Cilic triunfa en la oscuridad

Cilic se proclama campeón en Delray Beach al batir a Anderson 7-6 (6), 6-7 (7) y 6-4. Segundo título del año y el undécimo de su carrera.

El regreso triunfal de Marin Cilic tuvo otro capítulo en Delray Beach. El tenista croata, sancionado durante cuatro meses del pasado año por dopaje, ha vuelto con fuerza en los torneos de menor rango. Tras el Open de Australia, la trayectoria de Cilic ha rozado la perfección: título en Zagreb, final en Rotterdam y otro título en Delray Beach que supone el undécimo de su carrera.

Kevin Anderson, residente en Delray Beach, esperaba al croata al otro lado de la red para preservar “su playa”, donde ya había triunfado en 2012. El potencial de los contendientes invitaba a pensar en un partido atractivo con un ritmo de bola vertiginoso entre dos jugadores de similares características: pegadores natos que rondan los dos metros de altura, el prototipo de tenista emergente en la última década.

Sin embargo, el espectáculo tenístico no pudo ser más oscuro y decepcionante. Fue un partido atípico entre dos grandes sacadores, con cambios de guión inesperados y demasiados errores no forzados, más frecuentes si cabe en los momentos que marcaron el encuentro.

El guión rocambolesco de la final comenzaba con tres errores no forzados de Anderson que el surafricano corregía con otros tantos saques directos. Una situación similar afrontó Cilic a continuación con el mismo resultado. Ambos dependían íntegramente de su primer servicio y apenas ofrecían intercambios que despertaran la admiración de la grada.

Tras numerosas oportunidades de lograr un break que diera al partido un dueño, Anderson normalizó la situación al ganar su servicio con solvencia. La inercia se mantenía hasta el tie-break, un desenlace lógico si bien Anderson había sido más amenazante al resto. Ni el croata ni el surafricano tenían continuidad. Su juego agresivo, sin un plan B, llevaba a un sinfín de errores en el que el menos desacertado salía victorioso. Así sucedió cuando Anderson falló un revés que dio el primer set a Cilic en el desempate.

Superada la tensión lógica del primer set de una final, el tenis tampoco mejoró. Anderson aprovechaba su séptima oportunidad para conquistar finalmente el saque del croata. El respaldo moral del break no tranquilizó a Anderson, que escapó de un 0-40 pero cedió su saque unos minutos después con dos dobles faltas consecutivas.

El pobre espectáculo aletargaba al público presente, que ni siquiera tomaba partido en favor de uno de los protagonistas. Anderson concedía otro break a Cilic con su juego errático y permitía al croata disponer de su servicio para rematar la final. Pero éste perdonaba y volvía a hacerlo cuando lideraba en el tie-break por 4 a 1. Una doble falta de Cilic le negaba la gloria y sus fallos desde el fondo le condenaban al purgatorio del tercer set. Anderson aprovechaba el desacierto de Cilic en sus cuatro bolas de partido y seguía con vida.

Ni siquiera la huida de la derrota reactivó al surafricano, pero el croata era incapaz de aprovechar el momento. Mediado el set definitivo, Anderson concedió otro break con sus imprecisiones y Cilic parecía dispuesto a no prolongar la agonía. Sin embargo, volvió a renquear cuando sacaba para ganar. Después de superar un amenazante 0-40 y desperdiciar dos bolas más de partido, el séptimo match point resultó definitivo. 3 horas y 8 minutos duró esta tortura tenística, en la que el croata resultó vencedor por 7-6 (6), 6-7 (7) y 6-4.

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