Dominika Cilbukova, la 'it girl' del tennis

La tenista de 24 años se ha colado por primera vez en el top 10 y promete dar mucha guerra en el circuito

Esta diminuta eslovaca es la chica de moda del momento, sin lugar a dudas. Una rubia princesa guerrera, de puño frío y corazón caliente. A raquetazo limpio, ha logrado su ansiado objetivo: colarse por primera vez en su carrera en el Top10. Conozcamos algo más de la it girl del tenis mundial.

Dominika Cibulkova conseguía alcanzar por primera vez las semifinales del Miami Open tras derrotar en un trepidante partido a Agnieska Radwanska. Pero el encuentro tendría una doble recompensa: Cibulkova entraba por primera vez en el exclusivo grupo de las 10 primeras jugadoras del ranking mundial. Lo hacía con 24 años y 10 meses de edad, en plenitud de su juego y sin ser ni mucho menos una niña prodigio, tendencia que parece haber decaído en la WTA en los últimos años. De hecho, de las tenistas en activo, tenemos ejemplos todavía más tardíos en convertirse en Top 10: Sam Stosur, la tríada de italianas Errani, Pennetta y Schiavone, Maria Kirilenko o la mismísima Nº 2 Li Na.

Además, Domi se convierte en la tercera eslovaca que alcanza el Top10. Sus predecesoras son Karina Habsudova, que llegó a ser la número 10 en 1997, y su amiga y compañera de Fed Cup Daniela Hantuchova, que se convirtió en jugadora numero 5 del ranking en 2003.

Inició el año anclada en la posición 23, por donde llevaba merodeando varios años. Eterna candidata a todo por su juego de toma y daca, sin respiro, raquetazo seco de drive o revés, de lado a lado de la pista. Dominika primero dispara y después pregunta. Todo ello bien aderezado por su puño en alto y su inconfundible grito de guerra: "Pome!" Pero los resultados no acababan de llegar, su frágil concentración solía romperse en el momento de dar la dentellada definitiva, de asestar el golpe final.

No obstante, todo apuntaba desde el primer momento a que 2014 iba a ser diferente. Inició la gira australiana alcanzando los cuartos de final en Brisbane, donde cayó contra Serena Willliams y culminó con su primera final major (primera eslovaca también en alcanzar tal ronda en un Grand Slam) donde únicamente se inclinó ante Na Li. En el camino dejó en la cuneta a la todopoderosa Maria Sharapova, la emergente Simona Halep y la maestra Agnieska Radwanska. Pese a que en las semanas posteriores pareció que el “efecto Domi” se desinflaba (cedía sus dos enfrentamientos individuales en la FedCup ante las alemanas y se retiraba en primera ronda de Doha), lo cierto es que, una vez asentadas las emociones, Dominika volvió a la senda del éxito. Ganaba el cuarto torneo de su carrera en Acapulco (Kremlin Cup 2011, Carlsbad 2012, Stanford 2013), llegaba a cuartos de final en Indian Wells (derrotando a Petra Kvitova) y cedía en las semifinales de Miami (eliminando a una recuperada Venus Williams y nuevamente a la mayor de las Radwanska), cerrando el mes de marzo como nueva número 10 mundial. Curiosamente, en ambos torneos americanos, la única jugadora capaz de frenarla fue la china Na Li, que parece tenerle tomada la medida a la eslovaca (0-6 en enfretamientos totales). Su balance de victorias-derrotas tras completarse el primer trimestre de la temporada ya es de 20-9.

Gran amiga de la ya retirada Marion Bartoli, de la que ha comentado en diversas ocasiones que le ha servido como fuente de inspiración. Tras el triunfo de la francesa en Wimbledon 2013, para el cual había invertido tantísimo esfuerzo, Dominika se percató que todo en el tenis era posible: “Lo más importante si quieres algo es creer en ello”.

Supersticiosa como pocas, repite restaurante cada noche durante el torneo mientras continua en la competición. Para no distraerse durante el Australian Open, fue capaz de no comunicarse con sus padres más que por mensajes de texto durante las dos semanas que durque parezca que enudas pero con una gran capacidad de desplazamiento a lo largo y ancho de la pista. Su excelente footwork hace ó el torneo.

Cibulkova, o “Pocket rocket” (cohete de bolsillo) como la apodan en el circuito WTA, está demostrando que no es necesario una gran envergadura para formar parte de la elite. Junto con Simona Halep y Sara Errani, encarna a esa categoría de jugadoras menudas pero con una gran capacidad de desplazamiento a lo largo y ancho de la pista. Su excelente footwork hace que parezca que lleve patines en los pies y que sus rivales tengan la sensación que se encuentra en todo momento en cualquier punto de la pista. Cuando se encuentra relajada y centrada, sus golpes de fondo son temidos por todas las jugadoras. Si no que le pregunten a Victoria Azarenka, con quien mantuvo feroces batallas en Miami y Roland Garros en 2012, saldándose con un empate técnico en dos de los mejores partidos de la temporada.

La pequeña “hormiga atómica” estaba harta a principios de año del eterno debate sobre su ingreso en el Top10: “No quiero volver a escuchar hablar sobre el tema”, dijo a sus allegados en el primer Grand Slam de la temporada. Relacionada en el pasado con los tenistas Gael Monfils y Jurgen Melzer, ha encontrado la paz interior al lado de su prometido Miso Navara (desconectado del mundo del tenis) y sus dos yorkshire terriers.

Su ídolo de juventud fue Kim Clijsters (Dios, como pasa el tiempo!) y, de no haberse dedicado a la raqueta, hubiese probado suerte como actriz delante de las cámaras. Quién sabe si entonces no hubiese encarnado a una aguerrida princesa armada de hacha o espadas y cubierta de pieles, saltando y derrotando cientos de oponentes.

Pero lo cierto es que Dominika es tenista, con un patrón similar al de los últimos años en el circuito (tan criticado por otra parte), aunque con un innegable carisma que la hace garante de gran cariño por parte de la afición, con una legión de fans enganchados a sus andanzas por todo el globo y digna sucesora de la ahora dividida ilustre escuela checoslovaca.

Ver un partido de Cibulkova, en estado de inspiración, no deja indiferente a nadie y, si sabe templar con un poso de madurez su fuego interno y salpimentarlo con detalles inteligentes (dejadas, voleas, cambios de ritmo, defensa eficiente), sin perder su esencia, podemos encontrarnos con una New ball, please, de la que tan carente se encuentra la WTA en los últimos tiempos.

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