El tenis no tiene edad. Tres hombres que así lo demuestran

Tres hombres, tres historias, tres épocas diferentes, pero una cosa en común: compitieron profesionalmente siendo veteranos

En un tenis tan físico como el actual, no son muchos los jugadores capaces de prolongar sus carreras más allá de cumplidos los 40. Calificamos de “ilustres veteranos” a jugadores como Haas o Stepanek, que rondan los 35/36, y nos sorprende que se mantengan luchando con los mejores.

Sin embargo, esto no siempre ha sido así. Incluso a día de hoy contamos con honrosas excepciones a esta regla no escrita. Nos ocupamos de tres personajes paradigmáticos, históricos (o no tanto) que han dedicado su vida a esa pasión llamada tenis.

Ken Rosewall, alias “Músculos”

Este australiano, nacido en Sydney en 1934, era lo que popularmente conoceríamos hoy como un tirillas: bajito y extremadamente delgado. De ahí el apelativo jocoso de Músculos. Ese físico tan liviano le permitía ser extremadamente ágil y desplazarse por la pista a gran velocidad.

Los que le vieron jugar, aseguran que tenía el mejor revés cortado que se haya visto jamás sobre una pista de tenis. Aunque comenzó siendo un jugador de fondo, fue capaz de evolucionar y convirtió ese revés en su principal arma ofensiva: le permitía subir a la red y definir allí los puntos con una increíble habilidad para la volea.

La carrera de Rosewall fue muy larga y comenzó mucho antes de que se iniciara la llamada Era Open, que, hacia 1968, dio lugar al circuito profesional más o menos como hoy lo conocemos. Hasta ese momento, la Copa Davis y los grandes torneos (léase, Grand Slam) estaban vedados a jugadores profesionales.

Rosewall inició su periplo amateur en 1950 y conquistó 6 Grandes a nivel individual y otros tantos en la disciplina de dobles. A finales de 1956, decidió aceptar la oferta de un promotor llamado Jack Kramer y se pasó al profesionalismo.

La iniciativa profesional de Kramer, a la que se unieron otros jugadores de renombre, como Andrés Gimeno, Rod Laver o Pancho Gonzáles, sería el germen del posterior nacimiento de la Era Open, tras duras negociaciones entre todas las partes interesadas en unificar el circuito. Así, los torneos comenzaron a denominarse Open (Abierto), ya que cualquier tenista, y no sólo los amateurs, podría participar en ellos.

Entre 1956 y 1968, Rosewall dominó el circuito profesional, manteniendo épicos duelos con el norteamericano Gonzáles y, más tarde, con su compatriota Laver. A partir de la unificación surgida en 1968, y a pesar de contar ya con 34 años, Ken siguió rindiendo a altísimo nivel. Su juego rápido y de poco desgaste, le permitió mantenerse físicamente en perfectas condiciones durante muchísimo tiempo. Se convirtió en un jugador más peligroso a medida que envejecía, llegó a decir Gonzáles sobre su gran rival.

En esta segunda etapa, consiguió 7 títulos más de Grand Slam, 4 en singles y 3 en dobles y sumó un total de 25 trofeos ATP. Sólo Wimbledon se le resistió.

Aún hoy, sigue siendo el tenista de mayor edad en ganar un partido individual (Melbourne 1980, con 45 años y 11 meses) y en acabar el año en el Top 100 (1978, con 44 años y un mes).

Nada menos que 25 años de carrera que le convierten en un mito vivo de la raqueta, admirador de Federer, que todavía se deja ver, año tras año, en las gradas de Melbourne Park.

Thomas Muster: el rey de la tierra batida

Antes de que Rafael Nadal se apoderase de él, ese título honorífico de Rey de la tierra batida pertenecía, por derecho propio, al austriaco Thomas Muster.

El rubio jugador de Leibnitz, nacido en 1967, era un auténtico especialista en canchas lentas. Un portento físico que sólo perdió 13 de las 67 finales que disputó. Su mayor logro: la conquista de Roland Garros en 1995, venciendo en la final a Michael Chang. Un año después, alcanzó el peldaño más alto del ranking ATP, lugar que ocupó durante 6 semanas.

Consiguió rendir aceptablemente sobre cemento, sobre todo en las pistas de superficie más lenta, e incluso llegó a ganar un par de torneos sobre moqueta, pero fue incapaz de dominar la hierba. Cada año, asomaba la cabeza por el All England Tennis Club y salía en primera ronda.

Pero antes de conocer el éxito, el austriaco tuvo que enfrentarse a un trágico suceso que estuvo a punto de acabar con su vida. El 1 de abril de 1989, Thomas era un hombre feliz que acababa de conseguir un hito histórico para él: clasificarse para la final del torneo de Cayo Vizcaíno (hoy, Masters 1000 de Miami), tras vencer a Yannick Noah. Ivan Lendl esperaba en una final que no llegó a disputarse porque un conductor borracho se llevaba por delante al bueno de Thomas, destrozándole las piernas.

