Nadal sale del barro

Rafael Nadal ganó otro drama en el Masters 1000 de Roma. Andy Murray le exigió hasta el final, pero el número uno se creció y alcanza las semifinales

Rafael Nadal resucitó ante Andy Murray tras un primer set en el que estuvo perdido. En una tierra batida embarrada por la lluvia, el tenista español se impuso al escocés (1-6, 6-3 y 7-5). Grigor Dimitrov le espera en las semifinales del Masters 1000 de Roma.

Analizar un partido de Rafael Nadal se ha convertido en un ejercicio de psicología. Él mismo es su mayor rival. La inseguridad le hace pequeño. El orgullo le hace grande, el mejor del mundo. El tenista balear volvió a ganar otro drama al que contribuyó Andy Murray en su versión más agresiva. El escocés casi provocó la caída del emperador Rafael, siete veces dueño de Roma, pero su mejor nivel sobre tierra batida fue insuficiente ante un Nadal que rozó la excelencia en la recta final de la batalla.

El horario nocturno y las gotas de lluvia situaban el duelo en el peor escenario posible para Nadal sobre tierra batida: condiciones pesadas y un bote de bola más bajo que amansaba los efectos diabólicos del español. A día de hoy, Nadal es un tenista de contrastes, tanto en lo mental como en lo tenístico. La luz más brillante y la oscuridad más opaca aparecen en el mismo partido. La única incógnita es el momento en el que se verá cada una.

Nadal.

El Nadal más inseguro apareció de inicio. Su revés era un agujero negro, sus golpes de fondo apenas movían a Murray, y su posición retrasada en la pista invitaba al escocés a coger las llaves del partido. El jugador británico salió a la pista Centrale del Foro Itálico con las ideas más claras. El saque abierto, la solidez de sus golpes, con más efecto liftado de lo habitual, y la insistencia sobre el vulnerable revés de Nadal le permitían dominar sin excesivos adornos. El resultado del primer set fue demoledor para el rey de la tierra: 1-6 y apenas dos golpes ganadores. Uno de ellos, gracias a un saque directo.

Pero Nadal reaccionó como un animal herido que se resiste a la muerte. No cayó en la frustración. Utilizó el duro castigo como un revulsivo. Adelantó su posición en la pista, atacó la pelota, dejó de ceder la iniciativa a su rival gratuitamente, tuvo un servicio más eficaz y subió a la red cuando la situación lo permitía. Incluso, su revés cruzado descolocó a Murray, un claro síntoma del estado anímico del número uno. Además, a diferencia de otros días, no tembló con el marcador a favor y sentenció la segunda manga por 6 a 3. Llovía más sobre Roma, pero menos sobre la cabeza de Nadal.

murray.

Pero Murray no es un tenista más. El jugador británico disfruta en este tipo batallas. También contra Nadal sobre tierra. Era previsible que Andy tuviera capacidad de respuesta y así fue. Soltó el brazo, y su derecha, plana y profunda como pocas veces se ha visto en él, llevó a Nadal al límite. La reacción de uno y otro elevó el nivel del duelo en la recta final. Rafa siempre encontró respuesta en Murray hasta que el revés abandonó al escocés con empate a cinco juegos en el set decisivo.

Nadal volvió a sobrevivir a un día de contrastes. Tras 2 horas y 40 minutos, su partido más corto en este Masters 1000 de Roma, alcanza las semifinales sin haberse quitado el salvavidas durante toda la semana. Con nueve horas menos de descanso que Grigor Dimitrov, afrontará este sábado un reto ante un rival emergente, que nunca le ha ganado pero siempre le ha tuteado.

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