Historias de Roland Garros | Henri Leconte, la nota que lo cambió todo

Echamos la vista al pasado en Roland Garros para conocer la historia de una nota que cambió el transcurso de un partido que parecía perdido para Leconte

Henri Leconte y su historia, imperdible
Henri Leconte y su historia, imperdible

A menos de una semana para Roland Garros, intentaremos contar cada día varias historias que han sucedido en el prestigioso Grand Slam francés a lo largo del tiempo. Historias como la que recoge a la perfección el medio Wearetennis en las que los protagonistas son el jugador francés más peculiar de aquellos tiempos, un brasileño experto en tierra batida, un entrenador muy listo, la mujer embarazada de un actor, un recogepelotas y un árbitro ciego. Imperdible.

Como diría el gran cómico gaditano Tony Reguera, "ubicamos la acción" en el año 1986, torneo de Roland Garros, tercera ronda. Allí iba a disputar su partido Henri Leconte, uno de los jugadores más atípicos de aquellos años, descrito por su propio entrenador, Patrice Dominguez, de esta forma: "Era un jugador amnésico. Capaz de reír y llorar en un abrir y cerrar de ojos. Esa inestabilidad era la que le ayudaba a salir con éxito de una situación imposible. Sólo necesitaba un empujón para olvidar por completo el mal estado de antes y empezar a jugar al tenis de nuevo".

Al otro lado de la red tenía al brasileño Cassio Motta. Un gran jugador de tierra, muy duro, pero no invencible. Y mucho menos para Leconte, ubicado por aquel entonces entre los 10 primeros del top mundial. "Henri llegó a aquel partido en gran forma. Iba a ser una victoria fácil", relataba Patrice, que observó el partido desde el box en la esquina inferior de una central que estaba a rebosar para ver el partido de su jugador favorito.

Pero las ilusiones y esperanzas de la grada bleu se tornaron en preocupación en apenas minutos tras el comienzo del partido. La zurda de Leconte, normalmente maravillosa, era un absoluto desastre. "Era horrible", declaraba Leconte, recordando aquellos momentos. "Todas mis derechas se me iban a la lona del fondo. No podía hacer nada, estaba perdido y frustrado". El resultado: 6-1 para el brasileño en el primer set y 6-3 en el segundo. La derrota del francés parecía inevitable.

Dominguez observaba a su pupilo impotente. "Estaba angustiado. Sentí que antes del partido le había dicho todo lo que tenía que hacer, pero parecía inútil. Henri no levantaba la mirada del suelo y caminaba con los hombros encogidos. Motta estaba jugando por encima de su nivel", explicaba el ex-técnico de Leconte, que viendo como su jugador ni se molestaba en mirarle entre punto y punto, enfadado por su propio juego, tuvo una idea para establecer contacto con él: escribirle una nota.

"Él siempre necesitaba amor. Necesitaba apoyo en todo momento", contaba Patrice. Es por eso que se las ingenió para conseguir cualquier papel existente donde poder escribir algo, en ese caso, fue una entrada de pase VIP, donde escribió lo siguiente: "Estamos contigo, creemos en ti. Cálmate. Prepara tus movimientos con más cuidado y sobre todo, juega tu juego en la red. Besos". Un mensaje que debía calar en Leconte, perdido en aquellos momentos sobre la pista central de Roland Garros.

Patrice ya tenía el mensaje, pero ahora quedaba lo más difícil, hacérselo llegar a su jugador, algo que estaba prohibido, por supuesto. "A mi izquierda había una mujer embarazada, que resultó ser la mujer del actor Michel Leeb, le pregunté si me podía ayudar y accedió", explicó Dominguez. La mujer, entonces, cogió la nota y se la dio al recogepelotas que estaba en la esquina inferior de la pista. Aprovechando un cambio de lado, el ball boy se acercó a Leconte y se la dio sin que el árbitro pudiera -o quisiera- verla. El partido estaba en su momento más crucial, 6-6 en el tercer set y Henri se encontraba al borde del abismo. Era ahora o nunca.

Henri cogió la nota, miró sorprendido al recogepelotas, la leyó y dirigió una mirada a su box. "Cuando leyó la nota, tomó contacto visual conmigo al instante y me dirigió una mirada como queriendo decir: 'Ya podrías habérmelo dicho antes, coño'", contaba Dominguez. Y ahí fue donde todo cambió. A partir de ahí, Leconte se transformó. "Por extraño que parezca, esa pequeña nota transformó toda mi frustración en ira. Cogí la sarten por el mango y jugué como una apisonadora tomando, literalmente, a Motta por la garganta", explicaba Leconte.

¿El resultado? Que Leconte consiguió salvar dos bolas de partido en aquel juego de desempate a través de un espectacular juego ofensivo mientras corría por las bolas como si le fuera la vida en ello para llevarse el tercer set y no volver a perder ni un sólo juego más en todo el partido, que acabó llevándose por un marcador de 1-6, 3-6, 7-6, 6-0 y 6-0. Brutal.

Una anécdota que pasara a la historia del tenis y algo que aún a día de hoy sigue haciendo reir a Henri Leconte, que agradeció a su entrenador por la nota con un peculiar premio. "Al final del partido, le pagué un par de bocadillos". Genio y figura.

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