Previa Final Montecarlo Rolex Masters: Federer-Wawrinka

Stanislas Wawrinka y Roger Federer se cruzan en la final de Montecarlo. Roger manda 13-1. Wawrinka consiguió vencer a Roger en... Montecarlo 2008

Lausana y Basilea, frente a frente en Montecarlo
Lausana y Basilea, frente a frente en Montecarlo

La final del Masters 1000 de Montecarlo se va a disputar entre el número 3 y 4 del mundo, entre dos campeones de Grand Slam, siendo uno de ellos vigente del major más reciente y el otro, poseedor del récord de cetros obtenidos en la máxima categoría de la disciplina. Y a todo el mundo del tenis le ha extrañado que en el Country Club de Mónaco se suceda tal enfrentamiento en un torneo tan importante como un Masters 1000. Lo cierto es que es una final inesperada e inédita, pues Stanislas Wawrinka y Roger Federer nunca se han visto en un domingo de calendario tenístico. Sorprendente que lo hagan en una pista donde los números 1 y 2 baten las alas con más y mejor fuerza que ningún otro.

Así ha sido el tenis durante sus tres últimos años, con Rafa Nadal y Novak Djokovic repartiéndose, por ejemplo, los últimos nueve Masters 1000 disputados, en una lucha por el número 1 que se ha prolongado en las últimas tres temporadas a excepción del verano de 2012, cuando Roger se abalanzó momentáneamente para romper el récord de semanas en la cima, con 17 como añadido. Ahora, el paso adelante que muchos esperan lo ha dado un jugador de 29 años y la recuperación de otro que va camino de los 33. Así es el contexto que vive el circuito, con Murray o Del Potro fuera de combate por problemas físicos.

Wawrinka y Federer se han enfrentado en 14 ocasiones, con una sola victoria para el de Lausana, concreta y precisamente sobre el mismo albero que hoy cerrará sus puertas en la edición de 2014. En Montecarlo 2008, hace justamente seis años, Stan pudo deshacerse por primera y única vez de su compatriota. Siendo ambos suizos y formados sobre pistas rápidas y cubiertas, el mejor rendimiento de Stanislas siempre vino en arcilla, donde ha logrado ocho de las 15 finales que le contemplan. Por su parte, a pesar de tener una relación algo más particular con las canchas lentas, Federer y la tierra batida son puntuales en sus citas.

Y es que el de Basilea acumula 13 temporadas consecutivas llegando mínimo a una final en polvo de ladrillo, desde que alcanzara el último día en Hamburgo 2002. Así, en estas 13 campañas, Federer cuenta ya con 24 finales sobre tierra, casi dos por temporada, sobre una superficie en la que, una vez se convirtió en el mejor tenista del mundo a finales de 2003, se ha desenvuelto extraordinariamente bien. Es innegable su capacidad para permanecer vigente en la superficie que supuestamente menos le favorece –es una realidad-.

Y también es una realidad que ambos van a enfrentarse por primera vez desde que Wawrinka está por encima de Roger en el ranking. Precisamente la final de hoy dirimirá quién saldrá del Principado en el pódium de las listas, como número 3 del mundo. El estado físico de Roger, impoluto y dinámico, y el tenístico de Wawrinka, potente e inspirado, deja el duelo de hoy igualadísimo en su previa, aunque con algunos matices a comentar que serán gran parte del atractivo de la final de hoy.

Stanislas, además de presentar en el pasado carencias competitivas enfrentando a tenistas de mayor calibre, siempre ha tenido un respeto más especial cada vez que enfrentaba a Federer. Antes de su eclosión a jugador candidato a los títulos, a Stan le faltaba mentalidad ganadora. A pesar de contar con golpes y pegada, muy mejorados bajo el manto de Norman, a Wawrinka le faltaba que su quijada pasara de cristal a hormigón, que su espíritu acompañara a su talento. Un ejemplo perfecto es el último partido que los enfrentó: Indian Wells 2013, donde Federer venía francamente tocado de la espalda en su partido ante Dodig, y que Wawrinka tuvo muy cerca de abrochar. Un tenista al que se le achicaba la palma y se le cerraba el estómago cuando sentía la victoria entre las yemas.

Hoy todo ha cambiado, pero necesita comprobarse en un lapso de tiempo más prolongado para considerar al de Lausana de estatus parecido a los que le rodean. Particularmente Wawrinka viene realizando un torneo notable y creciente, muy convincente y brillante en su semifinal ante David Ferrer. Su calidad para interpretar los partidos, siempre desde la lucidez que su entrenador le ha aportado, hacen de Wawrinka un jugador mucho más difícil de abordar, sea dominado o pase a ser el que se hace con la iniciativa. Su nivel más inspirado conjuga con los golpes tirados con botes cortos, aperturas potentes, con los pies dentro de pista y el paralelo de revés amenazante para consumir el punto. Por contra, su versión más constructiva, igualmente de un ritmo altísimo, dibuja recorridos muy amplios, donde aprovecha que el rival le juega con bolas liftadas de bote largo, con las que se monta con su drive si la confianza acompaña.

Stan es un tenista que conjuga potencia y consistencia antes que variedad, signo de los tiempos que el tenis demanda en sus puestos más privilegiados. Por eso será interesante comprobar la actitud y disposición de Federer, un jugador que da menos importancia al valor constante en las estrategias, reglándose por su propio instinto y su primer servicio, importantísimo una vez más para que Wawrinka no entre en calor. El encuentro quizás se debata en los reveses liftados de transición, y ahí Wawrinka tiene las de ganar.

Por su parte Roger, quien pidió una wildcard para asistir a Mónaco, buscará golpes de drive y más subidas a la red, gracias a su renovada y líquida movilidad, donde el contragolpe de Stan no es de la calidad de los de Nadal o Djokovic. Siendo ambos suizos protagonistas en este 2014 (uno es campeón de Australia, el otro es el que mejor récord victorias-derrotas acumula en la temporada, 28-4, habiendo ganando ya a seis top-10), en Montecarlo podremos comprobar esto y muchas otras cosas, como por ejemplo, que en pleno 2014 y en tierra batida, el revés a una mano es protagonista y que los dos juegan al tenis extraordinariamente.

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