Los fantasmas de Juan Mónaco

El argentino lleva sin ganar desde el pasado mes de agosto, alejándole de una élite a la que parecía acoplarse

El bravo jugador argentino no gana un partido desde agosto de 2013, cuando derrotó al francés Nicolas Mahut en el torneo de Winston Salem. Desde entonces, las continuas derrotas han ido minando su confianza, lo han alejado del top 20 y parece que el desánimo se haya apoderado de él.

Parecía Buenos Aires el lugar idóneo para reencontrarse a sí mismo, para volver a creer; el sitio perfecto para alzar de nuevo los brazos y olvidar los dolores y la desdicha que ha presidido el caminar de Juan Mónaco por las pistas de tenis en los últimos seis meses. No pudo ser. Tras un esperanzador primer set, el de Tandil acababa inclinándose ante Albert Ramos y se despedía en primera ronda el torneo que estrenó su palmarés, allá por 2007.

Al terminar el partido, en declaraciones para ESPN, manifestaba: Estoy triste. Es duro perder acá. Tenía muchas ilusiones y recuerdos lindos al jugar en esta cancha. Cuando uno tiene una racha buena las cosas salen solas. Cuando se está sin confianza las cosas se hacen más difíciles. (…)Siempre se puede mejorar. Pero cuando uno pasa un mal momento, por más que uno entrene, entrene y entrene, no se dan las cosas y uno piensa lo peor".

Apenas un par de semanas antes, Pico era literalmente barrido de la pista del Patinódromo de Mar del Plata por Fabio Fognini, en la disputa del primer punto de la eliminatoria de Copa Davis que enfrentaba a Argentina e Italia y que acabaría con victoria para los trasalpinos. Lo veo todo negro, alcanzaba a decir al borde de las lágrimas, en la rueda de prensa posterior.

Aquél día también empezó ganando, llegó a sacar para hacerse con el primer set, pero se fue desinflando poco a poco, corriendo de lado a lado de la pista al ritmo que dictaba el talentoso Fabio con sus certeros golpes.

Actualmente situado en el puesto nº 42 del ranking ATP, Mónaco no ocupaba una posición tan baja desde finales de 2011. En julio de 2012 llegó a alcanzar el top 10. Fue ese año, el 2012, el mejor de su carrera: ganó 4 títulos (Viña del Mar, Houston, Hamburgo y Kuala Lumpur) alcanzó semifinales en el Masters 1000 de Miami, firmó su mejor resultado en Roland Garros (cuarta ronda) y disputó la final de la Copa Davis.

Con la moral por las nubes y pletórico de confianza, el juego de Pico alcanzó cotas casi inimaginables, ya no solo ganaba en tierra batida sino que era capaz de levantar un trofeo en pista rápida bajo techo. Pero ya se sabe, lo difícil no es llegar, es mantenerse.

Y en 2013 comenzó la cuesta abajo. Los primeros meses de la temporada fueron duros: encadenó varias derrotas consecutivas ante rivales, teóricamente, bastante débiles: Kuznetsov, Ruffin, Bolelli , Matosevic y el propio Ramos lo apeaban a las primeras de cambio de cada certamen en que participaba. Aunque conseguiría alguna victoria de mérito, lo cierto es que ni siquiera en la temporada de tierra batida alcanzó el nivel que de él se esperaba, con la única excepción de su triunfo en el torneo de Dusseldorf y la final alcanzada en Kitzbuhel, torneos ambos de escaso nivel competitivo.

La segunda mitad de la temporada fue aun peor. Tras ganar a Mahut en la segunda ronda de Winston Salem, Dolgopolov iniciaría la amarga serie de derrotas a la que el bueno de Pico todavía no ha conseguido poner fin: siete en total; nueve, si tenemos en cuenta el Kooyong Classic, torneo de exhibición disputado en Australia a principios de enero y en el que Djokovic y el jovencísimo Jordan Thompson le ganaron en sets corridos.

Al borde de la treintena, el tandilense lucha, no sólo contra los problemas de muñeca que le vienen afectando desde hace años, sino contra sí mismo. La presión que ejerce la exigente hinchada argentina y la recurrente polémica en el seno del equipo de Copa Davis, que lo puso en el ojo del huracán en ausencia de Juan Martín del Potro y del ya retirado David Nalbandian, tampoco ayudan.

En el recuerdo, no tan lejano, aparecen sus compatriotas Guillermo Coria o Gastón Gaudio, jugadores de enorme talento que también sufrieron ese mal de altura, que terminó con sus carreras de forma ciertamente desagradable.

Y es que no todos están preparados para mantenerse en lo más alto. Juan no tiene el talento de Roger Federer, el físico de Novak Djokovic o la cabeza de Rafa Nadal. La fe y el trabajo le auparon al top 10 y serán sus mejores aliados para volver al sitio que se merece.

Quizá lo único que haga falta es un partido, una victoria que haga ese click en su interior y lo devuelva al camino que ahora no parece encontrar. Esperemos que esos últimos cartuchos que dijo estar quemando tras caer en Melbourne, todavía tengan mucha pólvora.

¿Fecha de caducidad? El periodista Juan José Moro hacía saber en la jornada del jueves que el jugador le habría comunicado su intención de colgar la raqueta tras los Juegos Olímpicos de 2016.

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