría de las pistas públicas fueron destruidas durante la guerra y los años posteriores a ella. “En la primavera del año pasado, Al-Qaeda entró en Baghdad. Siempre hubo bombas, pero antes las colocaban a las afueras de la ciudad. Ahora, Al-Qaeda ha empezado a poner bombas en todos los sitios: calles, centro de la ciudad, comercios, cafeterías… Los jugadores tienen miedo hasta de venir a entrenar cada día”, cuenta De Sousa.

A pesar de ello, Irak compite en la zona asiático-oceánica del Grupo IV de la Copa Davis, la división más baja que existe en esta competición. El año pasado, los iraquíes perdieron contra Bangladesh, Bahréin, Singapur y Turkmenistán, pero vencieron a Kirguistán, evitando así el último puesto.

Con los disparos como sonido de fondo, los jóvenes iraquíes mantienen la ilusión por el tenis. “Ves explosiones en Baghdad a todas horas,” dice Maap Abdulrazaq Yaseen, número 3 del país con 21 años. “Un día quise ir a Alwiyah a entrenar y la carretera estaba destruida”, recuerda. Hace dos años, su familia recibió llamadas telefónicas amenazantes, diciéndole que su vida estaba en peligro si no dejaba el tenis. Durante los seis meses siguientes, no salió de casa. Ni siquiera para comprar comida o cortarse el pelo. A día de hoy, su sueño es obtener una beca universitaria en Estados Unidos, pero sabe que no podría asumir los gastos aunque obtuviera el visado. “Toda la gente rica de Irak juega a tenis por diversión. Todos los jugadores del equipo nacional vienen de familias pobres. Estamos atrapados. Para mejorar, necesitas dinero para ir a una academia en el extranjero o a jugar torneos”, dice Yaseen.

La tragedia que se vive diariamente en Irak también ha afectado directamente a los mejores tenistas del país, según cuenta el portugués De Sousa: “El hermano pequeño de Ali Hashim, de 18 años, venía a ver los entrenamientos todos los días. Tenía pasión por el tenis, lo podías ver en su cara. Un día, no apareció. No me extrañó, porque no formaba parte del equipo nacional, pero después descubrí que había muerto por la explosión de una bomba cuando iba a una mezquita”.

Las amenazas de grupos extremistas a los mejores deportistas de Irak son habituales. Muchos jugadores y entrenadores del equipo nacional de fútbol han sido asesinados, igual que tres jugadores del equipo iraquí de Copa Davis, cuando volvían de un entrenamiento hace varios años. El cuarto jugador de aquel equipo, el doblista Akram Mustafa Abdulkarim, salvó su vida porque decidió viajar en otro coche. “Hacía mucho calor y vestían con pantalón corto. Algunos creen que les dispararon porque no está permitido llevar pantalón corto”, recuerda De Sousa.

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Abdulhasan, el número dos iraquí, tiene miedo de ser reconocido como deportista: “Cuando la gente me pregunta qué hago, digo que trabajo o soy un estudiante. Si los terroristas descubrieran que soy un jugador del equipo nacional, me matarían. Quieren matar a todos los deportistas porque creen que la situación en Irak podría mejorar así”.

La meta de Abdulhasan es ahorrar dinero para viajar a Portugal o Marruecos y mejorar su juego, pero por ahora, cada vez que anda por las calles de Baghdad, sabe que su vida está en peligro. “A veces, no puedo jugar por las bombas. Pero sigo en Baghdad porque me encanta el tenis. ¿Qué puedo hacer? Vivo con la esperanza de que las cosas mejoren. Hasta hace 12 años, para nosotros era seguro jugar nuestros partidos de Copa Davis en casa, pero ya no”. Así es la vida en Baghdad, el epicentro de Irak, un lugar donde el tenis intenta resistir al caos y la guerra.

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