Lejos de caer en el desánimo, Muster afrontó el proceso de recuperación de la mejor manera posible, entrenándose, incluso, sentado en una silla de ruedas. Consiguió volver a las pistas 6 meses después, mucho antes de lo que los médicos habían previsto, y lo hizo más fuerte que nunca. Comenzaba la leyenda del Rey de la tierra batida.

Tras 15 años, en los que jugó 895 partidos, Muster puso fin a su carrera profesional. Se fue a Australia y se convirtió en granjero. Hasta que, en 2010, volvió a entrarle el gusanillo de la competición.

Quiero sentir la adrenalina y la tensión que se vive en la competición, además del placer del entrenamiento. Lo que piensan mis colegas no me interesa. Lo que pensaban sus colegas, y muchos otros, es que no estaba en condiciones de volver. Su regreso sólo puede calificarse como un fracaso, quizá no a nivel personal, pero sí al deportivo: 2 únicas victorias en 27 partidos disputados; la mayoría de ellos, en el circuito challenger.

A los que dicen que estoy destruyendo mi reputación les recuerdo que mi nombre está grabado en el palmarés de Roland Garros y nadie podrá borrarlo. Efectivamente, nos quedamos con eso.

Como dato curioso, en su último partido oficial a nivel ATP, Muster caía derrotado en la pista cubierta de Viena, ante un jovencísimo Dominic Thiem, uno de los tenistas que más de moda está en la actualidad, en lo que suponía todo un relevo generacional. Aun disputaría un partido más, ante Dennis Bloemke en el challenger de Salzburgo, que ponía el definitivo punto final a tan desafortunado epílogo.

Enrico Becuzzi: más allá del otro tenis

Pero, ¿quién es este hombre? ¿No tocaba ahora hablar de Néstor, Haas o Stepanek?

Pues quizá, pero he preferido acordarme del tenista giramondo, como le conocen en el país trasalpino. Los que le conocen, claro.

Hemos oído hablar en infinidad de ocasiones del otro tenis, el que se aleja del glamour, de las cámaras y de las grandes cifras de dólares. El tenis de los chavales que tienen que costearse de su bolsillo viajes y hoteles para poder dedicarse a lo que desean; el tenis de los challengers, de los futures, de las pistas con grietas, de los clubes sin espectadores, sin jueces de línea, sin recogepelotas, sin… sin toallas, incluso.

Pues más allá de ese otro tenis, todavía más allá, aparece la figura de Enrico Becuzzi, un toscano que, a sus 41 años, se las apaña para mantenerse por 17º año consecutivo viajando por el mundo enrolado en un circuito profesional, que apenas le reportó 7000$ en todo ese tiempo. A eso se le llama jugar por amor al arte. Bueno, al tenis, en este caso.

Becuzzi suele aparecer en los cuadros de las qualys con el nº 32750, el código que utiliza la ATP para jugadores sin ranking. Su máximo logro es sumar 1 punto ATP (lo consiguió en varias ocasiones) y haber llegado, en noviembre de 2003, al puesto nº 1400 del escalafón, gracias a una wild card que recibió para disputar el Challenger de Sofia. Su balance es de 18 victorias en algo más de 200 partidos como profesional, pero ninguna de ellas llegó en un cuadro principal, por lo que su casillero se mantiene a cero en su perfil oficial en la web de la ATP.

Suena triste ¿verdad? Pues no lo es para él, ni para muchos de sus compañeros, que le admiran por su inquebrantable amor al tenis y su afán por seguir jugando por encima de cualquier prejuicio o crítica que reciba. Pese a que jugar a nivel internacional es mucho más costoso que hacerlo en Italia, Enrico prefiere sacrificar dinero y posibilidades de victoria por su deseo de crecer y una romántica aspiración de mejorar su ranking en una competición tan feroz.

En 2012, estuvo a punto de cumplir su sueño de competir en un Masters 1000, pero la mala suerte se cebó con él. Una avalancha de lesiones y abandonos provocó que faltasen jugadores para inscribirse en la fase previa del Masters de Shanghai. Era una oportunidad única para él, pero el visado no llegó a tiempo y el bueno de Enrico se quedó con las ganas y con la esperanza de que, algún día, el tren volverá a pasar.

Muchos tuvieron la oportunidad de verle jugar por primera vez en septiembre del año pasado, en la pista central de Kuala Lumpur. Allí, se midió, con cobertura televisiva, al local Asahari Zainal. En un partido difícil de definir, Zainal consiguió la única victoria de su carrera por un cómodo 6-0 6-2.

Su último partido hasta el momento, lo jugó en febrero de este año en la qualy del ATP 500 de Sao Paulo. En esta ocasión, consiguió hacer 3 juegos, algo por debajo de la media de 2 juegos por set que mantiene a lo largo de su carrera.

Me retiraré el día en que me despierte y no me apetezca jugar al tenis. Palabras de este rubio de larga melena al que muchos consideran una especie de figura de culto. Casi un héroe.

Calendario ATP/WTA

Calendario ATP 2021

Comentarios recientes