Grigor Dimitrov ante una oportunidad de oro

Grigor Dimitrov se juega el pase a su primera final de Masters 1000, vencer por primera vez a Rafael Nadal y quedar a un paso de los diez mejores del mundo.

Grigor Dimitrov tiene una oportunidad de oro en Roma. El búlgaro juega su primera semifinal de Masters 1000 y buscará dar la campanada ante Rafael Nadal. Una victoria no solo sería un impulso moral y un golpe de autoridad al circuito sino que también le dejaría a las puertas de los diez mejores del mundo.

23 años, 14º del mundo y un potencial abrumador por delante. Dimitrov está llamado a ser uno de los grandes de este deporte en unos pocos años. Un líder nato que tiene muchas expectativas sobre su espalda y que parece que las va cumpliendo a su ritmo.

Hoy jugará por vez primera en su carrera unas semifinales de Masters 1000. Uno de los partidos más importantes de su trayectoria y no lo tendrá fácil. Choca ante el campeón defensor, ante el Rey de la tierra batida y el máximo favorito al título. A pesar de este hándicap, Dimitrov sabe que puede vencerlo. Siempre estuvo cerca, pero jamás lo logró. Chocaron en cuatro ocasiones y en todas el búlgaro le arrebató al menos un set.

Grigor lleva un 2014 de línea ascendente. Comenzó el año en el puesto 23º y tan solo cinco meses más tarde se metió top 14 gracias a destacadas actuaciones en el Australian Open, Acapulco o Bucarest entre otros. Éstas dos últimas ciudades, con título incluido.

Conseguido un ATP 250, también tachado de su lista de logros un 500, el siguiente paso natural sería aspirar a un Masters 1000. En Roma se encuentra a solo dos partidos de conseguirlo. Parecen pocos pero son los más complicados, porque sobreviven los mejores, los extraterrestres. Nadal y Djokovic como principales amenazas y hasta un Raonic que parece que aprende a jugar en todas las superficies y puede derrotar a cualquiera en tierra batida.

Dimitrov está ante una de las oportunidades de su carrera. Una victoria significaría un golpe de autoridad en el circuito. Un nuevo aviso a los de arriba, a los marcianos que lideran hace 10 años el tenis mundial. Sería un mensaje muy serio de que las nuevas generaciones quieren el control, que ya no respetan –deportivamente- a los mejores del mundo. No entran con miedo a la cancha, van con ánimos de comérselos.

Y esta nueva tendencia no es fruto de la casualidad. Se puede observar que semana tras semanas van dando síntomas que esto es una realidad y que así será a partir de ahora. Quieren acabar con la dinastía de los ‘de siempre’ para que la generación de los nacidos en los 90 empiece a tomar el control.

Vencer a Nadal también dejaría en el aire las ‘dudas’ que rodean al mallorquín. Si se puede hablar de algo de incertidumbre, claro. Rafa viene avisando que no es normal la situación de la última década. Que el tenis esté dominado por tan pocos jugadores fue una situación inusual. Que Dimitrov le gane sería una nueva prueba, y válida, de lo que sostiene Nadal. Esto no es para siempre y el balear no puede ganar siempre.

El búlgaro apenas defiende 45 puntos del pasado año en la capital italiana. Con las semifinales de hoy ya se garantizó 360 lo que le asegura una escalada en el ránking y ponerse en torno al puesto 12º y a tan solo unos pocos puntos de los diez mejores. Si lograra derrotar a Nadal serían 600 los puntos que se metería en el bolsillo y ahí si que lograría como mínimo el puesto número 11º de la clasificación.

El partido ante Nadal no es un simple encuentro. Hay mucho de fondo, mucho en juego y Dimitrov no quiere dejar pasar la oportunidad de dar un golpe en la mesa e inflarse el pecho con la que puede ser la primera victoria ante Nadal, su primera final de Masters 1000 y acariciar los puestos de privilegio. Una oportunidad demasiado grande para dejar escapar.

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