Camila Giorgi, el triunfo de su vida

Tras labrarse camino en la vida, la italiana de origen argentino trata de labrarse una historia en el tenis. Su victoria ante Sharapova, rampa de lanzamiento

A sus 22 años, Camila Giorgi comienza a colorear las expectativas que el pasado dibujaba. Tras alcanzar los octavos de Wimbledon en 2012 y los del US Open en 2013, después de ganar a Caroline Wozniacki, la joven tenista italiana consiguió anoche la mejor victoria de su carrera deportiva. En la tercera ronda de Indian Wells, Camila inclina a la número 5 del mundo, la rusa Maria Sharapova. Giorgi ha dejado los temores a un lado. Es hora de disfrutar.

Son las 17h sobre el cemento construido en el valle de un desierto. Tras igualar el partido a un set, Maria Sharapova sigue de pie sobre la central de Indian Wells. Llegado al momento más comprometido y estrecho, cuando la rampa agota sus metros antes de precipitarse, Giorgi sirve con *4-3. No mete un primero, y Sharapova rompe en blanco con restos sobre el segundo de Camila. Sucede lo mismo a la inversa y Giorgi vuelve a sacar con 5-4. Pero Camila no está en la pista. No es dueña de sus golpes; a merced de un hilo imperceptible.

El viento se corta con cubiertos. El padre de la italiana, Sergio Giorgi, envejece a cada segundo. Le tiembla la mano (sic), se rasca la cabeza, se tira del pelo, se levanta. No quiere ver qué sucede. Camila, presa de la mayor de las inseguridades, cede de nuevo el servicio sin apenas oposición. Su cara es para verla: desencajada, plomiza, al límite de tal acontecimiento. Sharapova no aprovecha su condición experta y más curtida y cede su servicio y el partido. Camila está en octavos, en una sorpresa relativa. Su juego viene avisando.

La historia de Giorgi no es otra de tantas. Peculiar, difícil, extraña. De carácter extremadamente tímido, Giorgi es el fruto de un talento natural moldeado sin ningún tipo de acercamiento externo. O no moldeado. Su padre nunca dejó que nadie interfiriera en su crecimiento de manera integral, del tipo que fuese: técnico, monetario o representativo. No quiso firmar con sponsors -tiene contrato con SuperTennis; la ropa es diseñada por su madre-, agencias de representación –firmó con Octagon en 2013 pero la relación duró un mes- ni consiguió establecerse con ningún coach –contactado por Nick Bolletieri y habiendo probado con Pancho Alvariño o la Academia Mouratouglou-. Siempre terminaba en manos de su progenitor, sin experiencia en este mundo.

Su juego es puro instinto, objeto de debate en un mundo donde la repetición y mecanización de jugadas dentro de un patrón técnico y psicológico se toma como fundamental. “Yo juego todos los puntos iguales: trato de buscar el winner rápido, ser agresiva”. Habla Camila. “Su juego es muy instintivo. No hay que complicarlo, porque perdería su esencia”, confirma su padre. No hay secretos en su juego. Una de las tenistas más hiperactivas y directas del circuito. Impacta verla jugar, del mismo modo que conecta golpes con una intensidad de piernas asombrosa. Una pequeña anguila de pura potencia. Una potencia altamente carismática.

Su vida tomó un vuelco cuando en 2011, un accidente de tráfico acababa con la vida de su hermana Antonella, situación que hizo replantearse todo a la joven Giorgi, desvanecida en una depresión. Su familia mantuvo la llama en Camila, para recuperarse a través de golpear la pelota. Top-80 en este inicio de curso, la italiana, de padres argentinos, posee un arsenal de primer calibre. Tan distinguido como la negativa a seguir los cauces del Business y la profesionalización estandar.

En pocas horas luchará por un puesto en cuartos de final ante su compatriota Flavia Pennetta. En pleno ascenso al estatus que su potencial parece merecer, Giorgi volverá a deleitar con su excitante manera de entender el tenis, con ese magnético nervio a la hora de pisar una cancha. No la pierdan de vista.

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