Enric Molina se retira como juez de silla

El juez de silla catalán presidirá una agencia de representación con Álex Corretja

Enric Molina ha decidido dar por terminada su carrera profesional como juez de silla. Su decisión viene motivada por la creación de una agencia de representación de deportistas que dirigirá junto a Álex e Ivan Corretja, personas cercanas a su entorno. Uno de los profesionales más respetados dentro del officiating tenístico 'cuelga la raqueta'. Sin duda, uno de los mejores representantes españoles de la disciplina por el mundo en los últimos años. El otro número 1.

Porque Enric es un ejemplo a nivel humano. De los que muestran que si los sueños no se cumplen como uno planea, si parecen apartarse del plan trazado, no hay por qué renunciar a ellos. Simplemente, respirar profundo, aceptar la situación y cambiar la perspectiva sin perder de vista el motor de la pasión. Él comenzó siendo uno de los mejores tenistas sub12 en España, y tenía claro su vocación por convertirse en jugador profesional. Pronto se daría cuenta de que su nivel no era el suficiente para alcanzar el profesionalismo pero encontró tuvo la humildad suficiente para encontrar una vía de escape con la que saciar su apetito de tenis. Y lo que comenzó siendo una tarea de tiempo libre en paralelo a sus estudios, con sus primeros pasos en el Conde de Godó a la tierna edad de 14 años como línea, y un programa más serio justo antes de los Juegos Olímpicos de Barcelona, terminó de encender la mecha y por labrar la carrera más brillante que ha tenido un español sobre una silla de arbitraje.

Dio el paso, encontrando en ello una manera de mantenerse junto a su pasión. Nunca fue su sueño, como siempre ha reconocido. No llegó a levantar trofeos de Grand Slam ni a ser número 1, pero puede presumir de haber contemplado el tenis desde una perspectiva reservada a muy pocos. La que él, un hombre hecho a sí mismo, decidió permitirse.

A sus 39 años, Enric no ha sido una cara cualquiera en el mundo del arbitraje - una figura bastante más respetada que en otras disciplinas. En octubre de 2011, con el aval de una impecable trayectoria, fue designado Head of Officiating por parte de la ITF: es decir, jefe del arbitraje a nivel mundial.

​En una carrera comenzada allá por 1997, en una profesión que requiere de muchísimos años para llegar arriba, Enric llegó a las más altas instancias siendo el único español capaz de hacerse con el certificado Gold Badge, un distintivo de calidad que no tienen ni diez jueces de silla en el mundo, los encargados de arbitrar las finales más importante del deporte de la raqueta: léase Grand Slam, Masters, Copa Davis, Copa Federación o Juegos Olímpicos.

En la trayectoria del catalán se encuentran numerosos momentos inolvidables del tenis del siglo XXI, habiendo tomado parte hasta en dos finales de Copa Federación, cuatro finales de Copa Davis (2005 -- Croacia vs Eslovaquia; 2007 -- Estados Unidos vs Rusia; 2010 -- Serbia vs Francia; 2013 -- República Checa vs Serbia), cuatro finales individuales de Grand Slam (US Open 2005 -- Federer vs Agassi, Australian Open 2008 -- Sharapova vs Ivanovic; Australian Open 2010 --Federer vs Murray) y dos finales olímpicas.

Presente hasta en cuatro Juegos Olímpicos (desde Sidney 2000 hasta Londres 2012, pasando por Atenas 2004 y Pekín 2008), establecido como uno de los profesionales mejor valorados a la altura de la red.

Igualmente, dentro de su amplísima carrera profesional se encuentran episodios de gran calado, como la despedida deportiva de Andre Agassi en el US Open 2006 o la tremenda semifinal del Australian Open 2005, donde Marat Safin derrotó a Roger Federer en cinco frenéticos parciales, con un 9-7 en el quinto set.

Licenciado en publicidad, el catalán pasará ahora a ejercer las veces de director en una agencia de representación de deportistas, radicada en Barcelona y llamada Big Match Player, junto a Álex Corretja -compañero de generación- e Iván Corretja -representante de jugadores del calibre de Xavi Hernández y compañero de Universidad-. Un nuevo proyecto que le permitirá estar más cerca de su familia en la Ciudad Condal.

Siempre dialogante, abierto en el trato con los tenistas. Su experiencia como jugador, un valor a tener en cuenta. Clave para ponerse en la piel del otro, entender el juego, la psicología inherente a los partidos, sabiendo cómo y cuándo hablar al jugador,... unas tablas difíciles de obtener sin ese background en pista.

El niño que soñaba con ganar triunfar en París, con besar la hierba de Wimbledon, dejarse llevar por el show de Nueva York o sobrevivir al infierno de Melbourne, jamás llegó a acercarse a aquellos templos vestido de corto. Pero logró algo más importante: superar sus limitaciones, reinventarse y pelear hasta hacer realidad sus sueños. Desde unas zapatillas distintas, pero siendo siempre fiel a la llamada de su corazón. De no tener nivel suficiente, a cruzar la mirada con Federer sobre la hierba de Wimbledon. El tenista limitado se convirtió en un hombre políglota (cinco idiomas domina) para terminar dirigiendo a personas que lograron ser lo que él, en el fondo, siempre quiso.

Mucha suerte a Enric en su nuevo proyecto.

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